El Poli en la 4T: de vuelta al cardenismo

Zianya Martínez

El Poli en la Cuarta Transformación : de vuelta al cardenismo
En 1933, contrario a sus adversarios -los conservadores-, el general Lázaro Cárdenas seguía defendiendo los principios de la Revolución Mexicana. La visión de Cárdenas radicaba en que solamente a través del pueblo se lograría la justicia social y la democracia que continuaba siendo una deuda para entonces y que sin la acción revolucionaria de las masas esta meta no llegaría jamás. Es por eso que el movimiento popular del cardenismo respaldó siempre la soberanía nacional, la justicia social y el desarrollo de México.

El cardenismo, como el proyecto socialista que era apostó por la creación de nuevas instituciones y políticas agrarias, educativas, industriales y laborales con un solo objetivo: la emancipación de la clase trabajadora. Ese mismo, fue el objetivo de creación para el Instituto Politécnico Nacional en 1936.

El proyecto del IPN estaba enfocado en las necesidades del pueblo. Por primera vez, los hijos de la clase trabajadora tendrían acceso a una educación científica, tecnológica, pública y gratuita para construir una educación y una sociedad más justa. Tal y como marcaba el proyecto de nación, el Estado ahora tenía la obligación de preparar científica y profesionalmente al proletariado mexicano a través de esta institución. El politécnico tenía la misión de continuar y profundizar los valores de la transformación cardenista. Por eso mismo, no es casualidad que Andrés Manuel López Obrador recuerde a Cárdenas como un gran referente.

Similar al Cardenismo, hoy la Cuarta Transformación apuesta por la organización popular para construir un proceso de transformación colectiva desde el pueblo y para el pueblo. La fundación y refundación de las instituciones que se adecúen a un nuevo proyecto de Nación, que busca superar el antiguo régimen neoliberal, han sido uno de los pasos más importantes para asentar las bases de la Cuarta Transformación, por lo cual el IPN que hoy atraviesa uno de los momentos más importantes en esta nueva etapa del país con el proceso de designación de Director General, no debería ser la excepción.

La designación de director en el IPN el día de hoy, debe ser algo mucho más significativo que un propio proceso burocrático. Debe significar el compromiso de la Cuarta Transformación con el proyecto educativo consolidado en el cardenismo y por tanto, debe rescatar los principios éticos, ideológicos, científicos y tecnológicos desde los cuales fue fundado para reivindicar la máxima consigna de poner verdaderamente la Técnica al Servicio de la Patria. Este proceso, además debe representar en todas sus formas el ejemplo de que el pueblo organizado eligió el final del régimen neoliberal.

Hace 6 años los politécnicos nos organizamos en contra de un reglamento, de planes de estudio y de decisiones que las autoridades tomaban por debajo de la mesa. Ese movimiento, el más importante en la historia reciente del IPN evidenció la crisis neoliberal- que el IPN enfrenta desde hace años y que sigue vigente a la fecha en diferentes formas-: el abuso de poder de las autoridades, la criminalización de la organización estudiantil y sindical, el papel de los órganos policiales al interior de las escuelas, los sindicatos charros, la precarización laboral, la violencia de género, las redes de explotación sexual de los docentes, los abogados inhabilitados por la Función Pública, los planes y programas académicos precarios, las reformas privatizadoras como la RIEMS y las propuestas de la ANUIES, las plataformas de calificaciones millonarias que terminan en el fracaso, la falta de democracia en la toma de decisiones, la simulación en la democratización del instituto entre otras problemáticas que a por mucho que parezcan comunes en una institución, nunca dejarán de ser graves ni se dejará de condenar su existencia en un instituto dedicado a brindar educación superior al pueblo.
Aquellos planes de estudio y reglamentos contra los que nos organizamos en 2014 en el IPN no pueden volver a tener lugar nunca más en el IPN de la Cuarta Transformación. Aquellas reformas
a las que los ex directores generales (representantes de las mafias institucionales como la ANUIES), en alianza con los gobiernos neoliberales, quisieron incorporarnos como instituto, no volverán a tener nunca más oportunidad de formar parte
de nuestro proyecto educativo. Aquellos que traicionaron el principio de la Técnica al Servicio de la Patria para poner la Técnica al servicio del capital privado de las trasnacionales deberán estar extintos para siempre de nuestra casa de estudios.

El IPN de la Cuarta Transformación es el IPN cardenista, rector de la educación científica, tecnológica y que pone la formación técnica profesional al servicio de las necesidades de los pueblos. El IPN que necesitamos para la transformación que queremos es el instituto que permite que las clases trabajadoras puedan acceder a esta formación y que reivindiquen los principios de la educación pública, gratuita, científica y popular en la que la represión, la violencia y la corrupción, no tienen más lugar. En pocas palabras, en el IPN no cabe más el viejo régimen del neoliberalismo; es urgente que la Cuarta Transformación llegue a nuestra institución.

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