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La tercera Ley de Newton señala que a toda acción corresponde una reacción; lo que indica esta ley es que cuando un cuerpo ejerce una fuerza (acción) sobre otro cuerpo, éste reacciona con una fuerza de igual en magnitud, pero de sentido contrario.

No se equivocaron de canal, ni me estoy inventando ahora el puesto de maestra de física, así que no se espanten por qué no me las voy a dar de usurpadora de una materia de la que no tengo la más remota intención de aparentar que manejo. Pero con esta tercera ley de Newton vamos a ejemplificar los aspectos más novedosos en esta telenovela escrita, dirigida, producida y actuada por Lord montajes, mejor conocido como Carlos Loret. Pero es con dinero de otros, no crean que es mérito propio… Obvio, como él tiene experiencia en esta clase de teatritos, y para él es muy fácil ejercer cualquiera de esos puestos, porque también tiene experiencia en simular que es profesionista en una materia, lo contratan para eso: la actuación en tono de víctima.

Pero vamos a nuestra frase motivadora en este vídeo: el buen Sir Isaac Newton describió varias leyes en el campo de la física, allá por los fines de 1600 y principios de 1700, en donde describía al movimiento como base principal de la mecánica sumada a la ley de la gravitación que también describió. La primera habla de la inercia; la segunda, sobre la dinámica y la tercera, con que se cierra esta parte de la clase, que nos dice a toda acción le corresponde una reacción igual en magnitud, pero de sentido contrario. Bueno, pues hasta ahí la filosofía newtoniana.

¿Por qué traje a cuento esas leyes de la mecánica y de la física sí lo mío, lo mío, es la política?, pues porque como titulé esta columna a toda revolución le corresponde una reacción igual en magnitud, pero de sentido contrario. En este caso, nuestra revolución de conciencias se enfrenta a una oposición reaccionaria, violenta y capaz de las atrocidades más impensables, como atacar a la familia de un líder, si es lo que se requiere.

A lo largo de la historia de la humanidad hemos visto cientos de diferentes tipos de revoluciones y múltiples resultados, y en todas ellas han participado obviamente, 2 bandos principales: los que quieren preservar su forma cómoda de vivir, y los que buscan cambiar el estatus quo donde aquéllos les tienen la pata en el pescuezo y se aprovechan de su pobreza o ignorancia para explotarlos. A los primeros, se les llama conservadores y a los que luchan, revolucionarios.

Sin irnos a revisar todas las historias del mundo y sólo asomarnos un poquito al origen de las dos grandes revoluciones armadas de México, podemos entender que en ambas, lo que imperaba era el ambiente de injusticia, de opresión, de abuso y de extracción de todos los bienes del país para entregarlos a grupos de poder tanto en nuestra patria como fuera de ella. Para la independencia se incendió la mecha libertaria, entre muchísimas razones, por ese exacerbado clasicismo que le impedía a los criollos alcanzar puestos de poder; y por supuesto a los de clases más bajas, el ser simples peones con ninguna garantía, ni siquiera sobre la posesión de sus tierras.

Los independentistas, siguiendo los pasos de aquellos colonos que decidieron dejar de depender de la corona inglesa, y de los bravos hermanos de la Patria Grande como San Martín y Bolívar, decidieron dar la lucha a la corona española, siendo una de las más fuertes para la época gracias al oro que habían extraído durante 300 años de nuestros territorios en la Nueva España; y con valentía y arrojo, con menos fuerzas militares pero con más ideales lucharon por 11 largos años hasta darle a México el carácter de nación soberana e independiente que hasta hoy ostenta.

En la revolución, la desigualdad fue tan brutal que el campesino tenía que agradecer al patrón que le permitiera arar la tierra que le pertenecía antaño y con su jornal estaba endeudado en la tienda de raya para toda su vida; esas tierras que exigía el gran Emiliano Zapata que debían volver a quienes las trabajaran con sus manos, eran haciendas que ocupaban en el territorio de lo que hoy son varios municipios y pertenecían a una sola persona o familia.

Otra vez, los revolucionarios armados con machetes y azadones, con palos y un espíritu digno y valiente, bajo el comando de un hombre enorme, con una posición económica privilegiada y con una instrucción inusual para la época, que sea arrogó la misión de parar la simulación y de hacer nacer la democracia aún contra las fuerzas de un presidente que tenía comprado a todo el aparato del Estado.

En ambas revoluciones, las 2 fuerzas en conflicto siempre fueron claras: los que buscaban conservar sus privilegios a costa de las necesidades de la mayoría, y de la soberanía de la patria si es que se requería la entrega, por ejemplo, de la mitad del territorio, o de los pozos petroleros, o de las minas, siempre que los explotadores les dieran su pensioncita. Y en la otra esquina, siempre han estado los buenos, los que han puesto su vida al servicio, de la patria, tal como rezan los párrafos de nuestro himno nacional. En la defensa del movimiento de 1910, junto a Madero y Pino Suárez, Zapata y Villa y otros grandes personajes, caminó el pueblo. Un pueblo valiente que no sabía leer o escribir, pero que entendía que la dignidad era la aguja que debía marcar el rumbo de una patria nacida hacía sólo 100 años.

En este ciclo centenario, hoy estamos en una cuarta transformación, en una nueva revolución que esta ocasión, no lleva las armas para cambiar las conciencias. Está formada por millones de mexicanos que se han sumado a una caminata democrática iniciada hace más de 30 años, en la exigencia del respeto a unas elecciones en las que el pueblo había decidido cambiar finalmente de régimen, para abandonar la práctica de la simulación de votar para cambiar únicamente el rostro de un gobernante porque sólo era estético y no obedecía a la exigencia popular.

Esta revolución de las conciencias se ha forjado a fuerza de exigir respeto a la voz del pueblo, de marchar por causas correctas, de difundir periódicos con la ideología de un movimiento libertario y progresista. Esta 4T se enfrenta al bando conservador que tiene la práctica clásica de no permitir el progreso. Un bando que prefiere arrodillarse y voluntariamente entregar las concesiones de luz, de extracción del nuevo oro blanco que es el litio, del petróleo para transformarlo en gasolina y que nos los vendan al precio que quieran a quien sea, pero que no sea de México; o seguir importando científicos y técnicos en vez de promover el desarrollo interno de la ciencia hecha por mexicanos.

Ese grupo que al mismo tiempo minimiza el esfuerzo de quienes buscan que México sea un país con liderazgo internacional, y se burlan de los progresos que, a pesar de ellos y de su oposición constante, se han ido dando en medio de una crisis mundial que ha cobrado la vida de millones de personas en el planeta, pero que en nuestro país, casualmente, quieren endilgar a una persona, como si una pandemia fuera responsabilidad de un solo hombre.

La furibunda reacción de estas últimas semanas en contra de las acciones presidenciales sobre la reforma constitucional en materia eléctrica tiene como finalidad apretar al presidente para que desista y ordene a la Cámara de Diputados que bajen la reforma de la discusión, para que siga operando la ley en materia de energéticos de 2013 fabricada a punta de billetes por la infausta legislatura que recibió sobornos de parte del grupo parlamentario del PRI y de su presidente Enrique Peña Nieto.

Pero como nuestro presidente es recio, íntegro y un hombre de una sola palabra, esta reforma energética se la debe a las personas más pobres de México, a las que debe llegarles no sólo la energía eléctrica como un servicio sino como la cobertura de un derecho humano que tiene varias caras porque de la luz depende el bombeo de agua y la provisión del servicio de internet que hoy es la base de prácticamente todas las operaciones bancarias, hospitalarias, escolares o administrativas en el mundo.

Casualmente cuando la discusión es más feroz, y es casi imposible que los defensores de los grupos de empresarios puedan demostrar que la energía eléctrica debe de ser producida y provista por grupos de particulares que puedan, como hemos visto en España, cobrarla al precio que ellos decidan sin importar que las personas puedan pagarla, es cuando el ataque al presidente se vuelve más descarnado. Y como al hombre, a Andrés Manuel, no le han podido acusar más que de los crímenes que están en sus cabecitas pero que no son útiles para procesarlo penalmente, hemos visto cómo se han ido enseñando con los miembros de su familia y cuando no insultan a su hijo más pequeño, Jesús Ernesto, o a su esposa, o a su prima, o hermanos, o compadres, pues entonces van en pos de sus hijos. Ya lo habíamos dicho: la investigación de Salvador García Soto en El Universal refiere que desde mediados de 2021 el gobernador Cabeza de Vaca del PAN, pagó una investigación en contra de los hijos del presidente, para que ex miembros de la CIA les encontrarán lo que la oposición necesita para atacar al presidente.

En la conferencia del martes, AMLO recordó con lágrimas en los ojos y un nudo en la garganta, cómo sus hijos desde pequeños han sido blanco de quienes lo han querido destruir no sólo como político sino como ser humano, y se han valido de aquello que cualquier persona decente y con sentimientos, tiene como lo más querido en la vida, o sea, la familia.

No, por supuesto que no todos somos Loret, porque al contrario de él, que se indigna por la publicación de sus sueldos, pero justifica la publicidad de la intimidad de José Ramón, el pueblo mexicano reconoce en López Obrador al hombre que ha trascendido a sus propias pasiones para ofrendar su tiempo y esfuerzo a México, para que su pueblo obtenga nuevamente la libertad que a lo largo del neoliberalismo perdimos por los tratos y contratos con que entregaron casi la soberanía de nuestro país.

Con convicción y profundo amor a México, reitero: #EsUnHonorEstarConObrador

@cevalloslaura