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Y que se nos enoja la ‘prensa sicaria’…

Las conferencias del presidente por las mañanas, son un ejercicio inédito no solo en México, sino en el resto del mundo.
Se requiere una condición física de primer orden para acudir diariamente a una reunión del gabinete de seguridad, que arranca a las seis de la mañana y acudir de inmediato a esa cita con la prensa, donde López Obrador enfrenta a reporteros que no siempre acuden a la conferencia con buenas intenciones.

A los largo de los dos primeros años de gobierno del presidente López Obrador, hemos sido testigos de la manera en que ha sorteado sin mayor dificultad, las preguntas que los emisarios del sector político y empresarial, han intentado colocar como piedras en el camino de la Cuarta Transformación.

El presidente jamás se ha quejado de la capacidad personal y profesionalismo de los periodistas que acuden al evento matutino. Pero sí ha señalado el hecho de que determinados medios de información, manipulan la realidad del país.

Tiran línea a sus reporteros, analistas y periodistas, para difundir información tendenciosa y en muchos casos falsa.

En las más de trescientas conferencias matutinas realizadas hasta el día de hoy, el grupo de reporteros que responde a intereses de quienes defienden la postura conservadora en nuestro país, no ha podido encontrar un punto débil en la argumentación del presidente. Y eso que han enviado en ocasiones a sus elementos más calificados, como Denise Dresser y Jorge Ramos.

En realidad, al finalizar estos encuentros, los enviados por los medios reaccionarios en el país, han salido con la cola entre las patas, según reza el dicho popular.

Aparte de la buena condición física del presidente a la que hicimos referencia, su capacidad de análisis y respuesta, ha estado muy por encima de la pobre argumentación que presentan periodistas, analistas y reporteros que trabajan por la causa neoliberal.

A todos ellos, solo les ha quedado la descalificación posterior, una vez concluido el ejercicio periodístico en Palacio Nacional.

Las respuestas del presidente los dejan en silencio. López Obrador explica con claridad los motivos y razones sobre cada acción de gobierno. Todo lo que preguntan se contesta y si no se tienen los datos suficientes en el momento, se programa el tema para una fecha posterior, donde los funcionarios públicos que conocen sobre el asunto, se presentan con toda la información necesaria.
Incluso las preguntas que solicitan una opinión personal del presidente, son respondidas con honestidad y claridad.

Ese es el caso que está ocupando ya a los periodistas conservadores el día de hoy. Una opinión que se solicitó al presidente, por el dicho del académico John Ackerman, en relación al comportamiento profesional de cierto tipo de periodismo.

A la pregunta de una reportera, sobre el calificativo que da Ackerman a quienes utilizan los medios de comunicación de su propiedad, para golpear, en base a mentiras y manipulación informativa, a determinados personajes que integran el equipo de trabajo del presidente, o son identificados como simpatizantes de la Cuarta Transformación, el presidente respondió lo siguiente:

“A los conservadores les gusta hacer, pero no les gusta que les hagan”

Recordemos que el calificativo que John Ackerman da a estos medios, es “prensa sicaria”.

Toda la prensa conservadora se ha puesto el saco, sin tener en cuenta que Ackerman no señala en particular a personajes o periodistas en forma particular. Si acaso, quien se pudiera sentir aludido directamente, sería Carlos Loret de Mola, “Lord Montajes”, quien escribió un artículo con información sesgada y mentirosa, relativa a los bienes que tienen declarados desde hace años, Ackerman y su esposa, Irma Eréndira Sandoval.

No les gustó en nada el calificativo “sicaria

Y tan no les gustó, que de inmediato recurrieron a los viejos y desacreditados organismos nacionales e internacionales “en defensa de los derechos del periodista”, para que respaldaran su inconformidad.

¿Pero en realidad qué les dijo Ackerman?

Pues que su comportamiento, en varios aspectos, es semejante a la conducta de quienes forman parte de algún grupo criminal.
Es mentira que les haya dicho asesinos, de manera directa. Esta es otra más de las falsedades que acostumbre difundir la prensa conservadora.

Un sicario no solo mata.

Un sicario también amedrenta, extorsiona, vigila, intimida, opera en favor de las cabezas e intereses del grupo al cual pertenece. Y todo eso lo hace al margen de las reglas y leyes que aplican socialmente.
Sicario no solo es el que mata. Sicario es también el que incurre en conductas como las señaladas. A eso se refiere Ackerman cuando a llama a determinados medios “sicarios”.

Faltan a las reglas y al profesionalismo que exige la actividad periodística. Son empleados a sueldos de determinada facciones, con intereses particulares. Son vigías o “halcones” que están al pendiente de posibles puntos vulnerables de los personajes identificados con la Cuarta Transformación. Tratan de intimidar a los mismos, con notas donde ponen en duda la integridad y conducta de estos servidores públicos. Todo basado en noticias falsas. Son operadores disfrazados que defienden al neoliberalismo, aparentando una “independencia” que no tienen. Trabajan a sueldo y “la verdad” es lo que menos les importa.

Ese comportamiento y perfil periodístico, los hace merecedores al calificativo usado por Ackerman.
Se les podría calificar también como “medios mercenarios”, o “medios prostituidos”. Pero de seguro tampoco serían de su agrado estas calificaciones.

El presidente respondió hoy a quien le preguntó su parecer sobre lo dicho por Ackerman en la forma señalada. A la clase conservadora le gusta presionar a sus oponentes en todas las formas posibles. Desde la propuesta a un golpe de estado, hasta la invitación a un magnicidio, tal y como lo ha hecho en fecha reciente Gilberto Lozano.
La guerra sucia en medios de comunicación convencionales en contra del presidente y su gobierno, es una realidad inocultable. Es diaria y se basa en noticias falsas.

La reportera seguramente esperaba el día de hoy una respuesta del presidente, condenando lo dicho por Ackerman. Pero el presidente contestó con la verdad, de acuerdo a su costumbre.

Si los conservadores son buenos para comportarse de modo indigno un día sí y el otro también, que asuman entonces el costo de sus acciones. Sicario no quiere decir asesino necesariamente.

El calificativo tiene una amplia gama de matices, que en muchos sentidos, son aplicables a los medios pagados por los pequeños grupos conservadores que quieren descarrilar, por el medio que sea, al legítimo gobierno de la Cuarta Transformación y a su presidente.

Pero el pueblo de México está cansado de todo tipo de sicarios. Han sido décadas de soportar a las mafias incrustadas en todos los ámbitos de la vida nacional.

Para acabar con todos ellos, lo primero es llamar a las cosas por su nombre.
Y estos medios, en verdad trabajan a sueldo como sicarios del neoliberalismo.

Malthus Gamba