Lozoya y el avión presidencial

Al Doctor John Ackerman, cuyo valor, independencia y
compromiso social hizo posible que la elección de consejeras
y consejeros del INE no fuera un naufragio democrático total

El pasado lunes 27 de julio, el Presidente de la República, Licenciado Andrés Manuel López Obrador, realizó el cotidiano ejercicio de transparencia y rendición de cuentas en las populares conferencias mañaneras en un escenario poco común.
Ese día, la conferencia matutina tuvo verificativo al pie del monumento al derroche, dispendio, boato y frivolidad característicos de la clase política prianista neoliberal (creo que las dos últimas palabras son pleonasmos), pues más allá de la preocupación por los más necesitados y por destinar los recursos públicos a beneficiar a su auténtico y verdadero dueño, el pueblo de México, la nomeklatura prianista se encargó de utilizar el erario para satisfacer egoístas caprichos y antojos personales, en detrimento de las grandes mayorías.

El colmo de la arrogancia mostrada por esos insensibles gobernantes hacia las necesidades de su pueblo, al cual estaban obligados a servir -y no servirse miserablemente de él, como en efecto lo hicieron- fue la adquisición por parte de FECAL -aunque disfrutado por el vacuo EPN- del llamado “avión presidencial”, un aparato birreactor de la empresa “Boeing” (no sé por qué me viene a la mente un triangulito conteniendo néctar de guayaba cuando escucho esa palabra, adornado con el legendario “Pato Pascual”), modelo 787 “Dreamliner”, una verdadera belleza en términos aeronáuticos, pero un auténtico insulto a las ingentes necesidades del pueblo mexicano. Diseñado para ser ocupado por toda una corte real (la cual, se supondría, en un país republicano como lo es México no debería existir) y no teniendo mayor utilidad social, fue un verdadero exceso de los lujos y privilegios de la clase gobernante prianista, aquella a la que el pueblo de México envió al basurero de la historia en la pasada elección presidencial.

Pues bien, nuestro Presidente no pudo escoger mejor escenario para demostrar los contrastes entre la soberbia y frivolidad de esa clase gobernante neoliberal, respecto del régimen austero, popular, democrático y republicano como lo es el encabezado por él mismo, enarbolando la Cuarta Transformación de la vida pública de nuestro México.

Mientras el actual mandatario López Obrador viaja en clase turista en las aerolíneas comerciales, gastando recursos mínimos, en comparación con las excesivas expensas de los anteriores gobiernos, se destina la mayor parte de los recursos públicos a beneficiar al pueblo, a través de los diversos programas de apoyos sociales que hoy son una realidad, gracias a los correspondientes derivados del Plan Nacional de Desarrollo 2019-2024, basado en los compromisos asumidos por nuestro Presidente en la campaña electoral que lo ha llevado a la victoria histórica del 2018, donde se plasma el sentir de la Cuarta Transformación y se sintetiza en tres acciones rectoras: no robar, no engañar y no traicionar al pueblo.

En este orden de ideas, la cicatera oposición de derechas ha restado importancia a este acto cargado de gran simbolismo, en el cual, una vez más, nuestro Presidente ha vuelto a cumplir su palabra al no subir a ese aparato, signo de la arrogancia y mezquindad de los gobernantes de la prolongada noche neoliberal de cuarenta años, concluidos precisamente en el histórico 2018.

No podía ser de otra manera, porque esa oposición de derechas fue la beneficiaria directa de los privilegios del poder en esa época neoliberal. El producto de la venta de ese enorme “elefante blanco” volador, se destinará íntegramente al equipamiento de hospitales con insumos indispensables para atender a la población, máxime en esta época en la cual todavía nos encontramos inmersos en la emergencia sanitaria producida por la pandemia del COVID 19. Asimismo, se ha programado un sorteo organizado por Lotería Nacional para la Asistencia Pública, cuyo único premio a repartir es el equivalente al valor aproximado de ese avión de lujo, es decir, unos dos mil millones de pesos, destinándose el producto obtenido de esa venta para beneficio del pueblo de México.

Justo en esta semana también ha tenido lugar el inicio de sendos juicios en contra de uno de los personajes de las corruptas élites políticas que señorearon la vida pública nacional en el régimen neoliberal. Emilio Lozoya Austin, itamita harvardiano, director de PEMEX en el sexenio peñanietista, como peón de ajedrez en el entramado de corrupción que fue el sello distintivo del sexenio anterior, beneficiario de las coimas repartidas por todo Latinoamérica por parte de la empresa brasileña “Oderbecht”, tristemente célebre. Las pruebas que rinda Lozoya en los juicios instrumentados en su contra por parte de la Fiscalía General de la República serán cruciales para destapar la sucia cloaca de corrupción que fue el común denominador de quienes detentaron el poder político en el periodo neoliberal.

Importantes personajes del prianismo saldrán a relucir en el desarrollo procesal de los juicios contra Lozoya Austin. No por nada, varios de los principales privilegiados de los dos sexenios inmediatamente anteriores ya han puesto al Océano de por medio, tomando las de Villadiego. Ambos escenarios, inconexos en principio entrambos, unidos no obstante por un común denominador: la corrupción. Mientras que Lozoya ya está siendo juzgado por su participación en los entramados de corrupción y dispendio de recursos públicos en detrimento del pueblo de México; el TP01, el celebérrimo “avión presidencial”, signo de opulencia, soberbia e insensibilidad de una corrupta élite gobernante a la cual le importaba un cacahuate la ingente desigualdad social y económica del país que se incrementó notoriamente durante la larga noche neoliberal, será puesto a la venta y el producto de la misma se destinará a beneficiar directamente al pueblo.

Es un claro contraste entre la decadente clase política neoliberal y la Cuarta Transformación, cuyo faro guía es la regeneración de la vida pública del país, en el cual se retoman los idearios de Juárez y los demás próceres que han forjado nuestra Patria, entre los cuales se destaca la medianía que debe prevalecer en los ingresos de los servidores públicos y la actitud de servicio al pueblo que deben de llevar a cabo en su actuación.

A final de cuentas el vaso comunicante entre el ”avión presidencial” y Lozoya es, precisamente, la rampante corrupción que hizo posible la existencia de ambos signos, ambos personajes, de un régimen caduco y podrido, el cual finalizó gracias a la voluntad del pueblo mexicano el pasado 1 de julio de 2018. Por eso, si se tiene la posibilidad, hay que comprar un “cachito” para el Gran Sorteo del valor equivalente al “avión presidencial” que tendrá verificativo el próximo 15 de septiembre, puesto que, con toda certeza, esos recursos obtenidos por la venta de dichos boletos se destinarán a beneficiar al pueblo de México. Yo ya compré el mío con plena convicción de aportar un granito de arena en esta Cuarta Transformación de la vida pública de México.

Miguel Francisco Barrera Aldama.
Abogado, profesor y escritor.

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