Ante la avalancha de la transformación impulsada por el gobierno federal, que en el último proceso electoral fue representada por los partidos de la coalición de izquierda, el PAN, el PRI y el PRD están experimentando un proceso de caída libre, en el que el último va a una velocidad sorprendente hacia su desaparición.

Durante muchos años, con el hoy presidente López Obrador a la cabeza, ese partido llegó a gobernar 12 estados del país, incluida la Ciudad de México durante 3 sexenios. Sin embargo, fue gradualmente plagándose de corrupción y pudriéndose de tal forma, que dio lugar a la formación de MORENA, en un esfuerzo por rescatar los principios ideológicos que dieron lugar a su nacimiento.

Así, operando en la desorientación y en la corrupción, este partido fue perdiendo curules, escaños y estados, de los cuales los últimos fueron la Ciudad de México y Michoacán, con gobiernos que se dedicaron a robarse todo lo que pudieron y de los que hoy están presos o en investigación decenas de exfuncionarios ladrones de los gobiernos de Mancera y de Silvano Aureoles.

Hoy después de haberse adherido a Va por México, habiendo perdido su registro como partido político en 15 estados de la República, reconoce que fue un error unirse al Pacto contra México implementado con sobornos por el gobierno negro de Peña Nieto, cuyo objetivo fue entregarle legalmente el país a la oligarquía y al capital extranjero.

En el discurso haciéndole un favor a la izquierda, se deslinda de ella, como si en los hechos no lo hubiera hecho hace años, convirtiéndose oficialmente en una organización veleta que intenta colocarse dentro de una ideología de centro izquierda, que le permita dar bandazos hacia donde mejor le paguen; en resumen, le comunica a lo que queda de su militancia, que oficialmente ellos ya no son de izquierda; ahora deben ostentarse públicamente como socialdemócratas y pueden estirar la mano derecha y también la mano izquierda para recibir dinero de donde sea que venga.

La perorata de este cacique partidista región 4, parece una pieza oratoria del absurdo que en momentos provoca hilaridad. Señala al presidente de México como dictador, cuando la democracia y la libertad de expresión en México, nunca habían sido más evidentes. Reconoce que fue un error unirse a la corrupción de Peña Nieto sin que el partido consultara a su militancia, como si la militancia no fuera en sí misma el partido y finalmente promete que ahora sí se van a portar bien porque ya no son de izquierda, sino socialdemócratas.

Ha hecho una exposición que es un ejemplo perfecto de disfunción cognitiva, declarándose corrupto en el pasado por unirse a Peña Nieto, pero omitiendo declararse así en el presente cuando se ha unido a Va por México de Claudio X González, que representa directamente a quienes el gobierno de Peña Nieto, coludido con ellos, les habían entregado las riquezas del país.

En resumen no van a dejar de ser corruptos, ese no es uno de los puntos del discurso, tampoco van a dejar de pertenecer al cártel que hoy les entrega dinero directamente desde la oligarquía, según él, esto no es tan grave como el Pacto contra México, tampoco se deslinda de sus socios en ese pacto que hoy forman juntos el nuevo. Por supuesto no anuncia su renuncia después del desastre absoluto que provocó al que fuera un partido político. Es decir, lo único que cambia ahí, es que ya no son de la izquierda de antes, sino de la izquierda de ahora. Por supuesto continuarán así sobre su línea de corrupción, hasta que su desaparición sea completa. Parece que la disfunción cognitiva y discursiva de Margarita Zavala es contagiosa en la esfera opositora.

Como dijo el reverendo Martín Luther King: “Nada en el mundo es más peligroso que la ignorancia sincera y la estupidez concienzuda”.

Por Erika