Sindicato Mexicano De Electricistas

La mente ante el COVID-19

Dra. Marión Estévez

La pandemia que está enfrentando el mundo entero tendrá diferentes consecuencias, dentro de las más impactantes serán las que se experimenten a nivel individual.

La mente humana está preparada para enfrentar cualquier vicisitud de la vida pero depende de los recursos emocionales con que cuente cada persona, mientras más problemas, shocks, traumas, etc. haya vivido mayor será su arsenal ante este diminuto enemigo, más bien invisible, que cobra poder amenazante por medio del discurso del otro -ya sea la autoridad, los padres, los amigos, las noticias o los chismes- que construye escenarios donde se despliega un imaginario social con cualidades universales que tornan individuales de acuerdo a creencias, referencias, deseos y temores específicos.

La ansiedad se define como el temor hacia algo desconocido, identificamos que tenemos miedo mas no exactamente a qué; es cuando la mente pone en marcha diversos mecanismos que dependen del tipo, integración y fuerza de su estructura y, por ende, de su salud para enfrentar la ansiedad que le provoca la realidad, entonces podría en primera instancia tramitarla (hablando de lo que siente conforme tenga la necesidad), evacuarla (insultando o gritando en vez de expresarse como solía), proyectarla (poniendo afuera un miedo que tornar persecutorio y amenazante) o convertirla en lo contrario (valentía y entereza); en segunda, de manera menos funcional, negarla y crear para sí mismo una menos dolorosa; en tercera, momentáneamente anestesiarla con fármacos o sustancias legales o ilegales; y cuarta, incapacitante y grave, somatizarla, con lo que ya no hay posibilidad de manejarla mentalmente porque va directamente al cuerpo, manifestándose desde una alergia hasta padecimientos cardiacos.

Las fases de la pandemia nos están sometiendo a una realidad incierta y angustiante, donde el distanciamiento social está poniendo a prueba una de las patas sobre las que descansa nuestra esencia biopsicosocial y, por tanto, nuestra salud emocional; debido al encierro nos alejamos no solo de nuestros seres queridos sino de nosotros mismos, de nuestro yo que acostumbrado a lidiar con diferentes frentes ahora limita su cuerpo y su alma a cuatro paredes, dentro de las cuales solo puede ver televisión, limpiar pisos, leer, lavar el WC, entrar en las redes sociales, desinfectar superficies, hablar por teléfono, medio trabajar, medio ejercitarse, medio vivir; no logramos vislumbrar un futuro a corto plazo, lo que nos puede llevar a lo que coloquialmente se conoce como “enloquecer” y para el psicoanálisis sería la muerte psíquica, porque no hay a dónde o a qué dirigir los pensamientos, sentimientos y emociones.

En otras palabras, nuestro aparato psíquico se empobrece a medida que no hace ligazones y sobreviene una ansiedad de desestructuración que pone en peligro la estructura mental lograda con el desarrollo normal y estará en manos de sus mecanismos de defensa que podrían salvarnos de dicha muerte.

Con el paso de los días vamos a ver una sociedad expuesta a la manipulación de intereses políticos y económicos; una población vulnerada en sus derechos inalienables y mermada por la preocupación de la economía familiar; individuos enojados y frustrados a quienes ya no les importará el otro y saldrá a caminar, a sentir, a contagiar o no, a contagiarse o no, a robar o no, a dejarse asaltar o no, a sentirse vivo, a disfrutar de lo poco que creía suyo, de la calle, del aire, ver pasar perros, gatos, pájaros, de algo que lo saque del espacio limitado que representa la casa en comparación con lo ilimitado de sus procesos mentales cuya extensión simbólica está representada por el exterior.

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