Por José García
@Josangasa3

Manuel Espino, entonces líder nacional del PAN, advirtió a Fox que el desafuero contra Andrés Manuel López Obrador lo definía el Poder Legislativo y no el Ejecutivo Federal. El entonces presidente acató, pero se descubrió públicamente que su problema con el actual presidente era personal.
Las diferencias entre las ideas suelen caer en el terreno de la enemistad y a veces en el encono personal. La naturaleza humana no puede divorciarse de una actividad que le es propia como la política. Así como sucedió con Fox contra el presidente López Obrador, existen, tras bambalinas otros enfrentamientos personales de los que cada vez se habla menos, aunque no por ello dejan de existir.

Muchos de los frentes de guerra contra Andrés Manuel López Obrador tienen como titiritero a Carlos Salinas de Gortari. Recordemos que impulsó, con dinero propio, el diario La Crónica de Hoy para detener la carrera política del actual presidente. Para dirigir esta embestida ideológica disfrazada de información nadie mejor que el chileno Pablo Hiriart.

Esto demostraba que López Obrador tenía un enemigo que adoptó las diferencias políticas como algo personal. Y en ese terreno parece haberse propuesto responder en la misma forma el Presidente, desarticulando los bastiones o propiedades del ex presidente Salinas. En unos cuantos años se han derrumbado entes de más de un siglo de antigüedad, como es el PRI; también le arrebató el liderazgo en los medios que sostenía Salinas, prácticamente desde que inició su campaña en busca del voto. Salinas nunca encabezó el PRI, pero lo tuvo en sus manos desde mediados de la década de los ochenta hasta la salida de su sobrina Claudia Ruiz Massieu, en 2019.

Pero estos no son los únicos espacios que López Obrador le quitó a la buena, a Salinas. También lo despojó de la presidencia que fue suya desde el 1 de diciembre de 1988, y con su llegada se acaba la influencia evidente del ex presidente en la política de México.

Por si fuera poco, la influencia de Morena en la población del Estado de México, encarnado en la maestra Delfina Gómez, golpeó fuerte el Grupo Atlacomulco, hasta dividirlo con su temprana candidatura porque en el PRI se sintieron obligados a impulsar a una candidata mujer, y en ese grupo hay dos favoritas, una Alejandra del Moral, que protege el gobernador Alfredo del Mazo, quien cada día se separa más del PRI y de ese grupo, y Ana Lilia Herrera, que protegen los viejos jerarcas de Atlacomulco.

Arturo Montiel, Peña Nieto, los hijos de Hank González, son la vieja guardia de ese grupo que muestra su agonía, porque sabe que si no hacen fraude electoral en 2023 perderá el PRI su más preciado bastión electoral, que significaría otro de los espacios arrebatados a Salinas de parte del presidente López Obrador.

Este grupo inició como un conjunto de políticos y terminará como un consorcio de empresarios, donde el poder condujo a la riqueza económica, como reflejo de una alta burocracia dedicada a invertir un dinero que no les pertenece.

Las luchas políticas se extienden al terreno de lo personal y en estas batallas también hay ganadores, sólo que con una diferencia. En lo político puede renovarse, revertirse, perder una elección y después ganarla; en el ámbito personal sólo hay derrotas y victorias definitivas.

La política es un ejercicio inherente al ser humano, de ahí que las batallas que se libran en las urnas desconocen el camino de la teoría para convertirse en pugnas personales, cuyas derrotas duelen más que las políticas, aunque intenten esconderse entre los silencios y los escándalos que tiempo impone en la vida pública.

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