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Son los que dicen respaldar “con todo” a la Cuarta Transformación.

Quizá los que más alardean de haber estado desde el inicio, desde hace muchos años, apoyando al presidente López Obrador.

Los que descalifican de continuo a quienes no respaldan con fuerza sus puntos de vista. Los que entran a otras cuentas a agredir y no a debatir.

Los que muchas veces concluyen sus mensajes con el clásico “y punto”, dando a entender que su verdad, es La Verdad.

Esa izquierda gritona, escandalosa, muy dada a hacerse notar en redes sociales, generalmente muestra una cultura general deficiente. Y un desconocimiento lamentable del pensamiento de izquierda.

En realidad, son los primeros en romper la línea de defensa y ataque en la Cuarta Transformación.

Los que dudan y hacen suyas, en parte o en todo, las críticas que sin fundamente alguno, lanza la derecha en contra del presidente y de este gobierno del Cambio.

Como teóricamente se encuentran en pañales, son presa fácil del engaño y la manipulación opositora. Los envuelven con facilidad en los discursos que hablan de “democracia”,
“constitucionalidad”, “legitimidad” y otras argucias utilizadas por la derecha fascista, para esconder sus verdaderas intenciones.

El sector débil de la izquierda, sabe que el presidente López Obrador es un político de excepción. No tiene un pasado manchado por la corrupción, tal y como sí lo tiene cualquier representante de la clase conservadora.

Eso les queda claro.

Sin embargo, ante la avalancha de desinformación que hacen correr los medios de comunicación controlados por el conservadurismo, llegan a dudar de la legitimidad de la lucha que encabeza el presidente.

Si la derecha alienta una campaña publicitaria, diciendo que López Obrador no respalda en nada al feminismo, dudan y critican esa falta de atención. No importa que el humanismo del presidente sea claro para todos.

Si los medicamentos para tratar el cáncer escasean y de eso hace noticia infame la prensa reaccionaria, la izquierda frágil se va con el engaño, sin considerar que las fabricas de precursores para la elaboración de esa medicina, cerraron o entraron en crisis, a raíz de la pandemia.

Si la ecología, los subsidios a la gasolina, los fideicomisos, las guarderías infantiles, la seguridad a los periodistas, los nombramientos a cargos públicos, la permanencia de Gertz Manero, los juicios a expresidentes y tantos otros temas, son motivo de ataque al gobierno, alegando que se defienden causas justas, la izquierda débil se pasa al bando conservador para “defender” esas banderas.

Pero siguen siendo de izquierda, según afirman.

En realidad este segmento que participa en redes sociales, nunca ha sido de izquierda. Representan a un sector social asociado con la burguesía de pensamiento avanzado, pero burguesía al fin y al cabo.

Desconocen la teoría político-económica de izquierda.

No entienden que no se puede ser parte de una transformación nacional a ratos y ser al mismo tiempo defensor de ciertas estructuras económicas, políticas y sociales, creadas por el conservadurismo.

Veamos el caso más reciente.

El mando que debe hacerse responsable de la Guardia Nacional en nuestro país.

La gente de Claudio X González ha señalado reiteradamente que en el Congreso de la Unión, no va a pasar una sola iniciativa presentada por el presidente López Obrador.
La oposición va a frenar todo cambio constitucional en adelante.

Así es que el trabajo de esta Legislatura terminó, sin importar que estemos a dos años de que concluya el periodo que le corresponde.
Una acción de esta naturaleza, es necesariamente fascista.

Pero la izquierda de chocolate, no lo ve en su justa dimensión.

Lo criticaron en su momento, pero hoy que deben quedar claras las razones que el presidente tiene para recurrir a un modificación a una Ley Reglamentaria, que permita a las Fuerzas Armadas asumir total responsabilidad sobre la Guardia Nacional, parecen olvidar que es la intransigencia de la derecha la que obliga a una medida de esta naturaleza.

Lo peor es que caen en el juego de la oposición, citando artículos de una Constitución, que ha sido deformada por el neoliberalismo, para defender toda causa que beneficie a la derecha.
Para ser gente de izquierda, es necesario tener presente que los cambios a la Carta Magna, hoy son básicos para terminar con cualquier régimen de privilegios. Es imposible pensar en defender un articulado constitucional, que favorece la corrupción y la impunidad que se dieron durante el periodo neoliberal.

Las modificaciones constitucionales del pasado, son obra de las clases privilegiadas. ¿En qué cabeza cabe pensar que su aplicación es necesariamente benéfica para el pueblo?”
Por eso estamos en mitad de un proceso de transformación. Para revertir todos esos mecanismos diseñados para dar poder y oportunidad a quienes históricamente han saqueado la riqueza nacional.
Hoy se alega que el mando militar, es contrario a los intereses de la democracia. Y la izquierda de mazapán de inmediato defiende esta postura, olvidando olímpicamente que el mando civil del pasado reciente, puesto en manos de Genaro García Luna, desencadenó una guerra sangrienta, aceptó el amasiato entre autoridades y delincuencia y por si fuera poco, echó a perder a una Policía Federal recién creada.

¿Dónde está la supuesta ventaja del mando civil? ¿Dónde la acción en favor de la democracia?

Si el presidente opta, ante la falta de cualquier otra posibilidad, por el decreto o el acuerdo que modifica una Ley Reglamentaria, ponen el grito en el cielo, agregándose al coro opositor
“Eso es propio de dictaduras”, sostienen. Como si no supieran que vamos saliendo de una dictadura real, de corte neoliberal. Como si el pueblo de México no hubiera sido rehén de grupos de poder económico y político, que saquearon la riqueza nacional.

“Es que la Constitución dice” es otro de sus blandos argumentos, sin entender que la actual constitución dice lo que los reaccionarios quisieron que dijera.

“Es que el Estado de Derecho se pone en riesgo”, como si ese Estado de Derecho hubiera sido una realidad durante el periodo neoliberal, donde la desigualdad creció de manera brutal, el crimen se adueño de buena parte del país y los derechos humanos se pisoteaban sistemáticamente.
Esa izquierda de azúcar debe ser vista con desconfianza.

Presume de libertad de criterio, cuando solo enseña su debilidad de carácter.

La izquierda real, es ante todo, Pueblo. No necesariamente pueblo humilde. Muchos de quienes están ahí, son Pueblo ilustrado. Pueblo culto. Pueblo con visión social.
Pero Pueblo al fin y al cabo.

La izquierda frágil, acomodaticia, sin carácter, que no entiende que el beneficio de la sociedad, está por encima de cualquier documento defendido por la derecha, cambia de camiseta de manera constante.

Hay días que amanecen muy de izquierda y mañanas en que lo reaccionario anima su jornada.

Un Proyecto de Nación de izquierda, puede enfrentar situaciones difíciles, teniendo la necesidad de tomar decisiones drásticas. Pero eso es lo que mantiene vivo al Proyecto de Nación.

Defender posturas reaccionarias, diciendo que es por el bien del Proyecto de izquierda, es aparte de estúpido, propio de quienes no forman parte sólida del cambio.

El Proyecto Neoliberal, nada tiene que ver con la Cuarta Transformación.

La experiencia mexicana, está siendo vista por el mundo entero. López Obrador y su gobierno están abriendo camino a la nueva izquierda en el mundo.
El conservadurismo se empeña en que esa nueva experiencia, no avance más.

Las vías que encuentra el presidente para que el Movimiento no se detenga, son válidas y hay que respaldarlas.
Claro, hay que respaldarlas si verdaderamente eres de izquierda.

Porque si formas parte de la izquierda fofa y apática, primero tendrás que ver lo que te dice el espejo día con día.
Porque a veces amaneces tan facho, como el mejor de los neoliberales.

Malthus Gamba