En este sexenio, casi todo lo que vivimos como ciudadanos, es de estreno, inédito, nuestra primera vez, pues.

Ya sabemos que la democracia es ese concepto griego que tiene siglos de existir; que a lo largo del tiempo, se ha ido ajustando a las circunstancias y necesidades de cada pueblo, y por ende, hay tantas realidades democráticas como pueblos que las consienten, existen en el mundo. Es posible, que veamos democracias muy acabadas, como se dice en el argot político, porque son evaluadas por sus pueblos según el Índice de Democracia y los resultados son favorables o negativos, de acuerdo a cómo les tocan las cosas.

Por ejemplo, sabemos que los países escandinavos (Noruega, Finlandia, Dinamarca y Suecia) siempre salen bien calificados y de ellos, Noruega saca estrellita, porque sus ciudadanos juzgan los conceptos proceso electoral y pluralismo, libertades civiles, funcionalidad del gobierno, participación política y cultura política con altísimos puntajes, y por otro lado, se complementan con los más bajos índices de corrupción y desigualdad, a lo que se suma una casi nula intención colonialista y de dominación.

También nos han dicho que para ser un buen país deberíamos acercarnos a Suiza, en cuestiones de democracia, porque ellos son el ejemplo más fuerte en tratándose de la participación ciudadana en consultas plebiscitarias…

Pero no ven el lado oscuro y escabroso que esas sociedades cuasi-perfectas tienen: en Finlandia, hay cifras escandalosas en lo que se refiere a la posesión de armas y al abuso del alcohol; en Noruega, asusta el retorno a la ultraderecha y el abandono de la socialdemocracia; Suecia tiene graves problemas de desempleo y en Dinamarca hay problemas de salud pública; en Suiza, la voz del pueblo ha tomado algunas decisiones que no benefician a todos, en especial a los musulmanes, pues no se les ha permitido la construcción de mezquitas… ¿y qué quiero decir con esto? Que ningún país es perfecto y que cada patria tiene sus propios líos con los que lidiar.

Como colofón de los ejemplos de países europeos, los más avanzados y a los que se considera la élite del primer mundo, solo quiero añadir que los países están conformados por seres humanos, tan imperfectos como el que más, y que en algún momento han tenido errores, y han caído, pero lo que, sin duda los ha salvado, es justo la forma en que resuelven y legislan a futuro; el modo de llevar la voz del pueblo y obedecer lo que mandan ahí donde se presume de democracia.

Hasta ahí los índices de democracias europeas, aunque es de recordar que tales países provienen de establecimientos milenarios que han ido evolucionando al ritmo de sus necesidades y, por ello, es que son “más avanzadas” que otras, occidentalizadas apenas dos siglos atrás.

Ese contexto es literalmente lo que nos une o separa de otras patrias, pero es importante hacer mención de que aun y cuando somos libres de la opresión de una monarquía, todavía hay seres en este país, que añoran ese lazo aplastante y que recorta todo atisbo de poder ciudadano y requieren que en cada momento histórico venga un rey de otras tierras y aplaque los instintos libertarios de quienes abrazamos la democracia como modo de autogobernarnos. Ya lo vimos en el pasado algunas veces, cuando fueron a buscar en el viejo continente, una ayudita para imponer el gobierno que se oponga a la voz de las mayorías: estuvimos gobernados por una alteza serenísima (Agustín de Iturbide); un emperador (Maximiliano de Habsburgo) y el dictador Porfirio Díaz, seguido de una hegemonía partidista que, en décadas, no permitió que existiera, de facto, la oposición en un partido político.

Y así pasaron las décadas y al remate del siglo XX, entre cochupos y arrebatos, por fin la democracia parió la existencia de diversos partidos políticos y reconoció la disidencia de millones de personas que estaban legítimamente hasta el copete de la simulación que, sexenio tras sexenio, vieron pasar esa danza de elecciones en que se aparentaba que los votantes expresaban su apoyo a los “diversos” candidatos ¡¿cuáles?! que ocuparían los cargos políticos, desde la presidencia y sus secretarios, hasta el regidor y sus achichincles.

Y de pronto, de esa bola creciente de humanistas, de personajes que superaron la etiqueta de políticos, surgió un líder que llegó en 2000 a la escena política y a gobernar una de las ciudades más grandes del planeta y con los peores índices para vivir, pero que revirtió para ser nombrado el segundo mejor alcalde del mundo, solo después de Giuliani, quien hizo frente a los hechos de las Torres Gemelas, de la mejor manera posible. Y este líder tabasqueño, que había caminado con los pantalones arremangados, entre los pantanos cuando era delegado del Instituto Nacional Indigenista para la Chontalpa, creando camellones para la siembra, llegó después de algunos años de refrendar su vocación de ayuda a los más pobres, tal como su visión primigenia, desde sus inicios en la política.

Siendo Jefe de Gobierno, invitó a la ciudadanía de la gran urbe a hacer uso de las herramientas de la democracia participativa, de manera casi experimental, porque los defeños no habían participado en esas consultas. De hecho, para llegar a la candidatura para ese puesto, hizo una consulta, para tener la legitimidad que se requiere en estos casos; y ya, como gobernante, preguntó sobre el horario de verano, en primer lugar. Por medio de una encuesta telefónica, se le cuestionó a 321,933 personas si estaban de acuerdo con el cambio de horario, y el 75% se pronunció en contra. El resultado fue la expedición de un decreto con el que buscaba que en el Distrito Federal se excluyera de los husos horarios, en oposición directa al decreto del presidente Fox que lo hacía obligatorio para todo el país. Aquí, la Suprema Corte de Justicia de la Nación resolvió que fuera el Congreso de la Unión el órgano decisorio que, al final, decretó su aplicación y así seguimos… esperando que haya un Legislativo consciente de la inutilidad de semejante aberración que en nada ayuda por ser un país en una zona donde las diferencias entre las horas de luz no difieren tanto como para justificar un retraso de reloj por siete meses, sino que, como ocurría siempre, era menester dar todos los beneficios a la clase empresarial que exigía homologar los horarios comerciales para estar en sincronía con la bolsa de Nueva York. Hoy, ese vado ha caído en desuso, por el e-commerce y la demostración, en la pandemia, que los negocios no tienen necesidad de horarios ni presencia para realizarlos exitosamente.

La segunda encuesta fue para preguntar sobre si era oportuno que el costo del boleto del metro subiera de un peso con cincuenta centavos por viaje, a dos pesos. Ahí, el 60% de los 47,385 encuestados, dijeron que apoyaban la decisión. Este fue un ejercicio supervisado por el Colegio de Notarios del Distrito Federal, lo que aportó la legalidad requerida.

Con la intención de que fuera la voluntad del pueblo la que decidiera, la tercera vez que se pidió opinión a los ciudadanos, era para que aprobaran la construcción de los segundos pisos del periférico, que estaba empezando. Ahí, el Instituto Electoral del Distrito Federal, participó con la instalación de   6,169 casillas, en las que, evidentemente, la mayoría de los 754,067 sufragistas, dijeron sí.

Y hay un dato que a muchos les parecerá perturbador: AMLO ya se sometió dos veces antes a la consulta de revocación de mandato. En una primera jornada de dos días, en diciembre de 2002, por medio de encuesta telefónica, el 95.3% apoyó la gestión del entonces Jefe de Gobierno. Al término del cuarto año, para diciembre de 2004, volvió a preguntarse a la ciudadanía y, el 95% de los encuestados, apoyó el desempeño de López Obrador para que continuara en el cargo hasta el fin de su mandato.

Como opositor, llevó ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación el respaldo que más de 2 millones 711 mil ciudadanos, signaron para que se llevara a consulta popular la entonces reforma energética de 2013, pero se decretó que las preguntas que proponía eran inconstitucionales, y que el tema correspondía a la Federación, lo que fue causa de la aprobación e implementación de tal catastrófica reforma que hoy, por cierto, se está pretendiendo revertir en el Congreso de la Unión.

Parece que, para los defeños, chilangos o cedemejiquenses, lo de las consultas no es taaaan nuevo, pero para el resto del país, sí. Y por ello, es imperativo que nos sumemos a hacer de estos ejercicios una constante, pues la ciudadanía es un trabajo que se ejerce 24/7/365, si es que nos sentimos obligados a participar de ella, pues como decía Emiliano Zapata, de quien por cierto, es aniversario luctuoso este domingo 10 de abril, “El que quiera ser águila, que vuele; el que quiera ser gusano, que se arrastre, pero que no grite cuando lo aplasten”, o también “prefiero morir de pie, que vivir arrodillado”.

Estas son dos frases potentes, con las que se resume perfecto que, para hacer de México el país que avanza, se requieren ciudadanos que no se rindan; que exijan y se comprometan.

Que esta, nuestra primera vez, sea el inicio de muchas consultas, muchos plebiscitos y referéndums, de mucha participación valiente.

#EsUnHonorEstarConObrador #QueSigaAMLOenLaPresidencia

@cevalloslaura