Robles ha quedado en libertad después de tres años en prisión preventiva por el caso de desvíos millonarios bautizado como La Estafa Maestra. Al salir su abogado dijo a la prensa que el caso es largo y complicado, porque el cúmulo de evidencias en su contra es tal, que se va a requerir mucho trabajo para presentar una defensa exitosa. Entonces ¿Por qué la dejaron salir?

Ella había presentado amparos y solicitudes por lo menos en 7 ocasiones para poderse defender en libertad desde que ingresó al penal en agosto de 2019, pero el juez de control le negó esa posibilidad una y otra vez por existir riesgo de fuga.

Sin embargo el miércoles de la semana pasada volvió a solicitarle a la Fiscalía General de la República este mismo beneficio, alegando diversas enfermedades y motivos de edad. Ésta valoró otra vez el estado de salud de Robles, que tiene 66 años, estudió las medidas de seguridad pertinentes para evitar que evada el proceso y pidió la sustitución de la prisión preventiva, según ha informado la institución. El juez de control aceptó la petición, adoptando otras medidas cautelares, que serán la prohibición de salir del país sin autorización, la entrega de su pasaporte a la Fiscalía y la firma cada 15 días en el juzgado. Así, rápido y fácil.

Es cierto que desde el punto de vista legal, ya llevaba 3 años en prisión preventiva sin sentencia y tenían que dejarla en libertad bajo caución, pero las cosas en los procesos complicados no suceden así, con tanta precisión legal para un tema y sin presión por los temas torales del caso, como los son en este asunto las razones de fondo por las que se le detuvo y porque el riesgo de fuga no se esfumó de un día para otro.

Está muy claro que en este caso hay algo más que el hecho de que se haya pasado el tiempo, sin que la FGR hubiese utilizado alguno de sus innumerables recursos para mantenerla en la cárcel, pero solo podemos inferirlo.

Es evidente que la razón por la que Rosario no ha delatado a sus jefes no tiene nada que ver con integridad moral o lealtad, porque estas son cualidades que no se le pueden adjudicar.

Su lealtad se comprobó inexistente para con sus supuesta convicción de izquierda, cuando la doblaron ofreciéndole puestos en uno de los gobiernos de derecha más corruptos de la historia y su integridad moral desapareció durante su paso por la SEDESOL, desde donde beneficio a cuanto ladrón le fue posible, robándose los apoyos que iban dirigidos a personas en situación vulnerable.

La verdadera razón por la que no hablaba es el miedo. Miedo a los mafiosos con los que se involucró y a los que seguramente conoce bien, que pueden hacerle daño a ella o a su familia; también a tener que devolver lo que le tocó en el reparto entusiasta del botín, representado por los apoyos sociales que se robó junto con sus cómplices, cuando ya pensaba que iba a terminar rica, libre y glamorosa.

La única explicación que tiene cierta lógica para entender la actitud aparentemente bonachona de la Fiscalía en un caso tan mediático, que le acarrea críticas de toda índole y desde todas partes, que sigue poniendo en entredicho su actuación para quienes vienen criticándola desde que nació, es que la señora llegó a un acuerdo para hablar o probablemente ya lo hizo, sin acogerse oficialmente a algún criterio de oportunidad a fin de taparle el ojo al macho, para que todos piensen que la amable Fiscalía la dejó salir por motivos de compasión, como si no hubiera en las cárceles gente en situación de salud y de edad mucho peores que las Rosario Robles.

Pero como todo esto es solo una inferencia, vamos a tener que esperar para ver realmente la razón por la que esta señora va a poder defenderse desde su casa, sin siquiera tener que someterse a las condiciones de una prisión domiciliaria.

Como dijo el poeta escocés Robert Burns: “El suspenso es peor que la decepción”.

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Por Erika