Sin sorpresas; las viejas prácticas de corrupción y los medios alentando la desinformación

Cuando Jorge Ramos llegó a la conferencia mañanera en días pasados, al no encontrar resquicio alguno para desacreditar la estrategia de seguridad que trabaja a diario la Cuarta Transformación, expresó una idea que se convirtió inmediatamente en referente del pensamiento reaccionario nacional:
Los sucesos del pasado, no influyen en la vida presente.
Con esta idea, Ramos pretende exonerar a los gobiernos neoliberales de toda responsabilidad sobre la violencia que vive hoy el país. Al mismo tiempo, intenta crear la idea de que el actual gobierno es ineficiente, al no poder recomponer, de la noche a la mañana, el desastre nacional en materia de seguridad y violencia.
Los conservadores son muy parecidos a lo que vemos a diario en redes sociales: buenos “memeros”, ágiles en improvisar una imagen que atraiga por un instante la atención de quienes los escuchan. Imágenes de buena factura que fijan una idea particular.
Uno se ríe y reconoce la creatividad del realizador. Pero cuando se analiza a fondo el “meme”, se puede encontrar que la idea, en sí misma, no tiene validez, o altera la realidad en forma evidente.
La derecha nacional es experta en la fabricación de imágenes, declaraciones públicas, reportajes y noticias que brillan como fuego artificial por unos cuantos segundos, pues su fortaleza está solo en la apariencia. Cuando el pequeño estallido acaba, no queda de ellas sino un pedazo de cartón mal quemado.
Eso es lo que sucede con la propuesta de Jorge Ramos. Al no ser dialéctica, termina en burla y señalamiento sobre la poca capacidad del comunicador.
En realidad, el pasado nos da siempre la referencia del presente. No existe efecto sin causa. La acción realizada en el pasado, desencadena siempre reacciones en el presente y futuro.
Digan lo que digan los conservadores, hay una génesis de la violencia nacional que padecemos y el origen de la misma se remonta al momento en que el neoliberalismo toma el poder político en México.
Eso lo podemos constatar no solo en el ámbito de la seguridad. Hoy presenciamos cómo la corrupción se incrustó en áreas tan sensibles como lo es el sector salud, dónde los grupos proveedores de medicamentos, asociados con directores de centros hospitalarios, esconden la medicina, sin importar el daño que causan a los derechohabientes que requieren de tratamiento inmediato.
La prensa nacional presenta este problema como algo nuevo. Una falla administrativa que surge con la llegada al poder de la Cuarta Transformación. La escases artificial de los medicamentos, se atribuye al gobierno y esto es falso.
Los medicamentos están ahí. Se han comprado con oportunidad y en la cantidad suficiente.
Pero algunos directores de hospitales y centros de atención, no hacen la solicitud para que les sean surtidos. Manifiestan que en sus centros hay suficiente cantidad y no se requiere más por el momento.
En otros casos, esconden el medicamento que les fue surtido y cuando llegan los enfermos solicitando tratamiento, les comunican que no hay existencia, porque la autoridad federal no ha enviado la dotación.
¿Por qué sucede esto hoy y en el pasado no se veía ese problema?
El análisis de la situación nos brinda la respuesta sobre todo este asunto.
El pasado siempre influye en el presente. Ese es el primer señalamiento que hay que hacer.
Como bien sabemos, el neoliberalismo desarrolló mecanismos de “corrupción invasiva” que afectaron a todas las áreas de la administración pública.
Empresarios y funcionarios de las dependencias de gobierno, se enriquecían con negocios lucrativos, que eran pagados con el presupuesto asignado a cada dependencia pública.
En el caso de los medicamentos, los negocios entre compañías proveedoras y directores de hospitales y centros de salud, eran millonarios.
Se inflaban presupuestos, se compraba a sobreprecio y la ganancia monumental, quedaba en el bolsillo de unos pocos. Todos contentos.
En contraparte, el ciudadano recibía una atención deficiente, en la que un “cuadro básico” de medicamentos muy elemental, debía aliviar cualquier tipo de enfermedad.
Cuando llega la Cuarta Transformación al gobierno, se implementan los mecanismos necesarios para terminar con la corrupción a nivel general.
No hay tolerancia alguna para este tráfico criminal entre particulares y funcionarios.
Es natural que las grandes corporaciones farmacéuticas y algunos empleados del gobierno, responsables del área de salud, intenten mantener sus privilegios. Los consideran una especie de “derecho neoliberal”. No están dispuestos a renunciar a tan lucrativo negocio.
Entonces, el origen del problema, no es el ocultamiento de los medicamentos por parte de los directores de los hospitales que están negando la atención a enfermos.
Tampoco está en la compra de las medicinas requeridas.
El principio del problema está en a corrupción, misma que se originó íntegramente durante el periodo neoliberal.
La corrupción se ataca a diario en todos los frentes, pero aún existe en muchas áreas de gobierno y en las poderosas empresas que se beneficiaban con esta forma perversa de gobernar.
El neoliberalismo lo contaminó todo y sus efectos se hacen presentes hoy en día.
Para concluir, hay que señalar al tercer actor que se mueve en alianza con las empresas proveedoras de medicamentos y los malos funcionarios públicos en el sector salud.
La prensa conservadora.
En la conferencia mañanera de este día, quedaron evidenciados Ciro Gómez Leyva y Héctor de Mauleón.
Los dos periodistas reaccionarios han utilizado el caso de los niños enfermos de cáncer, para hacer ese tipo de política infame que no se detiene ante algo, en su intención por desprestigiar al presidente y al gobierno de la Cuarta Transformación.
Estos antaño privilegiados periodistas, culpan a diario a la actual administración del desabasto en medicamentos. Usan la enfermedad de los niños, para provocar el enojo social y la empatía con los pequeños enfermos.
Pero nunca señalan a los verdaderos causantes del problema.
Saben bien el nombre de los responsables, pero “callan como momias”.
Son de los que piensan que “las cosas pasadas”, nada tienen que ver con los problemas de actualidad.
La corrupción neoliberal ya pasó. ¿Para qué hablar de ella?
Como dijimos al inicio de este texto, los conservadores no son dialécticos. El análisis les está negado, o se niegan a practicarlo.
Lo bueno para México, es que estamos viviendo un tiempo de transformación, donde la sociedad se ha vuelto sumamente crítica.
El pueblo analiza y como dice con frecuencia el presidente, “es sabio”.
Las baratijas brillantes que quiere vendernos la prensa reaccionaria, ya no se compran.
Funcionarios corruptos, prensa “chayotera” y empresarios deshonestos, están destinados a la extinción en el corto plazo.

Malthus Gamba