Cienfuegos y la diplomacia mexicana

En medio de una enorme gama de especulaciones, que oscilan entre las teorías conspirativas y las explicaciones más simplistas, pasando por las ridiculeces de la oposición moralmente derrotada, en un acto sin precedentes, los cargos imputados por el fiscal de los Estados Unidos en contra del general Cienfuegos, fueron retirados después de la reclamación que hizo el Gobierno Mexicano al del vecino país del norte.

No está fuera de la realidad afirmar que es en el ámbito de la diplomacia, donde el Gobierno de México ha hilado en forma más fina.

La relación siempre difícil entre los dos países, ha ido transitando por la incertidumbre que nos causaba a todos el relevo en el poder entre la administración de Peña Nieto y la toma de posesión del Presidente López Obrador, estando acostumbrados a que los mandatarios mexicanos y sus funcionarios fueran tratados como trapos de cocina por el Presidente Trump.

Después de la llegada del nuevo gobierno en México hace casi dos años, la actitud y el tratamiento de Donald Trump hacia nuestros representantes cambió drásticamente y su tono se tornó más respetuoso como por arte de magia, desde su primera publicación en Twitter felicitando al presidente mexicano por su ascenso al cargo.

Luego vino la amenaza, muy al estilo de Trump, de imponer aranceles a las exportaciones mexicanas si las cifras de migración no se reducían, asegurando un desastre económico potencial en el comercio exterior de nuestro país, que fue atendida y resuelta con gran eficacia por parte de las autoridades de este lado de la frontera.

En seguida aparecieron las atentas ofertas de apoyo operativo, para ayudarnos a luchar contra el crimen organizado, que fueron respetuosamente declinadas por el Presidente mexicano sin mayores consecuencias.

En un ambiente de negociaciones para el nuevo tratado comercial de Norteamérica, se presentó la osada intervención de México para salvar la vida de Evo Morales en Bolivia, después de un golpe de Estado promovido y apoyado desde los Estados Unidos, sin que ese incidente provocara un desencuentro en la relación con los Estados Unidos. Algo insospechado.

El complicado papel que juega México, dada la dicotomía que presenta su ubicación geográfica en la geopolítica, como vecino y socio comercial del país más poderoso del mundo en el Norte, y miembro cultural y geográfico de la comunidad latinoamericana en el Sur, requiere de una habilidad diplomática extraordinaria para mantener un balance exitoso en sus relaciones internacionales y el gobierno mexicano ha hecho gala de tenerla.

Hoy en otro asunto delicado por lo que implica el caso Cienfuegos, la diplomacia de nuestro gobierno reclamó oficialmente a los Estados Unidos, un comportamiento que violaba los acuerdos alcanzados entre ambos, exigiendo así un trato de iguales con el país más poderoso del mundo, evitando cualquier confusión que pudiera volver a ubicarnos en una posición de sometimiento colonial, como se hizo tradicionalmente durante por lo menos, los últimos 40 años.

Así que independientemente de las especulaciones que se manejan en el ambiente mediático, y que van a dar de comer durante algunas semanas a los opinólogos dedicados a hablar de todo, estamos ante la presencia de un gobierno estadounidense que decidió dar a México un tratamiento respetuoso de igual a igual.

La declinación de juzgar a Cienfuegos que hizo la justicia de los Estados Unidos, ante la reclamación diplomática del gobierno de México, no solamente es un hecho sin precedentes, sino una prueba del manejo impoluto que nuestro gobierno es capaz de llevar a cabo en sus funciones diplomáticas.

Como lo dijo el polímata suizo Juan Jacobo Rousseau: “Siempre es más valioso tener el respeto, que la admiración de los demás”.