México, centro neurálgico del comercio mundial

Después de 2 años y medio de tener los reflectores enfocados hacia el Tren Maya, el aeropuerto Felipe Ángeles y la refinería de Dos Bocas, proyectos que han sido blanco de ataques mediáticos con las peores intenciones y de la guerra de amparos promovidos por el sicario legal de la élite, Claudio X González, el proyecto del tren interoceánico ha podido avanzar sin llamar mucho la atención.

A pesar de lo que se pueda pensar sobre los demás grandes proyectos de infraestructura, cada uno de los cuales tendrá repercusiones socioeconómicas positivas enormes, el transístmico es el proyecto del gobierno que más peso específico va a tener en el desarrollo económico del sureste y probablemente de todo el país.

Se trata de una vía de tren que conectará el océano Pacífico, que concentra el comercio marítimo desde Asia, con el océano Atlántico, por donde se mueven las mercancías que viajan desde y hacia Europa y la costa Este de los Estados Unidos, recibiendo y enviando mercancías a través de los puertos de Salina Cruz en Oaxaca y Coatzacoalcos en Veracruz.

Como plataforma básica se trabaja en la modernización de las vías ferroviarias entre los dos puertos y en la de las terminales portuarias, para convertirlas en puertos de altura capaces de manejar grandes volúmenes de contenedores y de albergar a las embarcaciones de gran calado que los transportan.

De por sí, sólo esta infraestructura reviste enorme importancia comercial, económica y social, sin embargo el proyecto no termina ahí. Esta vía no solamente va a competir con el Canal de Panamá en el movimiento interoceánico de mercancías presentando varias ventajas logísticas y temporales, sino que a lo largo de ella se van a desarrollar 10 parques industriales.

Las empresas que se instalen en esos parques recibirán incentivos fiscales por hacerlo y podrán fabricar e integrar parcial o totalmente, mercancías que se distribuirán desde la infraestructura portuaria modernizada, maximizando sus procesos de producción y comercialización de productos hacia todo el mundo en tiempos récord.

Por esta razón el desarrollo de la infraestructura a lo largo de todo ese tramo interoceánico, contempla la instalación de redes de comunicación telefónica, de internet, de interconexión carretera, transporte, vivienda y todo tipo de servicios necesarios para el funcionamiento eficiente de las empresas que se instalen en los parques industriales, detonando la economía de la zona en forma extraordinaria.

Como si esto fuera poco, también se construyen dos tramos más de vías; uno para conectar este tren con la frontera de Guatemala y desde ahí con la red de ferrocarriles de Centro América, otro para conectar el sistema a la refinería de Dos Bocas. En un punto la vía se conecta con el sistema Ferrosur que integra toda la comunicación de estos trenes hasta Puebla, Ciudad de México y el centro del país y por el lado oriente se conecta con el Tren Maya.

Así mientras las acciones de sabotaje legal y mediático que pone en práctica la oposición derrotada para intentar evitar que México se transforme en una potencia mundial, se concentran en los proyectos más taquilleros y costosos, el proyecto interoceánico avanza gradualmente para convertirse en una cortina de desarrollo, que ofrezca buenas alternativas de trabajo a los mexicanos que viven en el sureste y a los migrantes que buscan huir de la miseria que viven en sus países.

Muy a pesar de las mentiras vacías de los enemigos del país, este es uno de los detonadores principales de bienestar y desarrollo económico, que va a convertir a México en un centro neurálgico del comercio mundial en muy poco tiempo.

Como dijo el gran manco de Lepanto, Miguel de Cervantes: “La verdad adelgaza y no quiebra y siempre anda sobre la mentira como el aceite sobre el agua”.