La guerra híbrida en México

La guerra híbrida es un nuevo tipo de conflicto donde se utilizan las nuevas tecnologías, los medios de comunicación y las reglas de convivencia social, como son las leyes y reglamentos, para intentar derrocar por medios indirectos y no necesariamente democráticos a un gobierno, en este caso, legítimamente electo.

Esta táctica se compone de varios elementos que se pueden aplicar simultáneamente: el Mediafare o guerra mediática, que consiste en utilizar a los medios de comunicación para difundir una narrativa que favorezca los intereses de un grupo determinado, sin importar condiciones éticas o morales en la publicación, inclusive de noticias falsas, descontextualizadas o tergiversadas; el Lawfare o guerra jurídica, que utiliza el sistema legal y las fallas o huecos de este para detener, retardar y entorpecer las acciones y políticas que la autoridad legítimamente electa intente implementar, para luego acusarla de inacción o torpeza; y por último el Socialfare o guerra social que, mediante la manipulación o compra de voluntades de algunos grupos de personas, se pretende crear la percepción de inconformidad social generalizada. A este último se le conoce como “calentamiento de las calles”.

Como podemos ver, los conflictos híbridos implican esfuerzos a diferentes niveles con el objetivo de desestabilizar a un estado funcional, provocando una polarización social de la que, en todo momento, turne la culpa a su enemigo, utilizando el concepto del “principio de la transposición” acuñado por Göebbels, el cual indica “cargar sobre el adversario los propios errores o defectos”.

A diferencia de lo que ocurre en la guerra convencional, el “centro de gravedad” de la guerra híbrida es un sector determinado de la población, como podría ser una clase media insegura y asustadiza. El enemigo trata de influenciar a los estrategas políticos más destacados y a los principales responsables de la toma de decisiones combinando el uso de la presión con operaciones subversivas, y para ello suelen utilizar a las agrupaciones empresariales enviándoles un mensaje que magnifica las percibidas “fallas” del gobierno y exacerbando los ánimos de pequeños grupos descontentos por haber perdido privilegios y prebendas, todo esto difundido permanentemente por sus medios afines.

De esta manera vemos a los medios tradicionales difundiendo de manera coordinada y sin la menor consideración ética o moral, en un intento por establecer una narrativa de fracaso, ineptitud y deshonestidad del gobierno democráticamente electo, un discurso falso, desinformador y contaminante.

Así también somos testigos de una incesante guerra jurídica, plagada de vericuetos legales y legaloides, solicitudes de amparo que, o no proceden o deberían no hacerlo, pero siempre encontrando jueces afines al golpeteo político dispuestos a refrendar a cualquier costo las maniobras jurídicas, legales o no. Estos jueces pueden mostrarse receptivos a un cambio antidemocrático de gobierno, o a simplemente abonar al entorpecimiento de los avances requeridos por el país, ya sea por conveniencia económica, recibiendo dádivas de los promotores, o por haber perdido privilegios. Pero de cualquier manera, su actuación dista mucho de la pulcritud que se supone debería tener una persona honorable.

Con respecto al Socialfare o guerra social, ya hemos visto su actuación más reciente, cuando grupos de personas secuestraron el movimiento feminista y, bajo ese pretexto causaron destrozos en el centro de la Ciudad de México, sin otro fin que el de promover una percepción de inestabilidad social, como pudimos comprobar cuando fueron apoyados mayormente por la prensa que se dedica al golpeteo político, por la oposición al gobierno legítimamente electo y por ciudadanos y personajes que han hecho público su interés por derrocar a la actual administración.

Podemos estar seguros de que, conforme avance el proceso electoral intermedio que culminará el próximo 6 de junio, la guerra híbrida se verá brutalmente intensificada, para lo cual debemos estar preparados pues la oposición ha demostrado con creces, no tener ningún tipo de escrúpulos éticos o morales, por lo que sabemos que intentarán todo tipo de maniobras, a cual más ruines y mezquinas, si con ello creen poder ganar adeptos a su intento de arrebatar de cualquier manera y a cualquier costo, el poder que los ciudadanos libres tenemos de elegir la forma de gobierno que nos parezca más conveniente.