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Textos y Contextos

Por: Miguel Alejandro Rivera
@MiguelAleRivera

En abril de 2021, Guillermo Lasso, un banquero ecuatoriano cuya fortuna bordea los 40 millones de dólares, ganó la presidencia de Ecuador, con lo que dicho país sudamericano mantenía en el gobierno otro proyecto de derecha, precedido por el de Lenin Moreno. Hoy, las protestas en dicha nación son incontenibles.
Como en gran parte del mundo, las secuelas del Covid-19 para Ecuador no sólo fueron en el sector salud de la población, si no también en el terreno de lo social y lo económico, por lo que la inflación y las nulas acciones del gobierno para contrarrestarla, han causado que la sociedad, sobre todo un sector indígena que lleva años pidiendo reestructuras sociales, se mantenga en las calles.

Pero volvemos a la lección que parece no quedar clara: a un empresario no le importa que la gente pague más o gane poco. Mauricio Macri, expresidente de Argentina (2015-2019), aumentó las tarifas de los servicios básicos en su país (luz, agua, transporte, gas, etc.) hasta en un 300 por ciento en algunos casos, todo por cumplir con el Fondo Monetario Internacional y pedir un préstamo de 57 mil millones de dólares, el más alto en la historia de dicho organismo.

Y es que los gobiernos neoliberales del continente americano tienen en su agenda primero los compromisos con las potencias y su falso multilateralismo, y muy al último con los ciudadanos de sus países. Son los sectores campesinos del Ecuador los que no dejan de luchar. Desde 2019, los indígenas se levantaron por el alza en los precios del combustible, una medida clásica en la derecha del siglo XXI. En México, sabemos muy bien sobre ese tema con los gasolinazos patrocinados por los gobiernos de Felipe Calderón (2006-2012) y de Enrique Peña Nieto (2012-2018).
En el caso mexicano, el subsidio que aporta el gobierno federal en la actual administración, evita que el costo de las gasolinas, según la Secretaría de Hacienda, llegue hasta los 32 pesos; en tanto, en Ecuador no se implementan esas medias porque, desde que dejó el poder Rafael Correa, los ha regido un sistema empresarial, en el que entre más se consuma, mayor se beneficia a la oligarquía en el poder.

Por situaciones muy similares, en países como Chile y Colombia las últimas elecciones triunfaron proyectos progresistas, abiertamente de izquierda, que prometen ponderar a la sociedad antes que al sector privado por lo que el costo de la vida estará regulado por una especie de Estado benefactor a la usanza del modelo keynesiano, con el cual Estados Unidos salió de la crisis de 1929.

Otro ejemplo mexicano de este último punto es el Plan Contra la Inflación y la Carestía (PACIC) que el gobierno mexicano echó a andar de la mano de empresarios que debieron estabilizar los precios de productos y alimentos básicos para estabilizar la economía, algo que ha funcionado, sobre todo comparando la macroeconomía nacional con las de naciones como Estados Unidos.
Pero el hecho de descuidar al sector campesino puede tener impacto a más profundos. Según datos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), “de los 2 mil 300 millones de personas que se van a dormir cada noche con hambre o sin la suficiente cantidad de alimentos para desarrollar su vida de manera normal, el 11% se encuentra en América Latina y el Caribe”.
Esto, insiste la ONU, provoca fenómenos migratorios con todos los efectos colaterales que en México ya se conocen: violencia contra los indocumentados, violaciones a sus derechos humanos, crisis de sanidad, falta de empleo y condiciones dignas para estas personas, entre otros.

Para el Programa Mundial de Alimentos, dice la ONU, la principal preocupación es el hecho de que millones de personas no pueden acceder a una cesta de alimentos adecuada. Por ejemplo, sólo en los últimos meses, el coste de una tonelada métrica (de productos alimentarios) ha aumentado un 54% en la región.

Es decir, en países como Ecuador, los campesinos no tendrían que estar en las calles luchando por sus derechos, si no produciendo los insumos y alimentos básicos para la dieta de su país, pero en el sistema mundo actual, se ha demostrado que los sistemas de derecha neoliberales, como el de Guillermo Lasso, no tienen interés en ello. ¿Qué prefieren? Que te “alimentes” en alguna cadena de comida rápida del extranjero o que compres vegetales de importación en un Walmart.

Aunque el gobierno de Lasso ha accedido a un diálogo parcial, Amnistía Internacional reporta que, “desde el 14 de junio, la Alianza por los Derechos Humanos Ecuador ha registrado la detención de 79 personas, 55 personas heridas y 39 episodios de violaciones de derechos humanos – como uso excesivo de la fuerza, detenciones arbitrarias de manifestantes, agresiones a periodistas e intimidación a organizaciones de la sociedad civil – en el contexto de la represión de las manifestaciones por las autoridades. Otras organizaciones de derechos humanos han alertado también sobre la existencia de casos de malos tratos y criminalización. A su vez, la Policía Nacional ha reportado incidentes de violencia por parte de manifestantes”.

Así es como Guillermo Lasso, un tipo cuya fortuna lo hace vivir en otra realidad, una muy lejana a la de la sociedad que gobierna, enfrenta las demandas de los campesinos. Y esto nos hace pensar, en México, ¿le daríamos oportunidad a los empresarios de dominar por completo la administración pública, por ejemplo, a Claudio X. González?

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