Ni el mejor detective hallaría la inocencia de ex-Presidentes

Por Miguel Ángel Lizama
@Migueliz8

VALENTE QUINTANA, el mejor detective que ha tenido México desde hace un siglo fue equiparado en su tiempo con el célebre inglés Sherlock Holmes o su par belga Hércules Poirot, resolviendo crímenes sin tener los elementos tecnológicos de hoy, ni los peritajes exhaustivos para integrar expedientes y consignar ante un juez a delincuentes.

Valente Quintana fue de carne y hueso, no una ficción salida de la mente y pluma de Arthur Conan-Doyle o Agatha Christie, pero todos (ficciones y realidad) usaban sólo Observación, Recopilación de elementos disponibles (huellas, escena del crimen, testigos), Armado de Hipótesis y Razonamiento Lógico para hallar al culpable. Proyectado en esta época, Quintana ya hubiera resuelto los casos de los ex-presidentes impunes, que a todos se les anda embrollando. Tienen denuncias levantadas desde que estaban sentados en La Silla del Águila del Olimpo nacional, pero nunca se les dio cauce ni atención. NO HABÍA ELEMENTOS, según la Procuración de Justicia. Obvio, los denunciados eran jefes de los investigadores, nunca se iban a morder.la cola.

Ningún Ministerio Público osó ordenar a algún policía judicial (investigadores auxiliares del MP, según la antigua Constitución) indagar la solidez de las denuncias presentadas, recabar pruebas suficientes para apoyarlas y menos dar un teclazo para citarlos a declarar y conocer sus razones o sinrazones de lo denunciado, para asentarlo en actas. A priori, se prejuzgaba que al no estar en guerra el país, no se configuraba la “traición a la Patria” (único delito posible para acusar a un mandatario, según el Establishment). El Estado Mayor Presidencial tenía tentáculos legaloides tan largos y fuertes, que los mismos eruditos de las leyes preferían acurrucarse en ellos antes que honrar el conocimiento adquirido en aulas para razonar las acusaciones y hacer valer la Justicia.

Aunque Valente Quintana también vivió la imposición de una verdad oficial -como fue en el caso del jesuita Miguel Agustín Pro (Padre Pro), fusilado pese a que lo exculpó la investigación del detective- hoy lo desquiciarían las torpezas de los policías con las “investigaciones” que efectúan -cuando las hay- con mucha torpeza y desgano, si no hay una “línea” para tener culpables a modo cuanto antes.

Recuérdese que Salinas y su gavilla cambiaron todo el esquema jurídico para proteger y encubrir sus saqueos y abusos. Impuso como obligación de los ciudadanos denunciar ilícitos solo con pruebas suficientes e irrefutables para que los fiscales decidan si se inicia una Averiguación Previa. Los “investigadores” no se fatigan buscando pruebas, recabando declaraciones (como en todo el mundo es su obligación), creando hipótesis que induzcan un razonamiento lógico, como en las piezas de un rompecabezas, y atrapando a los presuntos responsables del delito antes de que huyan.

Salinas previó lo que se le vendría y le dio la vuelta a un imperativo del Derecho Civil, no del Penal (“Quien acusa, debe probar”), y le echó “la carga de la prueba” a los ciudadanos carentes de facultades, recursos o autorizaciones para indagar y reunir elementos probatorios como debe hacerlo la Policía que tiene toda esa capacidad (al menos en teoría). Se impuso la abulia de los responsables de investigar los delitos, como ordenaba la Constitución pre-salinista, para dejar que los ciudadanos hagan el trabajo, con el riesgo de ser encarcelados por violaciones al debido proceso, usurpación de funciones, destrucción de Cadenas de Custodias (tecnicismo reciente sólo para iniciados), etc. Tal vez por eso hay tanto pillo suelto y los familiares de las víctimas andan penando por Justicia, como son los casos de Las Mujeres de Cd, Juárez, los bebés de la Guardería ABC de Hermosillo, los miles de desaparecidos y las fosas clandestinas que se descubren por todo el país.

Despreciando los millones de firmas que exigen someterlos a juicio, los ex-presidentes esperan con cierta tranquilidad. La Corte está de su lado (ellos la conformaron a conveniencia) y con ella, los jueces que habrán de juzgarlos. Eso vale mucho más que los millones de mexicanos agraviados que seguimos vivos. En el actual “estado de derecho”, ni el mejor detective del mundo en todos los tiempos (incluyendo a Valente Quintana, Sherlock y Poirot) les hallarían el menor indicio VÁLIDO de culpabilidad, pues lesiona sus derechos humanos, según los severos Ministros inapelables.

No sólo quemaron, desaparecieron u ocultaron los rastros que pudieran incriminarlos sin lugar a dudas (como exigiría su nube de costosos abogados), sino que están guarecidos tras las etiquetas de “Seguridad Nacional” que les obsequia el sumiso IFAI (guardianes de la Transparencia) y por los espesos cortinajes de impunidad que los ministros de la Corte despliegan alrededor de sus benefactores.

Ahí están, para muestra, las auditorías desaparecidas de la Secretaría de la Función Pública donde consta que Vicente Fox ordenó triangulación del gasto público, subcontrataciones, pagos anticipados de sobreprecios, y otros actos de corrupción apenas iniciado su sexenio.

Rascándole tantito surgirían indicios contra Salinas desde el “Quinazo” y la embestida contra simpatizantes de Cuauhtémoc Cárdenas que nunca vio ni escuchó; contra Zedillo por su responsabilidad en Aguas Blancas, Acteal y otros menosprecios a los mexicanos, por no hablar del “asalto en despoblado” que significó el Fobaproa de banqueros, sucesor del Ficorca para empresarios.

Fox, Calderón y Peña Nieto rebosan en evidencias delictivas jamás atendidas. Pero en el actual “marco legal” donde NO HAY ELEMENTOS de indagación (que los fiscales extranjeros recaban, acumulan y presentan ante sus jueces), no habría un solo indicio de culpabilidad contra presuntos responsables amparados por la Corrupción que se niega a desaparecer, por más esfuerzos del Presidente López Obrador y la 4T.

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