Cuando AMLO hablaba de erradicar la corrupción en México, lo decía en serio

Por Lucía Deblock
Foto: El Clarín

“Y retiemble en sus centros la tierra” podría ser una metáfora muy eficiente para describir lo que sucede en México en estos tiempos. Por todos lados, en todos los sectores, en cada rincón se escucha el rumor del estruendo ocasionado por la razia anti corrupción impuesta por la 4T.

En una larga y bien documentada investigación, Univisión exhibe documentos y testimonios de diversos funcionarios de Pemex, responsables de la fraudulenta compra de la compañía de fertilizantes en quiebra: Grupo Fertinal, por la que pagó un sobre costo de 193 millones de dólares. Lozoya-Austin, director de Pemex en esos momentos, es señalado de amenazar y manipular al Consejo para conseguir la compra.

La impresión que queda tras la lectura de esta investigación es que, al margen de las increíbles revelaciones que hace, el contexto es imprescindible para comprender lo que está sucediendo en nuestro país. Si no fuera por la política anti corrupción del gobierno de AMLO y por el apoyo de millones de mexicanos que legitimizan estas políticas, esta investigación hubiera pasado desapercibida, tal como han sido relegadas a la intrascendencia muchas notas de la periodista Peniley Ramírez, donde ha revelado innumerables hechos de corrupción y abusos del sector energético en el pasado.

El cambio de paradigma en México, ese rompimiento con la convención de aceptar como algo inevitable e inexpugnable todo acto de corrupción, es el caldo de cultivo para la transformación que millones de mexicanos esperamos y que, sin lugar a dudas, está revolucionando a México.

Y es, precisamente, el cambio de paradigma el que ha creado el escenario perfecto para que los funcionarios involucrados en el fraude de Pemex se presten a colaborar, es decir, a romper el código de silencio, la “Omerta”, sin temor a represalias mortales del propio sistema corruptor. Está por verse si están en la misma disposición de colaborar con el gobierno y atenerse a las consecuencias legales. Sin embargo, es el renovado interés de la sociedad lo que cierra el círculo virtuoso que permite que, cada vez más, queden al descubierto estas perniciosas redes de funcionarios y políticos que han usado el dinero público para gestionar sus propios intereses. Por supuesto, el escrutinio público, la muerte civil, no sustituyen ni reemplazan al trabajo de la Fiscalía y es, en última instancia, donde radican los mandamientos judiciales para acabar con la infame historia de impunidad que ha dominado a México.

El cambio de paradigma es, también, lo que tiene a Medina Mora, a César Duarte, a Manlio Fabio Beltrones, a Gamboa Patrón, a Carlos Salinas, a los hermanos Moreira y a Enrique Peña Nieto, entre otros funestos nombres, yendo de declaraciones de un cinismo delirante a tramitar amparos, ocultar bienes, hacer transferencias bancarias millonarias a paraísos fiscales y preparar un defensa legal a la altura de las circunstancias. Resulta fácil adivinar que la paz ha abandonado sus días.

Lozoya y el dueño de AHMSA Fuente: Google

Lozoya-Austin, que el 17 de agosto de 2017 -bajo el cobijo de sus hermanos de tropelías-, se presentó a declarar a la hoy extinta PGR por casos de corrupción en Pemex, ligados a la constructora brasileña Odebrech y declaró con un cinismo abyecto: “Mi conciencia está tranquila, aquí estoy”, hoy -con el gobierno encabezado por AMLO-, es un prófugo de la justicia y cuenta con una ficha roja en la Interpol cifrada con su nombre.

México está en un proceso de crecimiento, en un cambio de paradigma, los dolores del desarrollo son parte del proceso. Debemos reconocer que hay fallas, pero se están corrigiendo. Parte importante del cambio es que el gobierno no está simulando ni comete omisiones por consigna. México está dando un paso hacia la erradicación de la corrupción institucional, de la impunidad. Es deber de todos los mexicanos apoyar en el proceso, sin perder de vista el bien mayor.

Lucia Deblock

Escritora y artista digital.