Después de la crisis profunda en la que cayeron las economías de prácticamente todos los países durante la pandemia, justo cuando comenzábamos a trabajar todos en intentar superar las fracturas de las cadenas de suministro que generó el cierre de las actividades productivas, se desató otra crisis provocada por la presión de la OTAN sobre Ucrania y la esperada reacción de Rusia, que profundizó los problemas de producción, suministro e inflación en todo el mundo.

Ya antes las tensiones en una guerra comercial entre China y Estados Unidos, habían comenzado a convencer a estos últimos de que lo más conveniente era disminuir su dependencia de China en relación con las manufacturas, buscando una locación más conveniente y menos cara de la que implica el comercio transoceánico, bautizándola con el apelativo de nearshoring; es decir, una playa más cercana.

El destino natural para sus necesidades es México por su ubicación, por su bono demográfico y por el precio de su mano de obra. Este hubiera sido el lugar soñado si aún gobernaran los ineptos que lo hicieron de 1982 a 2018, entonces podrían haber realizado el nearshoring para sus manufacturas con muchas ventajas que hoy no van a tener.

En la actualidad no van a recibir concesiones a cambio de nada con contratos que nos obliguen a pagarles si no trabajan, no habrán condonaciones de impuestos, ni tierras gratis, no podrán actuar como si el país fuera suyo, tampoco van a conseguir créditos de la banca de desarrollo que no tengan que pagar, ni van a ningunear a los gobernantes, tendrán que respetar nuestra soberanía, así como trabajar dentro del marco de nuestras leyes, cosa que antes no era necesaria.

Sin embargo incluso así, teniendo que comportarse como lo hacen en su propio país, la relación costo-beneficio les resulta muy conveniente, apoyados en un socio comercial del que hoy depende el 15% de su comercio internacional, que está dispuesto a colaborar con ellos para fortalecer decididamente la economía de Norteamérica, sin otra condición que la del respeto a la soberanía y a la ley.

Por otro lado, la nueva dinámica de la economía mexicana basada en evitar el endeudamiento, aumentar la recaudación, disminuir los gastos del gobierno, impulsar el empleo, incrementar el mercado interno, buscar la autosuficiencia energética y alimentaria, proporciona a México una base sólida desde el interior para convertirse en ese socio cercano y potente que requieren los estadounidenses, al igual que los canadienses.

Así también las nuevas crisis detonadas por las intervenciones de Washington en Europa y Taiwán, presentan oportunidades enormes para que México capte inversión extranjera como nunca antes, lo cual de hecho ya está comenzando a suceder, además de comercializar productos que son de necesidad imperiosa para los europeos, una vez que nuestro propio mercado interno sea autosuficiente.

No es casual que en medio de la crisis más severa que está sufriendo el mundo en décadas, el peso mexicano presente una estabilidad sorprendente en relación con el comportamiento de otras monedas emitidas por economías poderosas como el Euro, el Yen japonés, el Won sudcoreano o la Libra Esterlina, a pesar de que las tasas de interés suben como espuma en los Estados Unidos.

México hoy, con su nueva estabilidad desconocida para los mismos mexicanos menores de 60 años, se está convirtiendo en beneficiario involuntario de los problemas creados por la situación geopolítica por la que está pasando el mundo, lo cual refrenda la afirmación de que la mejor política exterior es la interior.

Como dijo el poeta nicaragüense Rubén Darío: “La virtud está en ser tranquilo y fuerte, con el fuego interior todo se abrasa”.

Por Erika