Activismo y trolleo en las benditas redes sociales

@_BarbaraCabrera

“Todos tenemos la esperanza de que el mundo pueda ser un lugar mejor donde vivir y la tecnología puede colaborar a que ello suceda”

Tim Berners Lee

Cuando decidimos participar en asuntos públicos, seguramente no siempre se cuenta con el tiempo y la economía para desplazarse hasta el lugar de alguna manifestación, protesta o movilización; no obstante, en esta época donde estamos interconectados es posible intervenir e influir en la vida socio-política de una manera distinta a la tradicional; es así que surgen los activistas digitales, esas personas que apoyan y se solidarizan a una causa en unos cuantos clickeos, dando enter, likes, retweets, recompartir… Pero mucho ojo porque ser activista digital no se circunscribe únicamente a lo anterior. Por lo que acompáñenme para saber que NO es ser un activista digital:

  • Ceder tu muro o timeline para únicamente pegar, replicar o retuitear mensajes de otros.
  • Pretender ser quien diga a los demás que hacer y que no hacer, estableciendo con ello un instructivo sin dar posibilidad a los demás usuarios a emitir su opinión.
  • Convertirte en una máquina de retuiterismo, megustismo, likismo o favoritismo en la red social de que se trate.
  • Etiquetar a quien se atraviese para que supuestamente tu mensaje llegue a más personas.
  • Convertirte en spam o crear hashtag a la menor provocación.
  • Trollear en cualquiera de sus manifestaciones.

Siguiendo los pasos de los activistas digitales se encuentran aquellos personajes conocidos como trolls, los encapuchados de las redes sociales, término que evoca lo poco, lo nada o a veces lo mucho que sabemos (y no se quisiera saber) de este tipo de actores. De algunos se desconoce su origen e identidad. Otros, son fácilmente identificables, por ser mostrones.

Hoy más que nunca, en el mundo virtual existen cuentas cuyo objetivo es lanzar mensajes tendientes a diluir temas álgidos o a incendiar las redes provocando odio, división y hasta temores en los demás usuarios.

Los casos más representativos los encontramos en Twitter, por ser una de las redes sociales más influyentes que trasciende los 280 caracteres y que constituye –como ya lo he dicho- el fiel reflejo de la plaza pública y un punto de referencia en otras plataformas y medios de comunicación.

Pues bien, dichos especímenes están dispuestos a atacar a la menor provocación, es decir parecen soñar, comer, vivir y recrearse al censurar, atacar hashtag y evitar que se vuelvan Trending Topic (TT).

Estos personajes gozan y se regodean diluyendo, descontextualizando y bajando la intensidad de las movilizaciones, a través de mensajes inconexos. Son algo así como “zopilotes” prestos a cazar a su próxima presa.

En este orden de ideas, los trolls, son aquellos que publican mensajes provocadores, insultantes o fuera de conversación en una comunidad en línea, en este caso Twitter, con el objetivo de molestar o incitar una reacción en los usuarios con fines diversos y lograr con ello alterar e interrumpir una conexión (sea para organizarse, manifestarse o simplemente crear comunidad) logrando que los mismos participantes se molesten y enfrenten entre sí. Es decir, estamos ante tuiteros que usan la violencia verbal, cuya falta de argumentos se ve más allá de lo evidente.

Como ejemplo de trolls en Twitter encontramos a Vicente Fox (el más nocivo de todos), y a Felipe Calderón (quien tiene a su vez a un ejército de bots a su servicio).

También hay personajes menores que se creen grandes como Javier Lozano y Fernando Belaunzarán, así como otros tantos minúsculos trollecillos que no vale la pena mencionar.

Para finalizar esta Nornilandia, vale la pena hacerlo aportando el ciclo ideal del activismo digital. Distingamos:

  • Se presenta un evento, hecho u omisión crítica.
  • Pueden surgir dos hipótesis:
  1. El olvido y resignación (apatía)
  2. Indignación y movilización (activismo digital)
  • Si se actúa se hace a través de las distintas redes sociales y plataformas, a través de la utilización de hashtag, tweets, post, llamados, opiniones, videos, imágenes y todo aquél elemento que aporte a ese llamado de atención y convocatoria para pasar al siguiente nivel.
  • Una vez conjuntados los esfuerzos digitales, será necesario trasladar a la plaza pública las inconformidades, llevando las propuestas por escrito y manifestaciones a la calle, a los actores e instituciones involucradas.
  • Luego habremos de dar seguimiento a ese evento, hecho, escrito u omisión crítica que ha detonado el activismo digital para influir y así contribuir a las diversas políticas públicas, así como a la sensibilización social, a la vez que construimos una ciudadanía empoderada, proactiva, participativa, informada y poderosa.

Logrado ese equilibro es como comprobamos los cambios en la palestra socio-política. Lo hemos logrado a nivel federal, ahora solo faltan algunas entidades federativas donde el neoliberalismo se ha enquistado y continúa dañando algunos Estados.

Hoy, gracias a las benditas redes sociales, herramientas poderosas generadoras de cambio, los políticos de siempre y gobernantes corruptos pregoneros del neoliberalismo han atestiguado que la transformación de este país va y es en serio, a pesar de los trolleos y sus personeros. Por eso, cierro esta Nornilandia convocándolos a que ¡no alimenten a los trolls! Ignórenlos, solo así los nulificaremos y seguiremos avanzando.

Es todo por hoy.

¡Hasta la próxima Nornilandia!

Bárbara Cabrera

Escritora. Investigócrata. Columnista. Divulgadora del conocimiento, quien está entre letras, con su café y a un tweet de distancia.