Reelección no es sinónimo de menos democracia

@DiegoAlanisA

Abrir el debate de la reelección en México parece un reto complejo por los estragos de nuestra tradición histórica antirreloccionista. Es menester mencionar la disputa política que ejerció Francisco Madero a través del Partido Nacional Antirrelecionista para enfrentarse al Gobierno del Gral. Porfirio Díaz, quien fue reelecto siete veces como Presidente de la República. De la misma forma recordar el Plan de San Luis como uno de los documentos que dieron pie al proceso de revolución mexicana y el cual impulsara el principio antireleccionista en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos de 1917.

La tradición histórica sobre la reelección ha perforado el sentido común en nuestra sociedad, asociando el concepto a una antinomia de la democracia. Si bien, el hecho histórico del porfiriato ha demostrado actitudes antidemocráticas en el ejercicio del poder, es poco riguroso hacer una comparación simple sobre las condiciones políticas de finales del siglo XIX y principios del XX con las actuales.

De tal forma que, en el siglo XX, el país se encuentra en un proceso de institucionalización, es decir, no había órganos electorales autónomos que diera certeza a las elecciones y eran desde los propios gobiernos donde se gestaba la organización electoral, lo que resultaba de carácter antidemocrático porque quienes se encontraban en el gobierno resultaban con una ventaja sobre la oposición.

Ahora bien, mirar las experiencias latinoamericanas puede disputar un contenido distinto al que generalmente se expresa cuando hablamos de reelección, por ejemplo, en países como Colombia, Guatemala, Honduras, Paraguay y México está prohibida la elección Presidencial, por otro lado, en Chile, Costa Rica, El Salvador, Panamá y Uruguay se permite una reelección no consecutiva, o en Argentina, Brasil, Ecuador, Venezuela, República Dominicana, Bolivia, Nicaragua y Perú existe la reelección presidencial inmediata.

Si observamos el Latinobarómetro como uno de los medios sobre percepción ciudadana de apoyo a la democracia encontraremos resultados sorprendentes como lo es el caso de Venezuela donde se permite la reelección presidencial consecutiva, siendo el país con el mejor apoyo ciudadano a la democracia como forma de gobierno. El primer periodo de gobierno de Hugo Chávez (1999 a 2001) generó entre 67 y 57% de apoyo democrático, pero para el segundo periodo presidencial (2001 a 2007) tiene un crecimiento sostenido hasta alcanzar el 78% de apoyo democrático en 2005. Por otra parte, en el tercer periodo presidencial (2007 a 2013) se muestran la mayor consolidación al régimen democrático, puesto que se alcanzó una cifra que ningún país latinoamericano ha logrado, por ejemplo, para finales de 2013 el país se encontraba con un 87% de apoyo democrático.

Otro de los casos a observar es el de Argentina con Cristina Fernández de Kirchner, quien se reeligiera por una ocasión. En su primer gobierno (2007 a 2011) consolida la pendiente de apoyo a la democracia de su antecesor Néstor Kirchner hasta llegar a un 70% en 2011, sólo por detrás de Venezuela y Uruguay; y para su segundo periodo (2011 a 2015) mantiene el apoyo democrático en más del 70%.

En el caso de Ecuador con las dos reelecciones de Rafael Correa se observa una consolidación de apoyo democrático, puesto que anteriormente de su gobierno las cifras se encontraban por debajo del 50%. En su primer periodo de gobierno (2007 a 2009) logró mantener el umbral por encima del 50% en el apoyo democrático. Para su segundo periodo (2009-2013) consolidó el apoyo por encima del 60% y para su tercer periodo (2013-2017) alcanzó su mayor cifra en 2015 con 71% de apoyo democrático.

En el caso de Bolivia con las tres reelecciones de Evo Morales se demuestra una estabilidad en cuanto el apoyo a la democracia. En su primer gobierno de 2006 a 2010 logra tener la mayor cifra en su desarrollo histórico democrático, puesto que, en 2009 obtuvo un 71% de apoyo frente al 50% del promedio de las administraciones anteriores. Para su segundo periodo (2010 a 2015) se mantuvo entre el 68 y el 65% de aprobación. Para su tercer periodo (2015 a 2019 se observa una pequeña caída en el apoyo democrático, pero aún se mantiene por encima del 50%.

No obstante, paradójicamente los países donde se prohíbe la reelección presidencial consecutiva son quienes menores resultados tienen en cuanto apoyo democrático, por ejemplo, en el caso de México sus cifras van desde un 63% en 2002 hasta un 37% en 2013. En Guatemala va desde un 50% en 1995 hasta un 14% en 2009. En Honduras va desde un 63% en 1997 hasta un 36% en 2017. En Paraguay su promedio no pasa del 50%. Quizá Colombia tenga una mayor estabilidad, pero no ha alcanzado las cifras que lograron países con reelección presidencial inmediata.

El artículo no intenta demostrar una relación de causalidad entre países democráticos y su tipo de reelección, porque hay otros elementos en los procesos latinoamericanos que intervinieron para el fortalecimiento de su régimen democrático. Sin embargo, sí expone que el elemento de la reelección presidencial inmediata es un fenómeno que no ha generado situaciones antidemocráticas como generalmente se busca asociar. De tal suerte que esto es un primer acercamiento para reflexionar sobre el concepto y su aplicación en los contextos latinoamericanos.

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