Si los audios publicados en “Los Martes del Jaguar”, han dado cuenta de los acuerdos corruptos que se suscriben en los sótanos del periodismo mexicano, la suciedad y la falta de profesionalismo imperantes en este gremio, se hacen patentes ante los ojos de la sociedad mexicana, día tras día.

Alejandro Moreno, actual presidente del Partido Revolucionario Institucional, habla de la forma en que sus “brothers” periodistas, sacan la cara por él, cuando otros representantes de la prensa nacional, publican notas que dañan personal o políticamente al priista.

Da los nombres de Antonio Navalón, los descendientes de Julio Scherer, dueños de la revista Proceso. Ciro Gómez Leyva, López Dóriga, Rafael Cardona y Carlos Marín.
Ellos serían sus incondicionales en medios de comunicación. Y lo que dice “Alito” en el último audio publicado, no es una confesión arrancada con violencia por parte de sus posibles enemigos políticos, o por alguna autoridad que lo interroga.

Alejandro Moreno platica este hecho a los amigos que se encuentran reunidos con él. Y es precisamente uno de estos amigos, quien graba y filtra el audio, junto a otros ya conocidos y quizá 800 más, que nos falta conocer.

Estos periodistas, según cuenta Alito, golpean mediáticamente a quienes causan problemas al presidente del PRI. Es decir, son periodistas que golpean a otros periodistas.
El pensar que se dan este tipo de acuerdos entre la clase política reaccionaria y los periodistas del pasado, que en su momento gozaron de credibilidad e incluso estima, de parte de una sociedad que les brindó su confianza, es irritante.

Traicionaron la confianza de sus audiencias y fueron parte del sistema de corrupción que se apoderó del poder, durante el periodo neoliberal.

Cómplices de las conductas delictivas de quienes pagaron bien por sus servicios.

Ayer miércoles, muchos esperaban que el periodismo en nuestro país, hiciera suyo el enojo social por el contenido del audio que se publica en “Los Martes del Jaguar”.
Era una noticia de importancia evidente, que merecía figurar en las primeras planas de todos los diarios nacionales.

Y no fue así.

Los principales medios informativos, así como los periodistas con cierto renombre al día de hoy, guardaron silencio, o tocaron el tema de manera tangencial. Como si se tratara de una noticia secundaria.

Solo las “benditas redes sociales” hicieron del conocimiento de la gente, estos corruptos negocios concertados entre periodistas y políticos reaccionarios.
La crisis en el periodismo profesional es severa y los ciudadanos lo notan, por más que se intente ocultarlo.

Hay falta de pulcritud en comunicadores como Carmen Aristegui, que está engolosinada, junto con su equipo de comentaristas, con el supuesto jalón de orejas que dará el gobierno norteamericano, al presidente López Obrador, por la forma en que está operando la política energética en nuestro país.

Aristegui simula desconocer el contenido del tratado trilateral T-MEC, o entenderlo de manera muy especial.

Aristegui vela por los intereses de las empresas norteamericanas en este asunto.

No dice que el tema energético está fuera de ese tratado y que las quejas relacionadas con el sector energético, están fuera de lugar.
No te puedes quejar por asuntos que no son parte del convenio suscrito.
El presidente López Obrador fue claro en la conferencia mañanera de este día: “Lo que nos están pidiendo las autoridades de Canadá y Estados Unidos, es una consulta donde expliquemos las causas por las cuales han cambiado las cosas en lo que respecta al sector energético. Y les vamos a contestar sin problema alguno. Estamos erradicando la corrupción. El tema energético, compete exclusivamente al pueblo de México. Se trata de un asunto de seguridad y soberanía. Las decisiones que tienen que ver con petróleo, gasolinas y electricidad, se discuten y resuelven dentro de nuestras fronteras. No hay margen de discusión al respecto. El Tratado firmado lo contempla así. Y este gobierno va a defender ese derecho ante cualquier instancia. Sea ésta nacional, o internacional”.

No solo Aristegui se pone del lado de los intereses de empresas y gobiernos extranjeros. Son varios los medios informativos y los comunicadores que están defendiendo esta postura contraria al interés de la nación.

El pensamiento conservador queda en evidencia cuando se tratan este tipo de asuntos, en donde lo público y privado entran en conflicto.

La prensa reaccionaria siempre estará del lado de quienes representan al mercado predador, de clara inclinación neoliberal.

López Obrador y los millones de mexicanos que lo acompañan, verán por el interés público y el beneficio social.

La crisis periodística se da también por los intereses creados con la política neoliberal del pasado. Aristegui y otros comunicadores como ella, tienen mentalidad entreguista y conservadora, según señala el presidente.

Hay un último factor que delata la pobre calidad que muestran los periodistas del pasado.

En la conferencia matutina del día de hoy, la reportera enviada por el sitio Pie de Página, Reyna Haydee Ramírez, toma la palabra para lanzar acusaciones en contra del presidente López Obrador y su gobierno.

Arma un espectáculo bochornoso, que llega incluso al insulto personal en contra de otros representantes de la prensa, ahí presentes.
Reyna Hayde no lleva temas específicos a las conferencias. Se contenta con hacer señalamientos generales, sobre diferentes situaciones que no han solucionado del todo gobiernos municipales, estatales y del orden federal.

Pero de todo culpa al presidente López Obrador y a su administración.

Reyna Haydee no pregunta con educación. Acusa sin pruebas. Grita. Se burla del presidente, pretendiendo evidenciarlo con eso.
Intenta hacer enojar a un presidente que jamás pierde el aplomo y termina ofreciendo atender todas sus peticiones personales (como darle acceso diario a la conferencia mañanera), para que esté contenta.

El periodismo viejo, carente de verdadero profesionalismo, se hace evidente en este tipo de comunicadores.

Hay ahí una clara falla formativa, que los impulsa a actuar con prepotencia. Prefiriendo la agresión al diálogo. Gritando para imponer su verdad por la fuerza.
Ese periodismo corrupto, grosero y vulgar, va de salida.

Ya no es aceptable dentro de una sociedad que cambia.

Los “Brothers”, las Aristegui y las Reynas, tienen sus días contados. Se están quedando sin audiencia y cosechan el fruto de lo que han sembrado.

La nueva sociedad no quiere trato alguno con quienes se identifican de una u otra manera, con la clase política y empresarial, que llevó al país a la crisis nacional que hoy nos vemos forzados a revertir, acompañando al presidente López Obrador.

Son integrantes del segmento social, que perdieron hace mucho ética y valores de todo tipo.
Sus mejores tiempos, ya pasaron.

Malthus Gamba

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