Plantón de FRENA: La burla nacional

Para los mexicanos, un plantón en las calles del primer cuadro de cualquier ciudad, no es novedad.
En la capital de la Ciudad de México, pasan desapercibidas estas manifestaciones ciudadanas, por la cantidad de eventos de este orden que se dan cada año.

Los capitalinos sabemos lo que es un plantón y distinguimos de manera inmediata la calidad del mismo.
Hay algunas de estas manifestaciones que cuentan con un evidente respaldo popular. Movilizaciones que llegan al primer cuadro de la capital, apoyadas por centenares de integrantes. En ocasiones, miles.
Hay otros que solo convocan a un reducido grupo de participantes y que pasan su espacio de protesta, sin pena ni gloria.
Sin embargo, los plantones tienen características inconfundibles. Ocupan espacio público y los integrantes de la protesta, no se separan del sitio donde establecen sus campamentos, de manera generalizada. Unos salen y regresan, pero siempre hay una mayoría representativa.
Las imágenes de plantones en todas las ciudades importantes, son idénticas. Lonas y toldos improvisados. Algunas tiendas de campaña en forma. Estos son los refugios nocturnos o contra las inclemencias del clima. Ahí se duerme, se come, se platica y también se pasa el tiempo de ocio, o se mata el aburrimiento.

Fuera de las improvisadas tiendas de campaña, se ven botes o latas con petróleo o cualquier otro combustible a la mano. Pequeños tanques de gas en ocasiones. Ahí se cocina, se prepara el café y se calienta la escasa agua para el aseo personal básico.
Cuando hay plantones, aparecen de inmediato las filas de cabinas de baño, con su penetrante olor característico.
Hay ropa tendida en cuerdas y cables improvisados. Hay niños que juegan en el espacio libre, a la vista de sus padres. Hay un olor a cuerpo humano habitando en condiciones difíciles. Hay humo, hay gente, hay movimiento permanente.

Ese es el plantón que conocemos en nuestro país desde hace décadas.

Gente protestando o defendiendo sus derechos. Llegan a las grandes ciudades, para exigir a las autoridades su intervención, o en reclamo a necesidades no satisfechas.

Son también manifestaciones de tipo político, que hacen valer su derecho democrático a la libre expresión.
Por eso resulta difícil que al pueblo de México pretendan engañarlo respecto a lo que es en verdad un plantón ciudadano.
En tiempos de la Cuarta Transformación, se están dando cambios significativos en muchas de nuestras formas de convivencia. Algunas para bien, como es el caso de la apertura total a la libertad de expresión. No existen limitaciones a la misma. Cualquiera sale a expresarse con plena libertad, sin temor a represalias por parte de la autoridad federal.
Pero hay cambios que nacen dentro de este mismo espacio de transformación, que se inscriben más bien en el terreno del retroceso y no en el de la conquista social.

Algunos mueven a risa, al evidenciar la falta de autenticidad de lo que se solicita o reclama.

Ese es precisamente el caso de FRENAAA y su plantón de fin de semana en la avenida Juárez del Centro Histórico de la capital del país.
Gilberto Lozano llega encabezando esta protesta, acompañado de un contingente de cuatro camiones, que transportan gente pagada para integrarse al plantón que se pretende instalar.
Son muy pocos. Un número muy reducido que ni siquiera es fotografiado en su conjunto para aparecer en las páginas principales de la prensa conservadora.

Esta genta acude a una bodega previamente contratada y de ahí saca las tiendas de campaña individuales que se instalarán a lo largo de la avenida Juárez. Todas iguales. Todas de la misma marca.

El plantón se instala y Gilberto Lozano lo ve orgulloso desde un balcón del hotel de cinco estrellas donde ha alquilado una cómoda y costosa habitación. Lo mismo hacen muchos de los integrantes de esta manifestación de protesta. Todos ellos portan pulseras del hotel donde se hospedan.
El plantón está ahí. Bien presentado, homogéneo, alineado milimétricamente. Las tiendas forman filas perfectas.
Pero es un plantón sin vida. Desierto, donde no se mira actividad alguna.

Filas y filas de tiendas vacías. No hay café en la lumbre improvisada. Ni comida caliente, o en proceso de preparación. No hay cabinas de baño para atender las necesidades fisiológicas de los manifestantes. No hay olores, ni sonidos, ni risas o palabras.

Es como un pueblo abandonado, donde se aprecian construcciones que en su momento fueron de buena calidad, pero que hoy lucen tristes en su soledad.
Un plantón es una manifestación ciudadana. Y sin ciudadanos, el plantón pierde su sentido, su razón y su autenticidad.
La brillante idea de los organizadores del evento, fue enteramente de corte mercantil. Dinero no les falta.
Por eso su primera preocupación fue adquirir al mayoreo las tiendas de campaña. Ya después se vería el asunto de los ocupantes de las mismas.
Ellos definitivamente no serían esos ocupantes.

Así es que se instaló el campamento en la avenida Juárez y se esperó a que el ofrecimiento de dinero en efectivo, atrajera a gente humilde del pueblo, para hacerla pasar como integrantes de esa protesta.

Y esa gente no llegó. Las casas de campaña siguen ahí, en solitario. Algunos cuidadores caminan entre ellas durante el día. Los dirigentes de la manifestación hacen acto de presencia con sus escasos seguidores, para recibir a una prensa que poco a poco les ha ido retirando el apoyo, ante el evidente fracaso del plantón.

Gilberto Lozano sufrió un ataque de diarrea el día de ayer, o un ataque de nervios, según dicen otros. Se retiró a su casa (ni siquiera al hotel), por espacio de varias horas.

Hay videos donde se ve a integrantes del reducido grupo de apoyo, tomar sus maletas de buena calidad y abandonar definitivamente un evento que se ha convertido en burla nacional.

Como las casas de campaña permaneces vacías por la noche, gente del rumbo se ha llevado varias del sitio del plantón. Por la noche no hay quien ocupe esas tiendas. Los pocos que quedan se encuentran convenientemente cobijados en sus hoteles.
No se ha podido contratar a más gente dispuesta a pasar frío, hambre y burlas, por unos cuantos pesos.
Cosas nuevas vemos en tiempo de la Cuarta Transformación.

La mayor parte de ellas, positivas para el proceso de cambio que vive el país.
Otras, ridículas y propias de las mentes reaccionarias, que hasta el día de hoy, no han encontrado la manera para responder con acierto a los cambios que impulsa el presidente López Obrador.

Malthus Gamba