El decadente periodismo nacional

Los años pasan y el caudal de los días, en ocasiones arrastra la fuerza y la voluntad que fueron parte importante del joven aguerrido de otro tiempo.
Algunas personas se “aflojan” y terminan estableciendo rutinas cómodas, en donde antes se daba el compromiso, el trabajo arduo y el deseo de encontrar la verdad.
En ocasiones se dan factores adicionales que propician que el individuo prefiera mantenerse en su nicho de comodidad y privilegio, antes que enfrentar retos que pueden significar la perdida de beneficios de todo tipo.

El empleo bien pagado, las remuneraciones especiales por servicios adicionales, las relaciones con personajes importantes, contribuyen a que la persona opte por mantenerse dentro del perfil que le fijan otros, renunciando a un camino propio que puede entrañar conflictos indeseables.

Esto sucede en todos los ámbitos de la vida social. Hoy, sin embargo, quiero referirme a quienes, trabajando en el medio periodístico, han entrado a una fase de madurez personal, en donde la edad y los compromisos contraídos, impiden que la calidad del trabajo que realizan, sea la misma.

Jorge Ramos es un caso bastante evidente de lo que sucede al periodista que, habiendo tenido un inicio espectacular dentro del mundo de la prensa nacional, termina siendo un títere bien pagado, de los medios de comunicación norteamericanos, a quienes sirve incondicionalmente.

La docilidad de Jorge Ramos en este momento, es verdaderamente de nausea. Ha apoyado las acciones bélicas del gobierno norteamericano en todas partes del mundo. Incluso se ha prestado a montajes periodísticos infames, como el que realizó en Venezuela, cuando pretendió desprestigiar al gobierno de Nicolás Maduro, con una escena filmada en donde se ve a una persona sacando alimentos de un camión de basura. El hombre que aparece en el video, dice que no hay comida en Venezuela y que se come por tanto, cualquier desperdicio encontrado. Lo curioso es que saca del contenedor en el camión, una pieza de pollo con su respectiva guarnición, bien presentada en un plato de cartón.

No hay comida en el país, pero se tira pollo al camión de la basura. Una burla que no le perdonaron las redes sociales.

Aunque no tan señalado como el caso anterior, el periodismo de Jorge Zepeda Patterson, ha registrado un desgaste evidente a últimas fechas. Escribe en el diario español El País, destacado por su conocida filiación conservadora. Patterson fue un columnista bastante objetivo, agudo y con un enfoque personal que lo distinguía de entre los demás. Hace unos días escribió en una nota para Milenio, un análisis sobre el gobierno del presidente López Obrador, en el que señala las “deficiencias” que encuentra para que la economía nacional, basada en el apoyo al consumo familiar, se concrete. Dice que la pandemia tiene su parte en esto, pero acusa al presidente de autoritario y sordo ante los consejos que le llegan de grupos opositores a su gobierno. Habla de que la derecha está debilitada y que no existen en realidad contrapesos que hagan sombra al presidente.

Lo grave en su nota, es que señala que Joe Biden, pudo ser el contrapeso que él ve tan necesario para el país. Una política de presión hacia el gobierno de México, es vista por Patterson como algo sano para nuestra sociedad. Las ideas de que “AMLO es un peligro para México” y de que “hay que impedir que gobierne a como dé lugar” son vistas por Patterson como una alternativa viable. Patterson se ha dedicado en los últimos tiempos, a golpear “disfrazadamente” al gobierno de López Obrador. Lo hace sin demasiado ruido. Pero lo hace. La mayor parte de las veces, sin argumentos sólidos.

El último ejemplo de este tipo de periodismo declinante, lo podemos ver con Carmen Aristegui.

Hace unos pocos años, Aristegui gozaba de un amplio respaldo social. Su programa en radio era asignatura obligada para miles de mexicanos. Las noticias del momento se escuchaban en voz de Aristegui, quien contaba con un equipo de reporteros y analistas de primer nivel.

Fueron años de preferencia incuestionable de las audiencias, hacia una periodista que tiene calidad y solida formación en los medios informativos.
Pero eso es pasado y el correr del agua ha desgastado la imagen de quien hoy es vista por buena parte de la audiencia que la acompañó en otro momento, como una enemiga declarada del gobierno de la Cuarta Transformación.

A la Aristegui del pasado la defendió la sociedad en su conjunto, ante la violencia que ejercieron hacia su periodismo los gobiernos de Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto. Hoy, su nivel de audiencia se encuentra muy a la baja y es bastante improbable que la sociedad le brinde hoy el cerrado apoyo que le otorgó hace unos años.

La Aristegui de estos días, dista mucho de aquella otra. Se ha convertido en una golpeadora más al gobierno de López Obrador.
Sus mesas de “análisis” dan nauseas al estar integradas con personajes de la peor derecha nacional, carentes de credibilidad y con historiales bastantes sucios, como es el caso del exministro José Ramón Cossío, o Denise Dresser, emblemática creadora de fake news en contra del gobierno de la Cuarta Transformación.

Ya no hay objetividad en el periodismo transmitido en el portal de Carmen Aristegui. Hay un intento sistemático para manchar al actual gobierno y a los personajes que están integrados al mismo.

Pero hay más con Aristegui.

Las redes sociales le incomodan. No puede entender la razón por la que ahora le muestran su rechazo. Antes la querían y hoy le critican el tipo de periodismo que quiere impulsar.
Periódicamente, Aristegui descalifica a quienes participan en redes sociales y le señalan sus faltas como periodista. Acusa a todos ellos de ser bots y de estar pagados por el gobierno de López Obrador.

Aristegui ya no hace trabajo de investigación. Se contenta con presentar los “mapeos” estúpidos que encarga a Signa Lab Iteso, en donde todo el que se mueve dentro de la “nube” del debate en redes y que opina en contra de la posición defendida por Aristegui, es bot, o pertenece a las “granjas pagadas por presidencia”.

Ésa es su única prueba. En eso basa su ataque continuo en contra de unas redes sociales que le han retirado en buena medida su apoyo.
Estos tres periodistas están siendo alcanzados por la edad y tienen intereses políticos y económicos que defender.

Están muy cómodos dentro de sus nichos de confort.

Acusan a ciudadanos de carne y hueso, de recibir dinero indebido, siendo que son ellos quienes ganan buenas sumas por el tipo de periodismo que practican en este momento. En las redes sociales existen los bots, efectivamente. Pero estos, por regla general, no piensan. Solo replican mensajes sencillos y sin calidad.

En las redes sociales, hay también mucha gente que participa por convicción. Por un sentido de responsabilidad social que falta en muchos periodistas.
Muchos, jamás hemos recibido un centavo por nuestra participación en redes sociales. Nos sabemos ganar la vida de otro modo.
Estamos aquí porque creemos en un proyecto nacional y apostamos por un cambio sano para el país.

Si Aristegui y Signa Lab Iteso dicen que somos bots, que lo demuestren. No con sus ridículos “mapeos” en los que pocos creen.

Hagan un buen trabajo de investigación como lo hacían en los viejos tiempos. Cantidades. Origen y destino de los recursos. Número de cuentas. Nombre de los involucrados. Fechas.

¿Quieren recobrar audiencias?
Entonces hagan un trabajo profesional y dejen de calumniar y mentir tan desvergonzadamente.
Es lo que les exige la sociedad.

Malthus Gamba