Textos y Contextos
Por: Miguel Alejandro Rivera

@MiguelAleRivera

El pasado miércoles, una caravana del gobierno de Gustavo Petro, actual presidente de Colombia, el primero con un proyecto de izquierda que se elige en un el país sudamericano, fue atacada en la región de Catatumbo, muy cerca de comunidades cocaleras.

“Las Unidades de Inteligencia en la Jurisdicción del municipio de El Tarra entregaron información preliminar sobre el ataque con armas de fuego, de largo alcance, a vehículos que se dirigían al municipio para integrar la caravana del señor Presidente de la República, Gustavo Petro, para un evento que se programó en este sector del país”, se informó a través de un comunicado oficial.

El ataque se presentó cuando las camionetas, que recibieron impactos de bala, aunque nadie salió herido, no se detuvieron en un retén ilegal que tenían seis sujetos armados en la carretera. “La caravana hizo caso omiso al ‘pare’, motivo por el cual fueron impactados con armas de fuego”, dijo el mandatario. En el incidente, uno de los vehículos no alcanzó a pasar el retén y otro quedó varado. “Allí quedaron retenidos dos vehículos y un conductor de la Unidad Nacional de Protección (UNP), quien a los pocos minutos fue liberado”.

Pese a esto, el presidente siguió con sus actividades planeadas. “Me parece una idea sugerente, interesante, que se realice en el Catatumbo”, una región fronteriza con Venezuela, “la primera asamblea de campesinos cultivadores de coca”, dijo el mandatario en el municipio de El Tarra.

La violencia siempre será un factor en momentos de cambio, más aún en países en los que ciertos sistemas, tanto políticos como económicos, han beneficiado al crimen durante décadas. No debemos olvidar como precisamente en Colombia, fue a través del terror y la desestabilización social que el Cartel de Medellín, a finales de los ochentas, logró mantener el poder, ya que Pablo Escobar fracasó en su intento por convertirse en un personaje político a través del parlamento y así legitimar sus actividades criminales.

Colombia vive momentos de transformación, y habrá fuerzas que traten de evitar esos cambios por los que tanto ha pugnado su sociedad, recordando que ha sido uno de los países más activos en cuanto manifestaciones se refiere los últimos años, teniendo la respuesta represiva de la derecha, que terminó por hundir a dicha oligarquía política.

Sin embargo, siendo que el sistema mundo siempre goza de espejos y paralelismos, México refleja esa misma situación, en la que grupos del crimen organizado han desatado la violencia durante agosto, ya sea en ciudades como Tijuana, Guanajuato, o más recientemente en Zacatecas. La población civil ha resentido las consecuencias de un poder fáctico que se resiste a transformar su dinámica delincuencial, pero, y eso es lo que más preocupa, son estrategias que, en nuestro país, de alguna forma ya se han visto.

En 1994, cuando el sistema priista más débil se sentía, ante una crisis económica insostenible y un ambiente político insostenible, la violencia se desató hasta con el más increíble de los sucesos, que fue el asesinato del candidato presidencial del mismo Partido Revolucionario Institucional, Luis Donaldo Colosio; vaya paradoja, la propia entropía en el sistema, el engrane que dejó de girar en la dirección que al parecer debía, puso en jaque a un partido que ya no podía legitimar más sus fraudes electorales y el enriquecimiento bestial de una cúpula empresarial a través de la privatización de la riqueza del Estado.

Así, Colosio, José Francisco Ruiz Massieu, el cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo, fueron las víctimas de una estrategia para sembrar terror y que la violencia fuese la clave de que todo permaneciera igual. El “voto del miedo” fue lo que llevó a Ernesto Zedillo a gobernar durante seis años un país que prefirió poner conscientemente en el poder a los delincuentes, que arriesgarse a que ellos mismos siguieran acrecentando la inestabilidad en las calles.

Por los comparativos y por la historia da terror el abrir un periódico y ver más y más violencia en calles, carreteras, ataques a la sociedad civil. Es difícil mirar cómo se trata de transformar a sociedades donde ciertos grupos se resisten al avance de nuevas políticas y de otra forma de vivir la realidad.

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Por Columnas

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