Las claves de la reunión de AMLO con Trump

Cómo analizar la política exterior de un país

La política exterior de una país es siempre la relación entre dos niveles: la vida interna del estado y la relación del estado con su exterior: los demás miembros del sistema internacional.  Ambos elementos de la realidad de cualquier estado están relacionados íntimamente: dependen el uno del otro.

Estos dos elementos no son fijos; por un lado, la vida interna está condicionada por la correlación de fuerzas entre los diferentes sectores de la sociedad que están  constantemente en disputa por controlar, precisamente el rumbo del país. Se disputan las relaciones sociales, económicas, culturales y políticas: el campo de batalla es el de las instituciones del estado. Por otro lado; la realidad externa a los países también está en constante cambio: los bloques comerciales, acuerdos internacionales, guerras, enfrentamientos diplomáticos, son asuntos que ningún país controla por sí mismo.

Para analizar la política exterior de cualquier país, entonces, no basta solamente con relacionar al estado con otro estado. Hay que mirar la combinación de los dos factores (interno y externo), tanto del país que estudiamos, como de cada país con el que se relaciona. Para traducirlo al asunto de la relación bilateral entre México y Estados Unidos tenemos que buscar los cuatro elementos: vida interna de México, vida externa de México, vida interna de Estados Unidos y vida externa de Estados Unidos.

Hacer esta distinción es importante porque de esa manera podemos comprender que una visita de estado o una decisión diplomática no se resume a dos personalidades. Los jefes de Estado representan cada a un conjunto de elementos, actores e intereses que están en conflicto unas con otras. En México, Andrés Manuel representa el conflicto entre el pueblo y la mafia del poder. En Estados Unidos, Donald Trump representa al conflcito entre el Partido Demócrata y al Partido Republicano. Además de eso, ambos países (y sus jefes de Estado) están siendo sujetos de vigilancia continua por los otros miembros del sistema internacional (medios de comunicación internacionales, empresas transnacionales, otros gobiernos, etc).

Si nos damos cuenta de esto, podemos analizar correctamente la visita  que está por hacerle Andrés Manuel a su homólogo Donald Trump (mientras escribo estas líneas el presidente de México está volando rumbo a los Estados Unidos).

La diferencia entre las vidas internas de México y Estados Unidos

Antes de que sucedieran las protestas multitudinarias en contra de la violencia policial racista en Estados Unidos, parecía inminente la reelección de Trump en las elecciones de noviembre de este año. Con Bernie Sanders sometido a la presión interna del Partido Demócrata, simplemente no se veía rival que pudiera competir con el presidente de Estados Unidos.

Pero las cosas cambiaron drásticamente: es interesante darse cuenta de que muchos analistas relacionan la explosión de las protestas con otro factor; el malestar generalizado en la sociedad mundial por el encierro. Si hacemos un ejercicio de memoria, el movimiento de Black Lives Matter fue el primer elemento que sucedió en público desde que la gente en el mundo se confinara en cuarentena. Hablo de esta relación porque hablo de emociones públicas, que son un factor esencial para hablar de política : la explosión social en Estados Unidos combinó una serie de símbolos y emociones que debilitaron a Trump. Hasta dónde podrá recuperarse el presidente de Estados Unidos es una cosa que desconocemos.

En México, como en el mundo, la crisis del COVID-19 ha afectado en todos los niveles de la vida pública. Sin embargo es de notarse que Andrés Manuel, el presidente más legítimo en la historia contemporánea del país, sigue siendo el hombre más fuerte en la opinión pública. A pesar de que la oposición ha intentado desestabilizar la imagen mediática del presidente, o sus alianzas con los sectores económicos y sociales, México es un país políticamente estable en su vida interna.

Hay que recordar -y esto es esencial en la relación con Estados Unidos- que dos de los pilares del proyecto de la Cuarta Transformación son la soberanía energética y el desarrollo económico para el bienestar generalizado. Resulta claro que en ambos ámbitos, profundos y poderosos intereses económicos (muchos de los cuales surgen de Estados Unidos) están siendo incomodados.

El presidente de México ha afianzado apoyo de los sectores público y privado para hacer avanzar sus proyectos de desarrollo: la política energética incluye electricidad y petróleo, pero también están los programas de bienestar social, el Tren Maya y el Tren Transístmico como pilares para el desarrollo.

Actores externos en México

La primera entrevista que dio Andrés Manuel como presidente de México fue al grupo Bloomberg, que insistió  en la “confianza de los inversores” para presionar a Andrés a comprometerse a defender los intereses económicos de los grupos especuladores financieros. El presidente de la República ha cancelado contratos que han sido incumplidos por las concesionarias extranjeras: dichas empresas han especulado con la moneda mexicana sin producir o extraer nada de petróleo. Por increíble que parezca, los gobiernos anteriores lo permitían.

AMLO con Bloomberg: ganchos al hígado del sistema neoliberal

El esfuerzo por producir y refinar petróleo de México es uno de los que ha activado más agresivamente tanto a nacionales como a extranjeros. Sobra decir que algunos de los críticos más férreos están financiado por empresas transnacionales extranjeras o think tanks que han promovido la reforma energética de Peña Nieto. Para muestra un solo ejemplo: en la página oficial del centro de investigación IMCO se puede leer que sus principales patrocinadores económicos son el Consejo Mexicano de Negocios, la Hewlett Foundation y el organismo del gobierno estadounidense USAID.

Tan cierto es que el sector financiero está emprendiendo una guerra mediática contra Andrés Manuel, que el mismo diario Bloomberg fue el emisor de la opinión de que México está “desmantelando la democracia”, en un artículo firmado por Shannon O’Neil. Hay que resaltar que las opiniones que se emiten en Estados Unidos son las que después se reproducen textualmente en los medios nacionales de México, como muestra un análisis del Centro Latinoamericano de Estudios Geopolíticos.

 

El presidente requiere, en todo momento de una estabilidad interna -que mantiene hasta hoy- y de una correcta política exterior para lograr sus objetivos.

La relación bilateral

En diplomacia, como en negocios y política, las debilidades y fortalezas son relativas. Si bien es cierto que México es altamente dependiente de Estados Unidos en términos de seguridad y economía, también es igual de cierto que Estados Unidos depende de México para su propia seguridad y la economía.

Ambos rubros del proyecto de nación estadounidense pasaron por el estilo de negociación de Trump -ese al que los medios de comunicación tradicionales dedican tanto tiempo-. Pero también ambos han pasado por el lado de México, aunque los medios nacionales se empeñen en visibilizar el talento del equipo de Andrés Manuel en términos de política exterior.

En el ámbito comercial, el Estado mexicano bajo el gobierno de Andrés Manuel no tenía un interés prioritario. Los esfuerzos de la Cuarta Transformación  -ya se ha dicho- están encaminados en resolver problemas más estructurales e internos: la violencia, la corrupción y el desarrollo nacional. Sin embargo, de nuevo el tema energético fue defendido como pilar del proyecto nacional de desarrollo. Una de las cosas que destacó el canciller Marcelo sobre la transformación del TLCAN en T-MEC fue el hecho de que el tratado especifica -por exigencia mexicana- que antes que la integración energética de América del Norte, México salvaguarda su propia soberanía.

Es justamente el hecho de que Estados Unidos depende en buen grado de la voluntad mexicana -a pesar de la inmensa asimetría de poder- que el gobierno de Donald  Trump ha respaldado la postura energética del gobierno de México ante la OPEP.

Petróleo y medicina: la política exterior de México en tiempos del COVID-19

El tema más complejo es, sin duda, la migración. De todo mundo es sabido que la retórica de nacionalismo agresivo de Donald Trump ha puesto un acento de dificultad en la relación con México. Para entender el asunto tenemos que analizar de nuevo la vida interna de Estados Unidos, sus emociones y los símbolos alrededor de los que se da la disputa política en Estados Unidos.

Trump logró llegar al poder capitalizando el racismo y la xenofobia contra los inmigrantes que llegan Estados Unidos desde México, Centroamérica y Medio Oriente. Aunque en 2015 sus rivales fueron tomados por sorpresa, hoy las cosas no son lo mismo en el terreno del pueblo estadounidense, que reaccionó finalmente al racismo de Trump y sus bases en el ya mencionado #BlackLivesMatter.

Para México, la vida interna de Estados Unidos es solamente algo qué analizar en búsqueda de debilidades (como la de Trump hoy), pero no un campo de acción. Eso es algo que Andrés Manuel ha entendido desde el día cero, cosa que ni Peña ni Calderón, ni la oposición ha logrado entender. Los vaivenes del Partido Demócrata y el Partido Republicano en Estados Unidos suelen ser estrategias electorales: apelar a las emociones y a los símbolos para conseguir el voto.

Pero en los hechos, el gobierno de Obama, tanto o más que el de Trump, ha deportado, perseguido y asesinado migrantes mexicanos, centroamericanos y de Medio Oriente. Pero también ambos gobiernos han sido responsables directos de las causas de la migración: ni Obama ni Trump han parado las hostilidades contra países de Medio Oriente o las intervenciones y apoyos a golpes de Estado en Centroamérica y América Latina.

La diplomacia mexicana ha elegido trascender de las grillas entre partidos estadounidenses y plantear sus principios en un programa sólido e integral para atender a la migración desde sus causas: la falta de desarrollo económico y la inseguridad. México ha defendido estos principios no solamente en Estados Unidos, sino en los principales organismos internacionales, como la CEPAL, el G-20 y la ONU.

Si bien para Estados Unidos el tema de la migración ha sido tratado -al menos de manera pública- como un asunto de seguridad (a eso se debe que la Iniciativa Mérida pactada por el gobierno de Calderón tenga como condición la militarización permanente de la frontera sur de México), el gobierno de México ha insistido en que se trata de un problema de desigualdad y desarrollo.

Desde los primeros días, México ha impulsado el  Plan de Desarrollo Integral El Salvador-Guatemala-Honduras-México, respaldado por la Comisión Económica para América Latina y El Caribe (CEPAL) de la ONU. Este trabajo de la diplomacia mexicana busca llevar la discusión hacia el desarrollo económico y no hacia la militarización de las fronteras. Andrés Manuel respalda la idea de que “el derecho al desarrollo en el lugar de origen es la solución para que la migración sea una opción y no una obligación”, como afirma la CEPAL.

La comunidad internacional se muestra con confianza hacia México, y la primera región del mundo en afirmarlo ha sido América Latina y El Caribe, respaldando la candidatura de México al Consejo de Seguridad de la ONU, que ya fue votada de manera favorable para México por la Asamblea General de la ONU.

México ha sido electo como miembro del Consejo de Seguridad de la ONU

Conclusiones

Más allá de los discursos incendiarios de Trump, está la realidad estructural que comparten México y Estados Unidos: una codependencia asimétrica en la que México tiene que saber navegar en todo momento. Como hemos visto, Estados Unidos es un caos a lo interno: con una de las peores afectaciones por la pandemia del Covid-19 y una sociedad civil al borde del enfrentamiento violento, las debilidades de Trump son más visibles y urgentes que nunca.

En México, la estabilidad política es la más grande que se ha visto en muchos años y el Proyecto de Nación está apuntando a remover intereses corruptos de agentes tanto extranjeros como nacionales que en todo momento están dispuestos a defenderse y contraatacar. Gran parte de la labor política del presidente consiste en neutralizar estas intenciones a nivel de suelo, con la gente. Trump, en última instancia respeta  a Andrés Manuel porque sabe del enorme apoyo popular que éste tiene en México.

No hay que perder de vista la alianza de ciertos integrantes del Partido Demócrata con miembros del antiguo régimen en México. Los miembros más sensatos del Partido Demócrata entienden que meterse con Andrés Manuel es perder de tajo una porción de legitimidad que necesitan si quieren aspirar a vencer a Trump. Por ello Obama recomendó al candidato Demócrata Joe Biden no agredir al presidente mexicano. Y por ello también los Demócratas han buscado, sin éxito, menoscabar de manera indirecta – en la opinión pública- la imagen del tabasqueño.

De este lado del río, la preocupación tiene a la oposición en un vilo: les preocupan los asuntos de corrupción entre el gobierno de Calderón y las agencias de seguridad estadounidenses -muchas de ellas más cercanas al Partido Demócrata que a Trump-, como el Operativo Rápido y Furioso, o el conocimiento que tenía Estados Unidos de que el crimen organizado trabajaba de la mano con funcionarios de alto nivel de ambos lados de la frontera. No es casualidad que ayer la cancillería mexicana hiciera pública la Revista Mexicana de Relaciones Exteriores 2020: su tema central es, precisamente, el tráfico de armas.

Si Trump quiere o no intentar usar la reunión para favorecer su posición rumbo a las elecciones no es asunto de México. Desde nuestro país la lectura está clara: la correlación de fuerzas dentro y fuera de México es favorable para la Cuarta Transformación. Con un Estados Unidos débil, polarizado y entre protestas, el magnate de la Casa Blanca tiene más debilidades que nunca, y esa es la mejor carta para que México negocie mejores condiciones para garantizar su proyecto político.

error: Content is protected !!