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Textos y Contextos

Por: Miguel Alejandro Rivera
@MiguelAleRivera

En su libro Vidas desperdiciada, la modernidad y sus parias, el sociólogo polaco Zygmunt Bauman explica que las generaciones cuya juventud viven en el actual Siglo XXI, están de alguna forma destinadas a una fuerte depresión y desesperación por las pocas o nulas oportunidades para prosperar en el sistema actual.
Es casi un chiste, pero es cierto, que los padres y/o abuelos de los jóvenes de hoy lograban hacerse de un patrimonio respetable que por lo menos contaba con lo mínimo: un auto, educación para sus hijos, y lo más importante, una casa o departamento para vivir dignamente.

Hoy, se vive una tensión generalizada en torno a la economía, el desánimo, el estrés, la ansiedad tienen un origen claro y el cual se llama inflación.
La explicación que nos dan por aquí o por allá es que la guerra en Europa entre Ucrania y Rusia o los remanentes del Covid-19 causan incertidumbres financieras, por lo que entonces esto se traduce en aumentos de precios, pues las grandes empresas productoras de materias primas, ya sean alimentos o insumos como el acero, prefieren blindarse ante cualquier problemática que acecha.
Es decir, qué importa si, por ejemplo el Covid-19, ha destrozado la economía de las familias que menos recursos tienen, las grandes empresas no van a regalar nada para beneficiar a las mayorías, sino que, tratarán de capitalizar esta necesidad de alimentación, de medicamentos o de cualquier otro insumo que requiera el ciudadano común.

Luego de los encierros por el Covid-19 y al relajarse la emergencia sanitaria, las personas salieron de compras y las grandes empresas se relamieron los bigotes al ver todo ese dinero ahorrado que empezó a circular en el mercado, y ante más demandas, viene la inflación. ¿No parece casi una broma el hecho de que un concepto como la inflación, que es totalmente una creación humana, genere tantos problemas a la sociedad?

En 1929, el mundo se sumió en una crisis precisamente porque los empresarios juegan con una concepción humana de una forma irracional y egoísta. Henry Ford saturó un mercado con el modelo de producción en serie y con ello, puso en jaque al sistema capitalismo del cual se había beneficiado.

En aquel entonces entró el plan de Roosevelt con las limitaciones del Estado a la iniciativa privada que proponía John Maynard Keynes, sólo así se logró vencer a la crisis. Hace algunos días, Gustavo Petro tomó protesta como presidente de Colombia y estrenó su legitimidad proponiendo una reforma agresiva en materia tributaria para que los que más tengan, más paguen.
“La reforma tributaria propuesta se construye sobre los principios constitucionales de equidad, eficiencia y progresividad, y tiene como propósito saldar parte de la deuda social histórica del Estado con la población colombiana”, argumenta la reforma que será dirigida a los super ricos en Colombia.

En México, con la llegada del presidente Andrés Manuel López Obrador, también hubo ajustes a la recaudación de impuestos, sólo que en nuestro país, simplemente se pidió cumplir la ley a empresas como Grupo Salinas, Walmart, Bimbo, entre muchas otras que por décadas usaron la corrupción para evadir sus responsabilidades tributarias.

Estos ejemplos se traducen en la disparidad social y en cómo la inflación o las recesiones económicas sólo aumentan la brecha de la desigualdad, por lo que es totalmente inmoral que mantener a las clases trabajadoras tensas y deprimidas por una inflación que es totalmente controlable, pero existe porque pensamos que las empresas son nuestras amigas, nuestras aliadas, marcas que nos dan estatus, pero que en realidad, sólo nos dan pendientes.

A manera de corolario, hay una forma para tratar de combatir a la inflación y es precisamente darle la espalda a las grandes empresas, vivir con mejores filosofías de vida que el consumismo. Si seguimos pagando teléfonos inteligentes de 40 mil pesos, sus precios seguirán aumentando, pero si nos volvemos sencillos y básicos, los productos de lujo y las alzas en el mercado, serán sólo para las cúpulas adineradas, porque en la base social, habremos ignorado lo que no podríamos tener sin créditos bancarios o sin trabajar como desesperados.

Por Columnas

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