¿Se volvió Slim obradorista?

El día de ayer, durante la conferencia matutina de prensa, vimos un breve mensaje conjunto de representantes del sector empresarial y parte del gabinete presidencial, encabezado por Andrés Manuel. La presencia más sorpresiva, comentada y debatida fue, sin duda, la del empresario Carlos Slim, hombre más rico de México y dueño de una cantidad enorme de empresas de todo tipo en México.

Son dos las ideas más importantes que a mi parecer se comunicaron: la primera es que la Comisión Federal de Electricidad y las empresas por fin llegaron a un acuerdo luego de que Bartlett se opusiera a los firmados entre el gobierno de Peña Nieto y los empresarios. La otra es que Carlos Slim manifestó públicamente que confía en el plan de desarrollo del Gobierno Federal y que le parece intrascendente el resultado del crecimiento del primer año de la administración de Andrés Manuel.

La reacción de la derecha fue un corto circuito. De pronto, la dicotomía empresarios/gobierno, en la que habían articulado su discurso desde las campañas, dejó de ser efectiva. La imagen del presidente autoritario que no es capaz de llegar a acuerdos y gobierna por capricho la desmiente el acuerdo mismo; pero la idea de que el proyecto económico de Andrés Manuel va mal sufre un golpe muy duro cuando éste es respaldado por el empresario más poderoso de México, alguna vez el más rico del mundo.

Hicieron corto circuito porque no logran entender aún el planteamiento del Gobierno Federal: no se plantearon comprender a su oponente en serio, sino en solo denostarlo. Y el discurso que habían logrado construir se les vino abajo: el enemigo de los empresarios desapareció y el país a la deriva macroeconómica no era tal.

Si hubieran prestado atención a todos los mensajes que dio AMLO al sector empresarial, y las evidencias de que hay cercanía entre ambos desde mucho antes de hoy, o hubieran escuchado que el plan nacional de desarrollo siempre planteó modelos de inversión mixta entre el gobierno y la iniciativa privada, no les habría caído tan de sorpresa.

La oposición no entendió el planteamiento central de la Cuarta Transformación: separar el poder político del poder económico en un contexto posneoliberal significa respetar la autonomía del sector empresarial pero exigir respeto a la autonomía del estado: no pelear con los empresarios pero sí hacer uso del derecho del Estado mexicano a exigir condiciones justas para el pueblo al que representa y cuyos intereses juró defender.

No es que Slim se haya corrido a la izquierda, es que la imagen que tiene la derecha de Andrés Manuel es irreal y los hechos lo demostraron hoy. La coincidencia entre miembros de la industria nacional y el gobierno mexicano es entendible estratégicamente: el gas que se compraría es necesario para producir energía eléctrica, que será más barata para la CFE y también para los mismos empresarios, que requieren de la energía para producir.

La esfera del poder público/político demuestra ganar espacio respecto al poder privado/ económico: el sector empresarial nacional se ve obligado a ceder a las demandas del estado mexicano, que exigía condiciones más justas, se prevé un ahorro para el erario público de 4,500 millones de dólares.

En el mismo sentido, la conferencia mañanera es una herramienta poderosísima; hace que la responsabilidad política de lo anunciado se comparta. Ya no es el gobierno el único que responde, sino que también el empresario queda sometido al escrutinio público, por lo que debe responsabilizarse del mensaje que da de cara a la nación. En este contexto se da la declaración de Slim en torno al crecimiento y el desarrollo.

Andrés Manuel gana porque se hace palpable que su proyecto es bien visto por un sector importante del empresariado, y gana también el estado mexicano al plantar cara con éxito al exceso de 4,500 millones de dólares que consideraban injusto tanto Andŕes como Manuel Bartlett. Y la derecha se va a tardar mucho en entenderlo.

@RodrigoGuillot