Prensa conservadora en defensa de ‘El Padrino’

A Salvador García Soto, periodista de El Universal, le molestó que el juez ante quien fue presentado el general Salvador Cienfuegos, lo llamara, “El Padrino”, o “El Zepeda”.
Una falta de respeto hacia “El General”, como lo nombra respetuosamente el periodista.
Sucede que la llamada “prensa sicaria”, manifiesta su respeto a las jerarquías que operaron durante la etapa neoliberal, a pesar de que quienes fueron parte del círculo privilegiado, estén siendo señalados dentro y fuera del país, por asuntos de corrupción, o por sus relaciones con la delincuencia organizada.
Para García Soto resulta insultante que al “General”, lo aprendan a su llegada al aeropuerto de Los Angeles, estando en compañía de su familia. Fue una falta de sensibilidad por parte de las autoridades norteamericanas.
También lo fue el hecho de que a sus acompañantes, se les haya detenido junto al “General”, siendo que ellos no son acusados de delito alguno.
Incluso, el periodista señala que este último hecho, amerita la intervención de la cancillería, protestando por un acto violatorio a los derechos de ciudadanos mexicanos.
En esta defensa obsequiosa al “General”, aparece esa particular forma de pensar de los viejos cuadros del periodismo, formados durante la etapa neoliberal.
Les molesta que a Salvador Cienfuegos se le llame “El Padrino”, o “El Zepeda”, porque para estos columnistas, sigue y seguirá siendo “El General”. Un militar respetable por su grado, al que se intenta manchar.
No pueden entender que para la justicia norteamericana, de acuerdo a las investigaciones realizadas durante los pasados diez años por la DEA, ese “General” no es sino un delincuente que producía y traficaba enervantes, además de lavar capitales para el crimen organizado.
Para ellos no es el general, puesto que no lo presentan ante la justicia norteamericano por su cargo castrense. Es “El Padrino”, o “El Zepeda”, miembro de un cártel de la delincuencia organizada.
Que debe ser juzgado para determinar el grado de su culpabilidad, es cierto. Pero también lo es el hecho de que en este momento, se sabe que existen miles de grabaciones con la voz de “El Padrino” (no de “El General”), que dan cuenta de su involucramiento dentro de grupos dedicados al narcotráfico.
El otro dato que pone de relieve el pensamiento del llamado “periodismo sicario”, es el respeto al “código de honor” entre delincuentes. “La familia es intocable”. No se puede agredir a sus miembros bajo ninguna causa.
García Soto se escandaliza porque la justicia norteamericana no respeta esa regla. Es verdad que mantuvo detenidos por unas horas a los familiares de “El Padrino”, pero también es cierto que una vez aclarada la identidad de cada uno de ellos, se les dejó en total libertad, sin consecuencia mayor.
De acuerdo a lo que sabemos sobre la participación de “El Padrino”, dentro del mundo de la criminalidad, estamos hablando de un poderoso delincuente, que organizó y protegió a determinado grupo criminal, al tiempo que intentaba desaparecer a los competidores del mismo, usando la fuerza letal del Estado mexicano.
No obstante eso, Salvador García Soto pide que se le dé trato de “General” y no de presunto y peligroso delincuente. Estaría en realidad a la altura de “El Chapo” y García Luna, pero el trato debe ser distinto, por los galones que portaba (porque no los llevará en adelante).
Esa forma de pensar, es distintivo del periodismo formado durante treinta y seis años de neoliberalismo, como hemos dicho.
Por eso el presidente López Obrador ha dicho en reiteradas ocasiones: “no perdían su respetabilidad”. Cómo iban a perderla, cuando los medios de información neoliberales, les daban un trato privilegiado, aún cuando quedaban al descubierto su corrupción y demás delitos asociados.
En cambio, como buen periodista identificado con la cusa conservadora, García Soto lanza todos sus dardos en contra del presidente López Obrador.
Porque para este periodista neoliberal, el hecho grave en el asunto, tiene su centro en la falta de una investigación de la autoridad mexicana, en contra de “El General”.
García Soto manifiesta su enojo, por la ausencia de esa investigación interna, que hubiera evitado el “bochorno” de una detención en tierras norteamericanas.
Es injustificable, dice, que a dos años de haber iniciado el gobierno de la Cuarta Transformación, nada se haya hecho en contra de los altos mandos en nuestras fuerzas armadas y no sepamos aún quiénes delinquieron y quiénes no. Eso es lo grave del asunto, según él.
No importa por tanto que hoy contemos con dos secretarios en la Defensa Nacional y en Marina, que no están trabajando a favor de la delincuencia organizada. Ni importa tampoco que la fuerza letal de estas instituciones, haya disminuido de manera drástica. Tampoco importa que la Guardia Nacional haya nacido precisamente de esas fuerzas armadas, hoy verdaderamente comprometidas en garantizar la paz social.
Para Salvador García Soto, es menor el hecho de que la mentalidad del soldado mexicano sea otra. Ya no se le ordena matar, ni rematar heridos. Ya no se le comisiona en acciones bélicas que terminan en masacres históricas y con “bajas colaterales” al por mayor.
Tampoco le interesa al periodista, que la Fiscalía General de la República, haga hoy un trabajo muy distinto al que hicieron Genaro García Luna y Renato Sales Heredia, funcionarios encumbrados por el corrupto sistema neoliberal.
Alejandro Gertz Manero es más culpable que los dos anteriores, por no haber iniciado investigación alguna en contra del “General”.
Al menos eso escribe hoy García Soto, sin importarle un cacahuate la depuración que se ha hecho al interior de la Fiscalía para entregar mejores resultados que sus antecesores. La brutalidad de la Policía Federal, desapareció, junto con esa fuerza represora.
El último reclamo de García Soto tiene que ver con la opinión pública internacional. La conducta individual del “General” mancha, según interpreta el periodista, a las Fuerzas Armadas Mexicanas y al gobierno de la Cuarta Transformación.
Como buen neoliberal, García Soto está muy preocupado por la opinión extranjera. La visión de los mexicanos sobre el particular, es secundaria. Vale menos que la forma en que nos ven desde fuera.
¿Qué van a pensar de nosotros?
Dice el periodista que “traerá consecuencias serias” la “mala imagen” que hoy “proyectamos”.
Y es que mientras la “prensa sicaria” no entienda que en realidad estamos hablando de la captura de un presunto delincuente y no de un general en activo dentro de nuestras Fuerzas Armadas, prevalecerá en ellos la idea de que se atenta contra las instituciones nacionales.
“El Padrino” o “El Zepeda” detenido ayer, no es “El General” reverenciado por los grupos reaccionarios. Se trata del delincuente que engañó, con ayuda de presidentes y demás políticos del neoliberalismo, a una sociedad que depositó su confianza en alguien en que no la merecía.
López Obrador y el gobierno de la Cuarta Transformación, trabajan a diario para el cambio de régimen que requiere el país.
Esa es la tarea básica de esta nueva administración. Perseguir a los culpables del pasado, es secundario.
Lo realmente importante, es que jamás se repitan situaciones de complicidad entre gobierno y delincuencia.
Lo que importa es que el neoliberalismo no vuelva al poder.
Y en ese empeño vamos juntos, gobierno y pueblo.
A “El Tigre” no lo engañan las líneas que se escriben en la “prensa sicaria”.
Sabemos que “El General” nunca existió. El real, era “El Padrino”.

Malthus Gamba