Prensa convencional al servicio de los conservadores; la represión en Yucatán, un ejemplo

En Yucatán, mientras el gobernador Mauricio Vila Dosal rendía su primer informe de gobierno, asegurando que en esa entidad se disfruta de un ambiente de paz, la policía de la Ciudad reprimía con gases lacrimógenos a manifestantes inconformes con el incremento de impuestos anunciado.
Había mujeres, niños y ancianos integrando el contingente. Todos recienten el daño que provoca el acto represivo.
Si el hecho en sí mismo es relevante, lo es también la manera en que la prensa nacional, de corte conservadora, intenta ocultar el hecho, hablando solo de pasada de una acción que en otro caso, hubiera sido tema de múltiples columnas por parte de los periodistas afines a la derecha mexicana.
El motivo del premeditado silencio, es que en Yucatán gobierna un político de extracción panista.
Si un mandatario estatal salido de las filas de Morena, hubiera cometido la misma falta de tacto y sentido social, el señalamiento de toda esta prensa sobre el acto represivo, hubiera sido enorme.
Pero con los panistas, miden los hechos con vara distinta.
Igual sucede con las acciones presentes y del pasado de Felipe Calderón.
El exsecretario de Seguridad Pública durante el calderonismo, se encuentra preso en cárceles norteamericanas, acusado de narcotráfico y falsedad de declaración. Los hechos que se le imputan alcanzan necesariamente a Felipe Calderón, quien fue su jefe inmediato durante ese sexenio.
Pero la prensa conservadora intenta atenuar la responsabilidad del expresidente.
Alega que los actos de corrupción ejecutados por Genaro García Luna, fueron a título personal y que Calderón no puede ser considerado cómplice.
Por lo mismo, poco habla esta prensa del caso García Luna.
Con la desfachatez que lo caracteriza, Jorge Ramos, un servil comunicador radicado en la Unión Americana, ha llegado a señalar que las faltas, fallas y delitos cometidos durante los gobiernos neoliberales, sucedieron “hace mucho tiempo” y por lo mismo, no tienen repercusiones en el presente, donde toda la responsabilidad sobre el grave deterioro que vive el país, corresponde al gobierno de la Cuarta Transformación.
Alterar la realidad, por así convenir a su causa, es una vieja estrategia conservadora que se practica día a día en diarios, medios de comunicación electrónicos y plataformas de información vía internet.
Todo hecho que se vive en el país es catalogado de acuerdo al nivel de interés que puede significar para las fuerzas reaccionarias.
Se magnifican y difunden las acciones que benefician a la causa conservadora, o las que pueden utilizarse para intentar debilitar al gobierno y al partido en el poder.
Por el contrario, todo aquello que resta respaldo a la causa conservadora, se desecha o se toca de manera tangencial, intentando que la noticia pase desapercibida y se olvide pronto.
Del mismo modo se atienden las noticias que dan cuenta de los logros del gobierno de la Cuarta Transformación. Se les menciona, pero sin señalar su justo mérito.
En ocasiones, este periodismo toca las puertas del ridículo, al tergiversar la verdad, en su intento por dar una imagen distorsionada de lo que realmente está ocurriendo.
Así está pasando en el tema relativo a la venta del avión presidencial.
De cinco escenarios que expuso el presidente de México, el periodismo de derecha se queda con el último (el sorteo), olvidando descaradamente las cuatro primeras acciones.
Y en su afán por desacreditar al gobierno del presidente López Obrador, omite arteramente, que los recursos que se obtengan por la venta de este avión, serán utilizados íntegramente en la compra de equipo médico y de laboratorio que urgen en las clínicas y hospitales de todo el país.
Esta inclinación por el manejo tramposo de la información, es común en todos los países del mundo. Es una tendencia conservadora muy arraigada.
Por eso, en las conferencias mañaneras, el presidente del país hace énfasis constante en que “la verdadera ideología de los conservadores, es la mentira”.
Vemos el caso de Bolivia, donde la golpista Jeanine Áñez se hace del poder por intermediación de las fuerzas armadas, reprime violentamente a opositores al neoliberalismo que representa, suprime a la prensa que critica su desempeño y pasa por encima de la legalidad constitucional.
En todo momento Jeanine Añez y la prensa servil que la apoya, hablan de un gobierno democrático, que restablece los derechos del pueblo, después de la etapa de gobierno de Evo Morales.
En Chile, ese mismo tipo de prensa, pasa por alto la brutalidad gubernamental del gobierno de Sebastián Piñera. Nada dicen de los cientos de personas que han perdido un ojo, o ha sufrido daños graves por el uso desmedido de la fuerza, por parte de las fuerzas de seguridad.
Y lo mismo pasa en Colombia, con Iván Duque, o en Ecuador, con Lenín Moreno.
Son gobiernos de corte neoliberal que recurren a la represión como forma de control social. El periodismo conservador trabaja a diario para ocultar el desastre neoliberal en esas naciones y para atacar al mismo tiempo a las fuerzas políticas y sociales que intentan detener el saqueo en esos países, proponiendo un cambio de rumbo saludable para sus naciones.
En México se sigue la misma receta, en un intento por conseguir simpatizantes para la causa reaccionaria.
Si los errores provienen de figuras representativas de la derecha neoliberal, la verdad que presenten los periodistas conservadores, estará alterada para hacer menos evidentes las fallas.
Si hay algún error o alguna falla que tenga que ver con el gobierno de la Cuarta Transformación, la verdad también se altera, pero con la intención de restar credibilidad y apoyo social al gobierno del cambio.
A final de cuentas, la realidad, los hechos que suceden en nuestro país y que tienen que ver con la política y la administración pública, siempre serán modificados por una prensa conservadora que trabaja asalariada, a favor de intereses de grupos de poder.
La verdad de estos hechos nunca estará disponible en dichos medios de información.
Si alguien está interesado en conocer la realidad que se vive en el mundo, pero sobre todo en México, por ser el país que habitamos, lo acertado sería acudir a fuentes de información alterna.
Las “benditas redes sociales” brindan un sinfín de posibilidades para acercarse a la verdad que intentan negarnos los periodistas de siempre.
Hay una situación que comparten el neoliberalismo y la vieja prensa conservadora: ambas están en crisis en este momento. Ambas mueren poco a poco, ante el embate social que pide políticos y periodistas diferentes. Honestos y profesionales.
Hacen intentos desesperados por mantenerse vigentes.
Pero en realidad, sus acciones más parecen patadas de ahogado.
No hay futuro promisorio para ellos.

Malthus Gamba