Política económica de AMLO: Ejemplo mundial

Toda la basura que la oposición pregonó durante años, sobre el colapso potencial de la economía mexicana en caso de que López Obrador llegara a la presidencia, se desmoronó en estos últimos 3 años de un gobierno que ha impulsado la aplicación de un modelo económico de corte progresista, caracterizado por una política económica nacionalista industrial, que promueve el libre mercado y la distribución del ingreso, usando como motor principal la promoción del consumo interno, la creación de infraestructura, el comercio exterior y la estrategia de no contraer deuda adicional.

Prácticamente todos los dioses del olimpo neoliberal, hoy aplauden el manejo de la economía que está llevando a cabo el gobierno de México, como las autoridades financieras internacionales personificadas por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial; las calificadoras de riesgo crediticio como Standard and Poors, Moody’s y Fitch; los bancos internacionales y hasta los empresarios más acaudalados del país, en un esquema que basado en no contraer más deuda, se desliga automáticamente del control que todos estos podrían ejercer sobre las decisiones de gobierno, ganando así margen de maniobra, capacidad de decisión y soberanía.

Hoy vemos también el comportamiento de los mercados financieros moverse en la misma dirección que aprueban todos los anteriores, con una Bolsa Mexicana de Valores que no deja de romper sus récords históricos y que en 2021 registró una ganancia mayor al 20%, alcanzando su mejor desempeño de los últimos 12 años, niveles que tuvo en 2009 a principios del gobierno de Calderón y que gracias a los desempeños lamentables de él y Peña Nieto, nunca superó durante sus sexenios.

Así es que con el gobierno progresista que desterró al neoliberalismo, Zeus, el máximo dios del Olimpo, ante el que se hincan y rezan con fervor los neoliberales representado por los mercados financieros, se manifiesta y crece por encima de lo que ellos mismos hubieran podido lograr con sus plegarias vacías o con sus proyecciones pomposas. No se ha requerido más que sentido común y buen gobierno para lograrlo; algo que ellos son completamente incapaces de llevar a cabo en ninguna parte del mundo, porque son voraces, corruptos y torpes.

Otro de los indicadores que es una manifestación clara del comportamiento de los mercados internacionales, es el valor de la moneda mexicana frente al dólar, que ya no se determina por medio de la decisión del Banco de México, sino a través de la oferta y la demanda del peso principalmente en los mercados neoyorquinos.

Cuando los mercados perciben situaciones de riesgo, las inversiones tienden a refugiarse en monedas que consideran más seguras que otras en virtud del manejo económico del país que las emite. Así durante el período neoliberal en México, el peso se devaluó más de 13 mil por ciento, porque cada que los mercados percibían una situación de riesgo, vendían sus pesos y compraban dólares. En resumen, cada año del periodo neoliberal, el peso se devaluó más de 300% en promedio.

Durante estos 3 últimos años, durante el gobierno progresista del presidente López Obrador, a pesar del riesgo que presentaba la pandemia para las inversiones, los mercados prefirieron concentrarlas en pesos y así nuestra moneda ha perdido menos de 1% anual, manteniendo su valor frente al dólar, porque incluso en la pandemia los inversionistas decidieron no vender sus pesos para cambiarlos a dólares y hacer caso omiso de las recomendaciones de reconocidos economistas internacionales como Chumel Torres, Carlos Loret o Leo Zuckerman . ¿Será que los capitales internacionales se volvieron chairos?

Habrá que preguntarle a estos genios neoliberales, cómo le hicieron para evitar que la bolsa de valores no subiera en estos niveles y para lograr que el peso se devaluara 300% cada año durante sus sofisticadas administraciones, desempeñadas por grandes talentos egresados de universidades como Yale, Harvard y similares, donde por lo visto su educación dejó mucho que desear.

Como decía el escritor francés Jean de la Fontaine: “Algunos cerebros son tan impotentes, que sucumben ante cualquier estupidez que esté de moda”.