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De tiempo en tiempo la realidad nos presenta ejemplos de liderazgo político que por absurdos resultarían jocosos, de no ser trágicos para mucha gente que es afectada por lo que podríamos calificar como franca estupidez al gobernar.

Hoy día con la facilidad del internet y las redes sociales, que nos permiten acceder a información en todo el mundo, podemos darnos cuenta de que dicha estulticia no es privativa ni de un país, ni de una región del planeta en especial, sino que sus características se reproducen en cualquier parte del mundo, con la misma potencia y con resultados siempre desastrosos para los habitantes a quienes gobiernan esos personajes, que desempeñan este papel lamentable.

En nuestros días hay un buen número de gobernantes que podrían calificar como joyas de la fantasía kafkiana, pero tenemos tres ejemplos emblemáticos en los niveles más puros de la subnormalidad y la torpeza: En Nuevo León tenemos a Samuel García, en España a Pedro Sánchez y en Ucrania a Volodimir Zelenski.

La característica distintiva que se puede interpretar como el común denominador de los tres gobernantes, es que actúan como marionetas de poderes fácticos a los que tienen que mantener satisfechos, sin importar que sus decisiones o acciones perjudiquen profundamente a los habitantes que gobiernan.

Así el último de estos tres involucró a su país en una guerra perdida que le está costando la vida a miles de seres humanas, endeudando por décadas a su nación mientras Europa y Estados Unidos le venden armas, priorizando un discurso incoherente lleno de arengas bélicas, en lugar de negociar una salida política para su conflicto con Rusia a quien amenaza con integrase a la OTAN, lo que implicaría poder colocar misiles a 5 minutos de Moscú.

Y mientras hace todo esto, se presta para posar junto con su esposa para la revista Vogue, a fin de que le publiquen un reportaje bélico-glamoroso, que es una burla para todos los habitantes que gobierna, quienes están sufriendo las consecuencias de una guerra sin sentido que no van a ganar.

Otro de ellos disfrazado de político de izquierda, pero que en realidad favorece a las empresas privadas de energía y les permite extorsionar a sus compatriotas españoles cobrándoles tarifas impagables, mientras esos corporaciones ganan cantidades ingentes de dinero. Pero además les recomienda a sus gobernados, aunque suene increíble, que dejen de utilizar corbata para ahorrar energía, pero justo terminando esa conferencia, se montó en un helicóptero que lo trasladado a unas cuántas calles de distancia. Una acción que no se puede calificar precisamente de ecológica.

La tercer joyita de la fantasía kafkiana la tenemos gobernando en el estado de Nuevo León; un sujeto superficial y mentecato, cuyo principal interés es ser la reina de las redes sociales, que en medio de una sequía por acaparamiento del agua a manos de las empresas privadas que lo ayudaron a colocarse en el puesto más alto del estado, les recomienda a sus gobernados bañarse menos, prender veladoras, al tiempo que le implora a las nubes para que le provean del vital líquido.

Y en su desesperación por ganar likes en las redes sociales, se lanza a un estado vecino para intentar robarles el agua provocando un conflicto interestatal y una sublevación social que terminó por quemarle los tubos con los que pretendía perpetrar el atraco.

Todo esto nos lleva a reflexionar que en una democracia los ciudadanos eligen a sus gobernantes, depositando su voto o decidiendo no hacerlo y que esta simple acción puede convertirse en un arma de autodestrucción masiva, cuando se corre el riesgo de que un personaje con un perfil como los de estos tres individuos llegue a gobernar, actuando a favor de intereses distintos a los que implican el bienestar común, comportándose como rufianes traidores.

Como dijo el poeta español Antonio Machado: “En el análisis psicológico de las grandes traiciones, encontraréis siempre la mentecatez de Judas Iscariote”.

Por Erika