¡Viva Andrés Manuel y las mañaneras!

Los tiempos del flagelo se terminaron. Con Andrés Manuel hay una auténtica democracia y pluralidad.
Por: Javier Lozano

La sociedad en 2018 selló una nueva era para reconstruir lo que el neoliberalismo rompió o, más bien calló durante décadas: la libertad de pensar. Por ello, hoy en día los mecanismos e instrumentos de comunicación se ubican en una posición determinante; la sociedad anhelo por años transparencia; eso es lo que AMLO fomenta desde la tribuna de Palacio Nacional.
La importancia de comunicar y retroalimentar los asuntos trascendentales del país se han relacionado como una forma rutinaria, franca y honesta a través de Palacio Nacional a todos los mexicanos. En ese contexto, desde que fue jefe del Distrito Federal, López Obrador abrió paso al diálogo abierto y frontal a la prensa para disipar dudas relacionadas al quehacer administrativos, pero, también, acontecimientos políticos que pudieran generar choque en una telaraña que, en ocasiones, traía un sesgo partidista hacia la posible controversia de comunicadores que pretendían escalar temas al mover las emociones o el carácter que posee el ahora presidente.

No lo lograron nunca. Andrés Manuel López Obrador le ha puesto intensidad a las mañaneras y la sociedad ha estado dispuesta a escucharlas. La franqueza del propio mandatario y la popularidad que mantiene en las encuestas, conectan con el público que, desde cualquier dispositivo móvil, siguen la transmisión en tiempo real.

Su concepto es claro: hablar sin tapujos y fiel al estilo que le ha caracterizado desde que comenzó su carrera política. Esa impresión la expone cada mañana; se para y muestra tranquilidad, elocuencia y razón de causa. Sus líneas de comunicación tienen mucha aceptación porque maneja con conocimiento los temas; se apoya de su equipo de expertos y abre sin censura los rubros mediáticos a la prensa Nacional.

Eso es democracia y libertad de expresión. En el mejor de los casos, ha sido la principal plataforma de información; las mañaneras han constituido el balcón para resolver asuntos y dudas. Qué a la oposición le parezcan bochornosas es otro asunto; la cosecha del presidente ha rendido frutos; la sociedad observa con buenos ojos, y han tomado la decisión de seguirla cada mañana.
Se nota que eso ha jalado discrepancias en la oposición. Saben perfectamente que, el presidente, mantiene el control mediático de los temas que marca cada mañana. Ambas circunstancias tienen molesta a los presidentes Nacionales del PAN, PRI y PRD. Asimismo, Lorenzo Córdoba pidió cancelar el esquema de comunicación una vez que comience la etapa electoral ¿Por qué?, ¿a quién molesta?, ¿es por su claridad?, ¿por qué las reclamaciones? Solo se manifiesta.

AMLO acusa censura. Y tiene razón: el presidente posee todo el derecho de expresarse. Su papel no ha sobrepasado la incidencia hacia algún partido; es cierto, a veces la crítica lleva una señal directa para la derecha, no obstante, el mandatario durante décadas se ha desenvuelto en las arengas de esa tónica. Así es su estilo. A pesar de las opiniones adversas, predominan siempre los temas que realmente apremian; sí en ocasiones resuelve las propias cuestiones de la prensa es otro asunto.
Una cosa lleva a la otra, pero, que el presidente cargue la inclinación hacia un partido es totalmente inverosímil.

López Obrador no debe ser limitado. Su derecho a disentir y opinar desacuerdos o afinidad en temas, son constitucionalmente apegados a su libertad de hacerlo.
Sí hay reclamaciones, tienen que ver ya con otro carácter político que da señales de una oposición que no ha podido recobrar ni disponen de injerencia en los temas públicos. Su resonancia es nula, y buscan tribunas en las que puedan provocar eco ahora que se acercan los tiempos de campaña. Allí navegan aquellos que no tienen fuerza ni un futuro prometedor por la poca credibilidad.
Cómo mexicano quiero seguir de cerca las mañaneras. La iniciativa del presidente ha sido siempre óptima en la que se ha ganado el reconocimiento por abrir la comunicación sin titubeos.
¡Viva Andrés Manuel y las mañaneras!

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