La oposición vive hoy en una especie de torbellino interno que los hace tambalearse con un simple testereo. Su propia naturaleza traidora los mantiene desconfiando uno del otro, acusándose entre ellos de falsas lealtades y juego sucio. Todos ellos se saben capaces de traicionar a los demás si esto implica recibir una ventaja y las miradas de sospecha se cruzan mientras mantienen sus cinco sentidos alerta, vigilándose entre todos.

La publicación de una lista con 42 precandidatos imaginados por el Presidente López Obrador alborotó la gallera. Los egos terminaron de inhibir cualquier vestigio de razón que pudiera quedar en aquellos que portan los cerebros más atrofiados, explotando en entusiasmo mientras confirmaban sus intenciones de convertirse en presidentes de México.

Otros, en quienes la hipocresía natural ayuda a aparentar mesura, no dijeron nada pero deambulan por el pasillo de su casa imaginándose accediendo pomposamente a los salones de Palacio Nacional. Los más estultos agradecían orgullosos las felicitaciones de sus cercanos por haber sido nominados.

Esta sola revelación pública desmadejó cualquier posibilidad real de que actuaran en una búsqueda sincera de los intereses de grupo. Todos hablan del asunto, mientras van confirmando uno a uno sus intenciones de ser candidatos.

El PRI ya cuenta con 8 destapados, uno de ellos ni siquiera estaba en la lista. El PAN cuenta con dos, además de una declinación formal y otras dos que prefirieron destaparse para la jefatura de gobierno de la Ciudad de México, entorpeciendo las aspiraciones de alcaldes y alcaldesas mafiosos. El PRD ya tiene a uno y Movimiento Ciudadano a otro, además de Colosio, a quien tanto han ponderado en sus ilusiones demoscópicas.

Pero en un escenario tan expuesto, donde todo tiende a hacerse público y a difundirse en las redes sociales, el principal problema de los miembros de la oposición son sus secretos, sus tratos inconfesables e incluso sus acuerdos confidenciales sobre temas hasta triviales. Acostumbrados a esconderlo todo para buscar alguna ventaja personal sobre los demás, la mayoría vive en la paranoia permanente.

En este contexto de inestabilidad emocional, cualquier cosa que pueda sugerir la búsqueda de ventajas para unos por encima de otros, genera encontronazos que no pueden ocultar porque se saben traidores. Hoy cualquier declaración que sugiera un posible coqueteo de alguno de ellos con alguien fuera del grupo cercano, se considera una amenaza real que altera los ánimos de todos.

Así por ejemplo, una declaración del secretario de gobernación insinuando que están negociando con priistas y panistas la aprobación de la Reforma Electoral, es motivo suficiente para que el PAN y Movimiento Ciudadano se increpen sobre supuestas traiciones, o una pifia de Lorenzo Córdova y su pandilla, genera ya críticas públicas de panistas, priistas y hasta emecistas señalando la torpeza con la que manejan las cosas en el INE, en general cualquier tropezon los saca de su zona de confort.

Los egos descontrolados reaccionan con histeria ante el miedo que les provoca terminar de ser desenmascarados, sin darse cuenta que ya lo fueron y que hoy lo único que puede sucederles, es seguir cayendo en la obviedad del ridículo porque la sociedad ya los conoce y nadie espera que actúen traicionando su naturaleza, aunque por las evidencias son capaces de hacerlo.

Como dijo el escritor francés La Rochefoucauld: Más traiciones se cometen por debilidad que por un propósito firme de hacer traición.

Por Erika