Parece mentira, pero estamos viviendo una elección menor, donde está en juego el futuro de los principales partidos opositores del país.

Si esto nos lo hubieran contado hace tres años, pocos hubieran creído posible que se diera un escenario de esta naturaleza.

No se trata de la gran elección sexenal. Ni siquiera de la intermedia. Solo en seis entidades federativas habrá comicios.

En las elecciones que se verificarán el próximo 5 de junio, se da por descontado que los triunfos importantes, caerán del lado de Morena. Es probable incluso que la aplanadora del partido fundado por el hoy presidente López Obrador, consiga la paliza con “carro completo”

Tanto priista como panistas, no están jugando verdaderamente a ganar. Lo suyo es un intento desesperado por mantener ambas franquicias con vida. Saben que los números sobre militantes y puestos de elección alcanzados, no son suficientes para mantener su registro como fuerzas políticas. Del PRD ya ni hablamos. Está muerto y solo hace falta el certificado que dé fe del hecho.
El debate que vemos en medios de comunicación y redes sociales, no tiene como finalidad conseguir los votos suficientes para que los candidatos opositores ganen en una competencia cerrada.

El fin que se persigue es alcanzar los votos suficientes para no perder el registro. Un modesto 5%, o más si se puede.

Todo lo que publica la prensa reaccionaria y se dice en radio, televisión y redes sociales, tiene como fin aparentar una fortaleza artificial, del aparato político conservador.

Se habla de posibilidades de triunfo que pocos creen. De cambios en la mentalidad de los dirigentes y militantes que nunca han tenido la intención de modificar sus conductas personales e institucionales.

Se miente a diario, intentando captar ingenuos que crean que verdaderamente, la corrupción abandonó de la noche a la mañana, a los representantes del neoliberalismo en México.
Uno ve la forma en que operó Alejandro Moreno en las pasadas elecciones intermedias y se da cuenta de inmediato de que al interior del PRI, se vive uno de los ambientes más contaminados de la vida pública.

No es solo la práctica corrupta y la intención de fraude que delatan los videos que fueron publicados en redes sociales. Es el lenguaje de Alejandro Moreno, tan vulgar, plagado de insultos, denigrando al personal a su cargo y a los proveedores que tienen contratos con el priismo.

Una forma de ser como persona y de hacer política, como presidente de partido, reprobable desde cualquier punto de vista.

Ricardo Anaya publicando videos desde el extranjero. Huyendo de la Ley, por saberse imputable de acciones que lo pueden conducir a la cárcel, de encontrarse en suelo mexicano.

El “delfín” opositor, Luis Donaldo Colosio, “quemándose” en una transmisión en vivo, donde cierra los trabajos de una comisión, desde el interior de un bar y en estado no muy recomendable.

Claudio X González y el grueso de la fuerza opositora, dedicados a crear un ambiente de descontento social, señalando que el presidente López Obrador no debería ver por la vida de los delincuentes que se enfrentan al ejército, o caen en manos de las fuerzas del orden.

Piden mano dura hacia ellos. El uso del poder letal que puede ejercer legalmente el Estado. La política de “balazos y más balazos”. Como dijo hoy el presidente en su conferencia matutina: “son partidarios de la violencia legalizada, e incluso de levantar un Quemadero en el zócalo de la Ciudad de México”, para “freír” a los militantes y simpatizantes de Morena.

Ese discurso violento, no tiene respaldo social. Se trata de una serie de mensajes y etiquetas que se impulsan desde las granjas de bots conservadores, en un intento por restar respaldo al presidente y con ello, apoyo electoral a Morena este 5 de junio.

Pero todas esas acciones y todos los personajes que trabajan para desgastar al sólido bloque de Morena, tienen un historial impresentable, que hace que la estrategia de desgaste hacia el gobierno, muera desde el primer intento.

Pocos dan un peso por los candidatos conservadores en esta contienda. La mayoría asegura que el año entrante, el PRI perderá los dos últimos bastiones que le quedarían, después del fracaso de este año. El Estado de México y Coahuila.

¿Qué puede presentar una oposición así de minúscula en el 2024?

Nada. Ni siquiera hay seguridad de que esas fuerzas políticas tengan registro como partidos políticos en esa cita.

Hay comentarios que señalan que el debate en redes sociales lo ha ganado, después de tres años de gobierno de izquierda, el sector conservador y los medios de comunicación a su servicio.
Pero esa apreciación no es correcta.

El discurso conservador no pega. Meten HTs a diario, insultando, mintiendo, pretendiendo engañar y llenan de mensajes las redes.

Pero la debilidad de su propuesta política (si la hay), es de una pobreza escandalosa. No hay mensaje, o es tan básica la oferta, que no puede competir con el Proyecto Nacional de Cambio, del presidente López Obrador.

Nadie ve candidatos competitivos de la derecha por alguna parte. No los hay.

Y esa situación tan lamentable para los conservadores, ha hecho que el debate en redes sociales esté enfocado más que nada, en la candidatura presidencial que presente Morena.
Para muchos, los candidatos sólidos en este momento, son Marcelo Ebrard y Claudia Sheinbaum. Cerca de ellos, aparecen Adán Augusto López y otros políticos relevantes del partido como Rocío Nahle y Tatiana Clouthier.

Más atrás estarían las pretensiones de Ricardo Monreal, que lejanamente aspira a conseguir esa candidatura.
No se piensa en un triunfo conservador en el 2024.

El debate en redes sociales deja de manifiesto esta inclinación social, para dar continuidad al proyecto transformador del presidente López Obrador.
El próximo presidente de México, saldrá de las filas de Morena.

Hay una oposición que vive aún conectada al tanque de oxígeno. Pero sin fuerza para levantarse de la cama y salir a pelear.

Muy por adelantado se está definiendo el futuro del país, en el siguiente sexenio.
El Cambio sigue.

Malthus Gamba