Sindicato Mexicano De Electricistas

Lozoya en prisión e inicia la defensa mediática

Ciro Gómez Leyva apesadumbrado, dolido, hablando telefónicamente con el abogado de Emilio Lozoya.
Ambos personajes comparten el mismo dolor. Emilio fue localizado y aprehendido en España.
Y comienza la defensa mediática, política y jurídica de este personaje.
En los medios de comunicación, saltan de inmediato los conocidos periodistas y analistas del ala radical conservadora, que dicen ejercer un periodismo imparcial.

Ciro Gómez Leyva como señalamos, muestra abiertamente su pesar por este logro de la justicia española. Se nota el vínculo estrecho que lo une con un personaje producto del neoliberalismo.
De las pocas veces en que Ciro se quita la máscara, para mostrarnos un sentimiento real hacia aquellos con los que se identifica, ya sea por amistad, o por compartir la misma posición política.
Carlos Loret de Mola, señor del montaje televisivo y de la fake news, se asoma también a las redes sociales, con la intención de desacreditar al presidente López Obrador y al gobierno de la Cuarta Transformación. Nos dice que la captura de Lozoya es solo un distractor, que pretende hacernos olvidar lo mal que va el actual gobierno.

Mintiendo, como es su costumbre, habla de una inexistente baja en el apoyo social que el pueblo de México otorga al presidente. Sigue culpando al gobierno del desabasto de medicamentos registrado en algunas unidades médicas, sabiendo que los verdaderos culpables de esa carencia, ya subsanada, son las compañías intermediarias y las farmacéuticas.

Por último, difama, como también es su costumbre, al presidente, al decir que López Obrador declaró que el feminicidio es un tema que no debe opacar la venta del avión presidencia. Esa noticia había sido desmentida un día antes.
Denise Dresser, una politóloga “totalmente Reforma”, habló también de la “cortina de humo” que significa el arresto de Emilio Lozoya.
Raymundo Riva Palacio hace lo propio en sus espacios noticiosos y comenzamos a ver la campaña orquestada en medios, para mitigar la culpabilidad de un presunto corrupto, involucrado en escándalos tan graves como la quiebra intencional de PEMEX y el caso internacional Odebrecht.
La intención es distorsionar la realidad, para imponer la idea pública de que el arresto de Lozoya, se debe más a causas políticas, que a los actos de corrupción cometidos en el pasado.
Esa es la parte que están jugando los medios de comunicación conservadores en este momento. Minimizar la culpa de Lozoya y al mismo tiempo, hablar de una “cortina de humo” por parte del gobierno, para ocultar errores inexistentes.
La popularidad de López Obrador, según las últimas mediciones serias, se mantiene en el rango del 72% y todo lo demás que se dice sobre su gobierno en las páginas de la prensa reaccionaria, cae en el terreno de la noticia falsa.
Por su parte, la defensa de Emilio Lozoya comienza a moverse en el terreno jurídico, intentando presentarnos al Emilio Lozoya obediente y disciplinado, que solo seguía las instrucciones que le giraban los servidores públicos de “más arriba”.
Es interesante lo expresado por Javier Coello Trejo en ese sentido. El abogado defensor de Emilio Lozoya, nos muestra la línea de defensa que están estableciendo para el caso. Minimizar al máximo la participación de Lozoya en la comisión de los delitos que le pudieran ser comprobados.
Y está vía de defensa apunta hacia un personaje en particular: el expresidente Enrique Peña Nieto.
Coello Trejo es un abogado ampliamente reconocido. A él acuden políticos y gente de poder, cuando necesitan una defensa calificada. Se trata de alguien que conoce plenamente el sistema de justicia en el país.
¿Por qué preferir este tipo de estrategia que en apariencia, supone un ataque directo a un expresidente?
Tal vez la explicación a esto, la encontremos en las palabras que el presidente López Obrador expresó el día de hoy en la conferencia mañanera.
Respondiendo a la pregunta de uno de los reporteros que cubren la fuente en palacio nacional, el titular del ejecutivo habló sobre la necesidad de que se legisle para que, en adelante, el presidente en turno pueda ser juzgado por cualquier delito cometido.
Actualmente, esto resulta imposible. Un presidente en funciones, o un expresidente al que se pretenda juzgar por delitos cometidos durante su gestión al frente del poder ejecutivo, tiene muy pocas posibilidades de prosperar.
La constitución mexicana establece que, únicamente se puede juzgar al presidente, por traición a la patria. Es el único delito que lo puede llevar a juicio.

Esa limitante que protege al presidente, puede servir también, en el caso de Emilio Lozoya, para descargarlo de buena parte de la responsabilidad personal que le corresponde, para transferirla a un expresidente que legalmente no puede ser juzgado por esos delitos.
Mientras la culpa fundamental caiga sobre Felipe Calderón (en el caso de Obredecht) y Enrique Peña Nieto, en lo que respecta a otros delitos, la posible sentencia a Emilio Lozoya disminuye.
Muchos ciudadanos desean que Lozoya “cante”. Que delate a sus cómplices en el gobierno. Sobre todo, que nos diga cuál fue la participación de Felipe Caderón y Enrique Peña Nieto, en casos emblemáticos de corrupción durante el periodo neoliberal.
La desventaja en esto, está en que si la defensa de Emilio Lozoya logra que la culpa principal, recaiga en los dos expresidentes señalados, será difícil aplicar una ley, con carácter retroactivo, que castigue las faltas cometidas durante el periodo de mandato de ambos expresidentes.
Las leyes mexicanas fueron creadas o ajustadas a modo. La intención era dar vía libre a la corrupción, con total impunidad.
El arresto y futura extradición a México de Emilio Lozoya, es el primer episodio de lo que será una larga novela.
Habrá que estar al tanto de cada paso que se vaya dando, pero hay que tener en cuenta que la justicia mexicana, por muy decidida que esté para castigar todo asunto relacionado con la corrupción, se enfrenta a las limitantes que las leyes neoliberales, contemplan para brindar impunidad a los principales responsable del saqueo nacional.

Emilio Lozoya de ninguna manera puede ser considerado un operador dócil y ajeno a toda culpa. Fue funcionario de primer nivel y cometió el delito de corrupción en forma reiterada, lo que agrava su situación.
Que no nos hagan creer que toda la culpa fue exclusivamente de los expresidentes, que hoy son prácticamente intocables.
Recordemos que las hienas, siempre trabajan en manada.

Malthus Gamba