La vacuna y lo peor del ser humano

Mientras se van desarrollando los planes de vacunación en un buen número de países alrededor del mundo que tienen que realizar enormes erogaciones de fondos para adquirirla, de las muy pocas compañías farmacéuticas que la producen, éstas incrementan aceleradamente el valor de sus acciones en los mercados financieros.

Las acciones de siete de las farmacéuticas involucradas en la producción de vacunas contra el virus SARS-COV2, causante del COVID-19, que son: Moderna, Johnson & Johnson, Novavax, Pfizer, Astra Zéneca, BoiNTech y CanSino, juntas presentan un valor de 776 mil millones de dólares al final de 2020, 90 mil millones de dólares por encima de lo que valían un año antes.

El precio de venta de las vacunas en el mercado oscila entre 4 y 20 dólares, siendo la más cara la que fabrica la empresa norteamericana Moderna. Considerando que la primera aplicación de las vacunas a toda la población del mundo se hiciera con la más cara, se necesitarían 140 mil millones de dólares para cubrir el costo total de esa primera ronda, unos 50 mil millones de dólares menos que la cantidad acumulada por cada uno de los dos hombres más ricos del mundo.

Es decir, que cualquiera de ellos podría cubrir el costo de las vacunas que se necesitan para inmunizar a toda la población mundial y aun así, conservar 50 mil millones de dólares de fortuna personal.

Por otro lado y a pesar de tratarse de un asunto de vida o muerte para miles de millones de personas, hay países como los miembros de la Unión Europea, acumulando contratos por cantidades muy superiores a las que necesitan a fin de vacunar a su población. Para tener una idea, de esta acumulación está el ejemplo de Canadá, que con una población de poco más de 30 millones de habitantes, adquirió 332 millones de dosis.

La obsesión de lucrar en forma oportunista y descarada, con situaciones que implican tragedias humanas para millones de personas, está en todas partes.

Para muestra tenemos ejemplos en nuestro propio país, donde algunos grupos como el de los gobernadores de la oposición, gritan a voz en cuello que quieren adquirir las vacunas directamente, e incluso solicitan créditos para ello, endeudando innecesariamente a los habitantes de sus Estados, a pesar de que el gobierno federal inmunizará a toda la población con costo para el erario, pero estos individuos están en campaña electoral tratando de ganar votos a costa de la pandemia.

Otros son los deleznables politiqueros sin escrúpulos, que vociferan a los 4 vientos argumentando un mal manejo de la pandemia de parte de las autoridades de Salud, cuando a pesar de no haberse contado con la infraestructura necesaria al inicio de la epidemia, México ha tenido menos contagios que Brasil, Colombia y Argentina en américa latina, dos de ellos con una población mucho menor a la nuestra y ha sufrido menos defunciones por millón de habitantes que Bélgica, Perú, España, Italia, Argentina, Reino Unido, Estados Unidos y Brasil.

Otros más que no pueden aguantar el deseo de hacer dinero, llevan meses pidiéndole al gobierno federal que los incluyan en la distribución o aplicación de vacunas, para que sus empleados sean los primeros en inmunizarse y su producción se mantenga en boga, sin importarles que los ancianos y los enfermos, que son quienes deben ser vacunados antes que los demás para disminuir en 80% la mortalidad, se queden para después y aludimos a estos sin contar a los imbéciles que se saltan la fila para ser vacunados antes que nadie, sin que les toque el turno.

No cabe duda que el adoctrinamiento neoliberal egoísta y depredador, modificó los cerebros de mucha gente, a la que le va a costar mucho trabajo volver a transitar por la evolución desde animal al ser humano, para desarrollar algo de empatía.

Como dijo el escritor francés Émil Zolá: “El espectáculo ha sido inaudito, ha superado en brutalidad, en desfachatez, en declaraciones indignas, los peores instintos, las mayores bajezas jamás confesadas por la bestia humana”.

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