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Textos y Contextos

Por: Miguel Alejandro Rivera
@MiguelAleRivera

En los últimos días, dos temas en la esfera pública nos demostraron que existen personajes en la política cuyo criterio no les alcanza para entender la realidad en la que viven, la sociedad en la que se desarrollan y en general, el país en el que habitan; más aún, están cegados a los cambios de paradigmas constantes que se han experimentado en las últimas décadas.

Hablamos de Gabriel Quadri y Samuel García, quienes llamaron la atención de las redes sociales por su incapacidad de comprender lo inadecuado de sus discursos y sus acciones.

Primero, tenemos el caso del diputado federal por Acción Nacional, quien fue corrido en vivo de un programa de CNN por su discurso transfóbico. Gabriel Quadri no entiende que los tiempos están cambiando y que atenta directamente contra los derechos humanos de una minoría.

Tan es así, que la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) se pronunció en contra del discurso de odio promovido por Quadri ya días antes de lo sucedido en la cadena de televisión estadounidense, mientras que el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred), analiza también varias quejas recibidas al respecto.

Por eso, no es descabellado pensar en su desafuero, pues, más allá de la ideología panista que podría representar en el Congreso, su conservadurismo trasciende de las opiniones a un discurso de odio que atenta contra grupos que han luchando por sus derechos durante décadas, si no es que mucho más tiempo.

Quadri fue corrido de la transmisión de CNN al decir: “No estoy de acuerdo, insisto, es en que trata de imponerse una ideología trans en la sociedad mexicana (…) un chico de 15 años, un adolescente, un puberto, es influenciado por activistas trans y por la ideología trans, que piensa que por una crisis existencial pasajera, como la tienen todos los adolescentes tiene que poner en duda su sexualidad, entonces entra en procesos de transición y le imponen represores de pubertad, le imponen tratamientos hormonales y lo inducen a la emasculación, a la remoción de sus órganos sexuales masculinos, con consecuencias catastróficas para su psique, para su corazón, para su sistema óseo, para muchas cosas”.
Lo simplista de su pensamiento es triste, retrógrada y claro, conservador, al pensar que la transexualidad es una salida a las crisis adolescentes, y nada más. El diputado, en lugar de legislar sobre temas como las drogas, o la regulación de los contenidos en video juegos e Internet, que en efecto son ejemplos de escapes a los que recurren los jóvenes, forza un discurso para justificar su postura.

Por otro lado está el show de Samuel García, gobernador de Nuevo León, y su esposa, Mariana Rodríguez, quienes pisotean todo tipo de preceptos éticos y morales con tal de seguir alimentando su narrativa enferma de pareja con miras presidenciales.

Es hasta tétrico el hecho de utilizar, recurrentemente, la vulnerabilidad de un sector infantil en su estado; hace algunas semanas, por ejemplo, Mariana Rodríguez cortando su cabello “en solidaridad” a niños con cáncer, logrando politizar un cambio de look que nada tiene que ver con la causa de los infantes. García, no desaprovecha la oportunidad para fotografiar a su esposa cargando bebés asilados en el DIF estatal, como si fueran utilería para una campaña política.

Sin embargo, se sobrepasó la línea en todos niveles este fin de semana que la pareja “adoptó” un fin de semana a un niño del DIF de Capullos, como si un bebé fuera un producto para entretenerse unos días, algo que no te sirvió y lo devuelves, como si cualquiera pudiese ir a pedir un permiso para tener un niño un par de días, nomas porque sí. Peor aún, la enfermedad y megalomanía de Samuel García lo lleva a que se publiquen fotografías del pequeño vistiendo el uniforme del Tigres, equipo de fútbol con el que el gobernador está obsesionado.

Hay historias nefastas de Instagram en la cuenta de Mariana Rodríguez, donde juegan con el niño asegurando que le va a dicho club deportivo, tratándolo como a un juguete que devolverán el lunes. Es tal el bombardeo de contenido que hace obvio el uso político del bebé; el verdadero problema es, entones, que exista una audiencia que de verdad se conmueva con tan malévola estrategia.

En últimos días, García también anunció la construcción de un nuevo estadio para el club de sus amores, con lo que refuerza que gobierna para él y no para la gente que en las redes sociales le pide priorizar cuestiones de seguridad, transporte y vialidades, antes que un estadio para los Tigres. Hay que tener mucho cuidado con esta pareja, porque recuerdan mucho a una que llegó a la presidencia en 2012, vendiendo también una telenovela barata al pueblo mexicano.

Por Columnas

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