Textos y Contextos

Por: Miguel Alejandro Rivera
@MiguelAleRivera

A sus 34 años, Lionel Messi se despide del FC Barcelona; en su última conferencia como parte del club, lloró con la misma inocencia de un adolescente de 17 años, edad que tenía cuando debutó a nivel profesional con los colores de una camiseta que portó desde que era prácticamente un niño. Y se entiende, se comprenden las lágrimas, porque es un ser humano como cualquiera, pese a ser ídolo de millones de personas que disfrutan del futbol.

“Este último día he estado pensando, dándole vuelta todo lo que iba a decir. Ahora que no me salía nada, estaba bloqueado. Es muy difícil esto para mí después de tantos años, de estar toda mi vida acá, no estaba preparado. La verdad que el año pasado cuando se armó el lío sí lo estaba, sabía qué decir, estaba convencido pero este año no”, ha dicho el jugador argentino.
Días antes de su despedida, el FC Barcelona indicó a través de un comunicado que a pesar de haber llegado a un acuerdo entre el club y Messi, y se tuvo la intención de ambas partes de firmar un nuevo contrato, no se pudo formalizar debido a “obstáculos económicos y estructurales”.

El problema radica en que La Liga española de futbol tiene un tope de costo en las plantillas de los equipos, y al vencer el contrato del dorsal 10 del Barcelona el 30 de junio, el renovarlo fue imposible; mientras que en la temporada 2020-21 tuvo un tope de casi 600 millones de dólares, para la próxima temporada solo al Barcelona sólo le fue autorizado un gasto de casi 410 millones; la firma del contrato de Messi dependía de las salidas de jugadores que permitirían financiar los sueldos del capitán argentino.

¡Qué increíble mirar el llanto de uno de los hombres más famosos, ricos y talentosos del mundo¡ Para el aficionado, Messi debiera ser todo poderoso en una industria de la que ha sido ícono indiscutible; pero no, el dinero es quien ha decidido el futuro del ídolo de las masas. Sus lágrimas, sin temor a exagerar, son fruto del capitalismo que sólo sabe de pasiones a la hora de convencer, y no al momento de amor a la vida que cualquier persona quiere tener.

Esta vez, Lionel Messi no fue dueño de su dinero; es su salario, de unos 138 millones de euros por temporada, el que manda en un tipo que quería seguir en el Barcelona. En conferencia de prensa, se le preguntó al futbolista si pudo haber reducido más su salario hasta alcanzar el tope posible para su permanencia en un equipo al que incluso por él llegaron nombres como el de su compatriota, Sergio “el Kun” Agüero; el argentino respondió que sólo se manejó una reducción del 50 por ciento y no se le pidió más; sin embargo, no hubo la aclaración de la que tanto se ha hablado: ¿cuánto dinero aceptaría un sujeto millonario sólo por seguir jugando en el quipo y la ciudad que, al parecer, lo hacen tan feliz?, ¿vale la pena ser un tipo cuya valuación en dinero es exorbitante?, ¿ante su inmensa fortuna y contratos de publicidad, valdría la pena tratar de hacerlo gratis?

Bien dicen por ahí, necio y mil veces necio, quien confunde valor con precio, y es que el propio Messi lo ha dicho: a sus hijos, a su esposa, les pesa marcharse de la ciudad en la que han vivido tantos años; tantos problemas en un deporte por cuestiones de dinero.

Ante la historia de Messi, es imposible no recordar a Jorge Alberto “El Mágico” González, un jugador que brilló en la Copa Mundial de España 1982, siendo incluso reconocido por Diego Armando Maradona como un futbolista que le superaba en técnica y regate. Ante el escaparate internacional, varios clubes europeos, entre ellos el Paris Saint Germain, ofrecieron carretadas de dinero por él. A pesar de que ya existía un acuerdo, “El Mágico” no llegó a la firma del contrato con el club francés y prefirió fichar por El Cádiz, una modesta escuadra española donde hizo historia.

“Reconozco que no soy un santo, que me gusta la noche y que las ganas de juerga no me las quita ni mi madre. Sé que soy un irresponsable y un mal profesional, y puede que esté desaprovechando la oportunidad de mi vida. Lo sé, pero tengo una tontería en el coco: no me gusta tomarme el fútbol como un trabajo. Si lo hiciera no sería yo. Sólo juego por divertirme”, dijo González alguna vez en una entrevista.

“El Mágico” por 9 años jugó en el Cádiz, aunque hasta el propio Barcelona lo quiso fichar. Qué historias tan distintas, más cuando profundizamos y en los deportivos y canchas de barrio, vemos a tantas personas siendo inmensamente felices, sin público, sin lujos, sin contratos millonarios e incluso pagando arbitraje por hacer exactamente lo mismo: jugar al futbol.

Por Columnas

Columnistas invitados en Sin Línea Mx ¿Te gustaría participa? Puedes enviar tu opinión a contacto@sinlineamx.com