Va por México: La desesperación hacia 2021

El 2020 termina con un escenario desolador para la oposición moralmente derrotada en México. Con un avance constante y contundente de todos los cambios que nos está trayendo la 4ª Transformación en prácticamente todas las materias que atañen a la vida pública de México. Particularmente en política social, económica, laboral, educativa, de salud, de seguridad y de justicia.

En un plazo tan corto como el de 2 años, los avances de la transformación van destruyendo gradualmente el estatus qúo y dejando a los beneficiados del pasado literalmente colgados de la brocha, desorientados, tartamudos y con serios problemas emocionales que los sumen en la desesperación evidente.

Se manifiestan con estridencia en los medios tradicionales y en las redes sociales, sin argumentos  o cifras que respalden sus alucinaciones, pronosticando el advenimiento de algún desastre, que por supuesto nunca llega a suceder, sin propuestas que pudieran hacer pensar a algún despistado, que ellos tienen alguna forma mejor de hacer las cosas y últimamente, sólo con insultos y arengas que exigen la renuncia del Presidente.

Pasaron gradualmente de intentar proyectar una imagen de autosuficiencia, a poner el grito en el cielo porque les estaban cancelando sus privilegios, a predecir una hecatombe originada por los cambios que los han dejado fuera de las posibilidades de seguir abusando de los demás desde una posición de jerarquía inmerecida.

En una estrategia desesperada y ante la absoluta desorientación que les ha causado la marginación en el manejo de los recursos públicos, decidieron correr todos juntos como hormiguitas amenazadas, para reunirse alrededor de uno de los principales desposeídos del saqueo desde el poder, Claudio X González, para admitirlo como su guía espiritual en el ámbito de la competencia política.

Hoy están casi todos juntos, actuando contra los principios que cada uno había jurado defender en contra de los otros, sin otro objetivo que el de recuperar algo de los privilegios arrebatados por la mayoría.

El PRI lucha por no perder su registro, el PAN por no perderlo todo y el PRD ya no tiene causa para luchar, salvo la de conseguir que algunos de sus miembros reciban un huesito aquí o allá, apelando a la conmiseración de los otros dos. En ese paquete se arrastra por conseguir algo la familia Calderón, quienes llegaron a soñar en reconquistar la presidencia de la República y hoy se conforman con que los dejen aunque sea saquear desde una alcaldía en la Ciudad de México.

Con una intención de voto en la que reunidos no alcanzan a juntar ni el 15% y un rechazo ciudadano del 68.9% a nivel nacional, con las encuestas que ellos mismos mandan hacer, revelando que no van a ganar en 14 de los 15 Estados del país y en el otro están también cerca de perderlo, su desesperación, así como su virulencia oral y escrita, van a aumentar considerablemente en los primeros 6 meses del año que viene, cayendo en una espiral descendente que no parece poder detenerse a pesar de su desquiciamiento cerebral colectivo.

Es muy probable que sí veamos un cambio importante en la configuración de los gobiernos estatales y del congreso, en función de procedencia política. Casi seguramente la presencia de estos partidos de la oposición desquiciada, disminuya sustancialmente en las estructuras del poder ejecutivo de los Estados y del legislativo en las cámaras. No podemos prever a donde los lleve su desesperación, pero es seguro que difícilmente su camino tenga un final feliz.

Como dijo el filósofo holandés Johan Huizinga: “Mientras es más profunda la desesperación sobre el presente, más  intenso es el anhelo”.