La voracidad por las vacunas

Estamos viviendo tiempos de estupor y temor masivo. La pandemia de Covid-19, que de ninguna forma se compara con males mundiales que han afectado a la sociedad en otros tiempos, ha alterado el ritmo de vida a que estábamos acostumbrados, abriendo puertas que hasta hace poco no pensábamos que existieran.

Este contagio y sus consecuencias no son de una gravedad tan significativa, como en su tiempo lo fueron la viruela, la peste negra, o el sarampión incluso. Sin embargo, deja muerte y recuperados que padecen estragos visibles en su salud.

Se ha calculado en un ochenta por ciento el porcentaje de las personas que adquieren el contagio sin presentar síntomas mayores. La enfermedad pasa por ellos sin pena ni gloria y sus síntomas no difieren mucho de aquellos que vienen con la gripe común. Es el veinte por ciento restante de quienes se contagian el que presenta dificultades mayores, sobre todo cuando pertenecen al grupo considerado como de la tercera edad, o cuando han sido negligentes en su alimentación y cuidado de peso. Problemas de diabetes, hipertensión y acumulación de grasa corporal, provocan cuadros de contagio más agresivos. Igual sucede con quienes tienen padecimientos respiratorios anteriores.

Ese veinte por ciento de infectados recibe atención médica que tiene como principal propósito apoyar al organismo para que active sus defensas internas, del mejor modo posible. Nada más. No hay tratamiento ni medicamento que pueda contrarrestar el daño que causa la enfermedad. Todo depende en ese momento de la fortaleza individual de cada paciente.

Por eso la carrera de todas las instituciones de salud, empresas y gobiernos para encontrar la vacuna que sirva, si no para curar la enfermedad, al menos para mitigar los efectos de la misma. Una vacuna que ayude a nuestro sistema inmunológico a crear los anticuerpos y defensas suficientes para nulificar el daño causado por el contagio.

Las vacunas han terminado el periodo de prueba y varias están a punto de aparecer para su aplicación inmediata. Es un logro médico y científico impresionante. Se superaron tiempos y dificultades de todo tipo, para poner al alcance la sociedad mundial, esta serie de prometedoras vacunas.

Y es aquí donde comienzan las visiones diferentes sobre la manera en que deben canalizarse hacia la sociedad, estos nuevos productos médicos.

Está por un lado la visión humanitaria, que señala que la vacuna debe ser ofrecida gratuitamente por todos los gobiernos del planeta. Solo deben cubrirse a los distintos laboratorios que la fabrican, los costos de producción, dando así oportunidad a las naciones pobres, de adquirir a precio accesible esta vacuna.

México ha sido un defensor permanente de esta visión, ajena a la comercialización de un beneficio médico que es requerido con urgencia en todo el mundo. Incluso ha propuesto que sea por conducto de Naciones Unidas, que se implemente el sistema de distribución de la vacuna a nivel mundial.

Nada de lucro. Acceso gratuito para todos.

Aquí en nuestro país, en donde hoy vivimos un periodo electoral, la contingencia provocada por la pandemia de Covid-19, ha sido utilizada para fines más mezquinos que los relacionados con la salud de los mexicanos.

No obstante que los números que arroja el balance que se tiene hasta el día de hoy, sobre infectados y recuperados, es bastante aceptable, comparándolo con el de otros países, hay un sector social conservador que intenta crear una percepción falsa, donde la autoridad sanitaria del gobierno de la Cuarta Transformación, es presentada como incompetente.

A ese sector reaccionario lo mueven motivaciones políticas por una parte. Quieren recuperar parte del poder que perdieron en el 2018. Desean conseguir una mayoría parlamentaria que les permita obstaculizar desde el Congreso, la marcha de la Cuarta Transformación.

El otro motor de esta clase privilegiada, que cuenta con dinero en cantidad suficiente, es el mercantil. Como dijimos, las visiones para dar acceso social a las nuevas vacunas son dos. Una la humanitaria que comentamos y otra relacionada con la óptica de mercado que maneja el modelo neoliberal que aún no acaba de morir. Vender la vacuna en lugar de dar cobertura universal a la misma, es lo que están intentando en este momento.

No quieren que el gobierno mexicana realice la compra consolidada de la vacuna, para dar atención de manera gratuita, a todos los mexicanos en el país. Pretenden que una rebana del pastel les sea entregada, para comercializar el producto y obtener ganancias, con la venta de este descubrimiento médico.

Los medios de comunicación conservadores, tan pobres en credibilidad, comienzan a hablar de la imposibilidad del gobierno para cubrir la demanda de vacunas en la totalidad de nuestro territorio. Aparecen conductores de una calidad moral de vergüenza, como Víctor Trujillo, solicitando al gobierno (con insultos y vulgaridades de por medio) que tome en cuenta a los empresarios en lo que corresponde a la adquisición y distribución (comercialización) de la vacuna.

Huelen un negocio gordo y buscan la manera de que no se les escape de las manos.

El sector salud estuvo abandonado durante el neoliberalismo. Cada dependencia de salud, cada gobierno estatal, realizaba sus compras en forma independiente. Había nulo control en adquisiciones, calidad de lo comprado y certificación de proveedores.

Esos mismos personajes son quienes quieren las nuevas vacunas en sus manos, para su control y posterior distribución. Quieren venderlas con lucrativa ganancia.

¿Alguien puede tener confianza en los corruptos del pasado? ¿Sería acertado dejar que lucren con la salud de los mexicanos en un momento de incertidumbre, dolor y pena?

La cobertura universal de la vacuna, a través del sector salud, es la respuesta sensata y humanista que México espera.

Vacunas para todos, en forma ordenada y de acuerdo a las cantidades que vayan llegando a nuestro país.

El gobierno de la Cuarta Transformación cuenta en este momento con los recursos económicos suficientes para adquirir las dosis necesarias. No hace falta dinero del sector privado.

El país está cambiando. El mercado dejó de ser el centro de todo. El ser humano, el ciudadano de a pie, los que menos tienen, ocupan el sitio preferencial para la Cuarta Transformación.

Con la salud de los mexicanos no se comercia.

Malthus Gamba