El escenario internacional presenta hoy uno de sus pasajes más inciertos en la historia moderna, con los poderosos países occidentales que se reúnen con grupitos de países ricos, hundidos en una espiral inflacionaria, que está por verse si logran controlar con el aumento en las tasas de interés.

Los precios del petróleo, la energía eléctrica y el gas navegando por las nubes, amenazando con seguir subiendo; los alemanes extendiendo su plazo para deshacerse del carbón; cientos de miles de californianos migrando para residir en México a fin de no tener que bajar su nivel de vida; los rusos cerrando las llaves de los combustibles como pago por las sanciones que en forma irreflexiva le impusieron sus vecinos europeos.

Los consumidores aguantando estoicamente, mientras pagan más todos los días para transportarse, para solventar sus facturas de luz, para calentar o enfriar sus viviendas y para comprar alimentos, sin saber cuándo el costo de sus necesidades va a rebasar la capacidad de sus posibilidades.

En este contexto de revulsión permanente e incertidumbre severa, el Presidente de México hace un anuncio que sería el sueño dorado de cualquier otro líder mundial y de cualquier habitante en todos los países desarrollados del planeta: En México los precios de los combustibles, así como de la energía eléctrica no subirán en lo que resta del año.

¿Cómo es posible que un país como el nuestro pueda darse ese lujo insospechado para cualquier nación de primer mundo, en un entorno de post pandemia y de guerra, que va a reconfigurar el escenario económico del orbe una vez que pase el torbellino devastador?

Es posible porque nuestro país como ningún otro, hace casi 4 años abandonó rápidamente la tendencia neoliberal malsana y perniciosa. El gobierno dejó de endeudarse, aumentó su recaudación, disminuyó sus gastos, empezó a combatir la corrupción y el saqueo, reorientó su presupuesto para apoyar a quienes más lo necesitan y reconfiguró completamente su política energética para ganar soberanía, así como autosuficiencia.

Escapó milagrosamente de la trampa sin salida en la que lo habían colocado los neoliberales corruptos, teniendo que importar casi toda la gasolina que consumíamos, produciendo menos petróleo del que necesitábamos, con fugas de dinero impensables por una poderosa industria de robo de combustible, colocando indiscriminadamente plantas de energía extranjeras que pudieran hacer colapsar a la CFE, dejando las refinerías abandonadas y todo esto para quedar a merced completamente de cualquier desajuste internacional que se presentara.

Esta desgracia se comenzó a revertir a partir de 2019. Hoy a pesar de todavía tener que importar una parte de las gasolinas que consumimos, la reactivación en la producción y refinación de PEMEX y el aumento del precio del crudo, nos permiten subsidiar el incremento que pueda tener el precio de importación de combustibles.

La ley de la industria eléctrica desactivó el saqueo planeado para que las eléctricas extranjeras quebraran a la CFE, quien ahora puede garantizar el suministro de energía sin que tengan que variar los precios, para que los saqueadores aumenten sus ganancias como sucede en todo el mundo.

Ningún habitante en los países desarrollados tiene idea hoy de cuánto va a pagar para transportarse, calentar su casa o cocinar dentro de 2 meses. Sin embargo los mexicanos, incluso los de la derecha, sabemos que no vamos a pagar más de lo que nos cuesta hoy todo esto, por lo menos en los siguientes 6 meses. Las empresas instaladas en México también lo saben y tienen elementos para planear sus negocios con certidumbre.

Hoy debemos celebrar con entusiasmo habernos liberado del paraíso perdido neoliberal, que algunos desorientados siguen reclamando estridentemente, mientras sueñan con las ganancias mal habidas que les reportaba. Bienvenido el avance de la 4ª Transformación del país.

Como dijo el escritor sueco Henning Mankell: “No creemos en los milagros. Pero los aceptamos cuando, alguna que otra vez, a pesar de todo ocurren”.

Por Erika