Emiliano Zapata en la Cuarta Transformación

Hasta hace poco, durante el periodo en que el neoliberalismo gobernó en México, era apreciable para todos, que había héroes nacionales de primera o personajes históricos de segunda categoría, a los que había que mencionar de vez en cuando, pero sin darles la dimensión real que tuvieron en el desarrollo de nuestra nación.

El PRI, tiene una particular preferencia por aquellas personalidades que prepararon el camino que condujo al nacimiento de su partido político. El movimiento revolucionario, tuvo dos banderas bien definidas, en lo que corresponde a los fines que perseguía la revolución de principios del siglo pasado.

Por una parte, están el conjunto de pequeños propietarios, políticos e incluso hacendados, que buscaban en la revolución un cambio político, que les permitiera llegar al poder. El cambio social, no les interesaba en nada. Eran sus ambiciones personales y de clase las que defendían. A esa clase pertenecían Carranza, Obregón, Calles e incluso Madero. Todos estos personajes recibían de los gobiernos de PRIAN, honores especiales, en las fechas de nacimiento, o en la conmemoración del inicio de la lucha revolucionaria.

Por debajo de ellos, fueron colocadas las dos figuras populares que representaban y defendían los derechos de los más humildes y que de ningún modo tenían ambiciones políticas, en contraste con las dirigencias conservadoras. Su lucha fue siempre social, en un intento por establecer condiciones de vida y trabajo justas, para todos los mexicanos. Villa y Zapata son los luchadores sociales que no agradan al neoliberalismo. Fueron relegados en la narrativa oficial durante ese periodo y sus homenajes siempre resultaron muy discretos.

Se ha dicho muchas veces que la historia la escriben los triunfadores. Esto es una verdad a medias.

Figuras como Carranza, Calles u Obregón, no han quedado registradas en la memoria popular, como personajes reconocidos por su trayectoria a favor de la gente humilde. Son más bien figuras un tanto grises.

Hablar de Villa y Zapata es otra cosa. Se les recuerda y reconoce a nivel del popular, aunque los gobiernos del neoliberalismo hayan pretendido desdibujar su papel histórico. Son dos leyendas que salieron del pueblo, vivieron para el pueblo y murieron por el pueblo.

Adolfo Gilly escribió hace años un libro, titulado La Revolución Interrumpida, donde señala que la guerra de masas convocadas durante el conflicto revolucionario, se movió con la mayor eficiencia, en torno a estas dos figuras. Al final, los frutos del conflicto armado los disfrutó el ala conservadora del movimiento. Sin embargo y contra la voluntad de Carranza y demás jefes militares, varias de las propuestas de las clases desposeídas, tuvieron que se incorporadas a la nueva Constitución, en calidad de derechos de clase.

Gilly nos dice que la Revolución Mexicana es un proceso inconcluso La solución al problema social, no ha sido resuelta por los gobiernos neoliberales. Por el contrario, hemos vivido un deterioro progresivo en la calidad de vida de las clases más vulnerables. Falta dar solución final a la enorme desigualdad que se vive en México.

Es por ello que, en el gobierno de la Cuarta Transformación, se esté dando un cambio significativo en la manera de ver la historia. El reconocimiento que hoy se hace a la figura de Emiliano Zapata es no solo justo, sino también importante.

Emiliano Zapata, al igual que Francisco Villa, encarnaron en su momento la lucha de los que menos tienen, por dar impulso a un mecanismo de cambio, que se tradujera en mejores condiciones de vida para la clase obrera, que es en realidad la que produce la mayor parte de la riqueza nacional.

Si efectivamente, la revolución iniciada en 1910, quedó interrumpida, este momento histórico que hoy nos toca vivir, puede ser el enlace entre aquello por lo que pelearon con valentía nuestros bisabuelos y por lo que nosotos actualmente estamos luchando. Freno a las desigualdades sociales, mejores salarios y condiciones de vida, seguridad y paz para todos, educación y asistencia médica para la totalidad de los mexicanos. Eso es lo que está requiriendo el pueblo que apoya a la Cuarta Transformación en estos momentos. Son las mismas banderas, enarboladas hace poco más de cien años.

Reconocer a las figuras de Emiliano Zapata y Francisco Villa, es reconocernos a nosotros mismos como continuadores de la lucha por ellos iniciada.

Es además un reconocimiento a dos seres humanos que, acompañados de miles de mexicanos, dieron su vida por alcanzar las conquistas sociales que hoy siguen siendo las banderas de los que menos tienen.

Bien, por el gobierno el cambio.

Malthus Gamba
@MalthusGamba

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