De Latinus a Artículo 19: financiamientos oscuros y ONGs intervencionistas

Conforme las elecciones federales de este año se acercan, el bloque conservador aumenta sus esfuerzos por descarrilar el proceso de la Cuarta Transformación. Uno a uno, sus intentos se desnudan como movimientos desesperados, coletazos de la antigua maquinaria dinosaurica que se quedó sin aceite. Entre estos grupos de presión que se acercan entre sí cada vez más y se desnudan como actores políticos de oposición, dejando atrás la fachada neutral o de activismo apartidista, los medios de comunicación están a la vanguardia.

Pero estar a la vanguardia de la oposición no es una señal de enaltecimiento. Significa estar en la primera línea de la defensa de la corrupción moral, la deshonestidad intelectual y el uso de dineros de procedencia oscura. Todo esto con el fin de vender un discurso propagandístico que -y de esto ellos aún no se enteran- no compra nadie, más que las viejas y decaídas estructuras partidistas de la alianza PRI, PAN, PRD.

 

Uno de los casos que más sonaron en los últimos días fue el del recientemente creado Latinus, donde dos payasos -uno con peluca y el otro con solamente la añoranza de sus días de gloria en la televisión mexicana- se dedican a presentar investigaciones falseadas, noticias sesgadas y mentiras abiertas contra el presidente y el bloque social que lo acompaña. Este pseudo-medio resultó ser financiado por Roberto Madrazo y Silvano Aureoles, exgobernador de Tabasco y gobernador en funciones de Michoacán, respectivamente.

Pero hoy no quiero provocarle lástima a nuestro público hablando de la mediocridad política y comunicacional de Latinus. Quiero dedicar estos minutos a un tema mucho más perverso, porque no se apoya -como es costumbre entre los más vulgares del gremio- en financiamientos ocultos. Hay otros sectores del sicariato mediático que son abiertamente financiados por entidades infinitamente más perversas. Es el caso de la compañía privada Artículo 19. Esta ONG, originada en Londres y con franquicias en diferentes países, como México, ha dado de qué hablar con sus golpeteos contra miembros del gabinete de Andrés Manuel López Obrador.

 

Esta empresa transnacional está financiada por entidades de gobiernos extranjeros como las embajadas de Estados Unidos y Gran Bretaña, la Fundación Ford, la empresa transnacional Google, Fundaciones Open Society, de George Soros, la USAID y el Departamento de Estado gringo, entre otras. Ha desarrollado una narrativa que pretende acusar al gobierno popular de AMLO de acosar a periodistas y atacar la libertad de expresión.

El rol de esta empresa transnacional fue desarrollar un reportaje donde señala al gobierno de dirigir campañas contra periodistas opositores. Sus únicas pruebas son el hecho de que Andrés Manuel, en su conferencia matutina, responde a señalamientos, noticias falsas y mentiras en contra del proyecto de la Cuarta Transformación, y capturas de pantalla de comentarios en redes sociales, donde usuarios no identificados reclaman o insultan a actores comunicativos por sus difamaciones. Como si el presidente no tuviera derecho a responder preguntas o ataques. O como si los que apoyamos el proceso de la Cuarta Transformación no fuéramos diariamente insultados, difamados o agredidos en el espacio de la red.

 

 

En días recientes, basado solamente en este reportaje -que si fuera un proyecto escolar universitario, sin duda tendría una mala calificación-, el Departamento de Estado de Estados Unidos lanzó un comunicado opinando sobre asuntos internos de nuestro país, y señalando a Sanjuana Martínez por un conflicto interno de Notimex, donde un grupo de poder busca frenar la austeridad republicana y defiende sus antiguos privilegios.

Por supuesto, la inmensa mayoría de los comunicadores corporativos del país se sumaron al ataque y se sumaron a respaldar a Artículo 19. Este sector no tiene un gramo de interés en defender a la gente que habita nuestro país, así lo demuestra cuando ignora el financiamiento extranjero, la falta de pruebas o la mentira abierta de la empresa. Para ellos, pesa más una entrada de sitio web financiada por el país que más interviene en las democracias, que la soberanía nacional.

Su cálculo es que ayudados a la distancia por las agencias estadounidenses, lubricados con la limosna gringa o uniéndose entre ellos, lograrán frenar a la Cuarta Transformación. Sus esfuerzos son paralelos a los de los partidos opositores, liderados por el INE. Pero los medios corporativos, junto a sus financiadores -privados nacionales o extranjeros- no igualan a la organización popular de nuestro pueblo. Nos hacen lo que el viento a Juárez.

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