Sindicato Mexicano De Electricistas

La muerte por coronavirus; el festín de la prensa conservadora

Uno de los puntos fundamentales en la obra de Martin Heidegger, está relacionado con la presencia permanente de la muerte en todo ser humano.
Heidegger como filósofo existencialista, nos dice que “dentro de todas las posibilidades que a cada instante enfrenta el hombre, la única que siempre está presente, es la muerte”.
Porque todo hombre va a morir y ese destino común es irrevocable.
Por su parte, en el terreno de la psicología, Erich Fromm nos señala que toda persona, al adquirir conciencia de su ser, entiende que la muerte es una amenaza permanente, inevitable e injusta, según el entendimiento de la mayoría.
Esa conciencia de nuestro fatal destino, está presente en la mente de cada uno de nosotros, pero la mayoría de los seres humanos prefieren adormecer esa certeza y pensar que de alguna manera ilógica, la muerte no hará presa de ellos. Al menos en el corto plazo. Esa prórroga se va renovando día con día, manteniendo el engaño de que “falta mucho” para que nos alcance el momento final.
El temor más grande del ser humano, tiene que ver con la muerte. Con el final de la existencia y con la posibilidad de que la nada absoluta, sea el destino que nos espera.
A falta de respuestas y soluciones científicas que brinden explicaciones sobre un posible destino después de la muerte, la mayor parte de los seres humanos se refugian en la religión. La promesa de una vida posterior, donde las cosas marcharán de mejor manera que aquí, es atrayente. Y solo se pide tener fe, creer en el dogma básico de esa religión, para alcanzar el premio anhelado.
Pero mientras son peras o manzanas, el destino del ser humano, como parte del universo físico que habitamos, es afrontar el momento último que llegará inevitablemente.
La sociedad actual brinda a la mayor parte de los ciudadanos, una vida donde los satisfactores materiales están disponibles para casi todos.
Aún viviendo en pobreza extrema, se cuenta con lo mínimamente indispensable para subsistir. Disfrutar del aire, de las calles de la ciudad o del poblado en que se habita, resulta gratificante a todos. Mientras más posibilidades económicas se tengan, más oportunidades habrá también para nutrir la existencia con juguetes y artefactos, que den una sensación de felicidad endeble, pero entendible al mismo tiempo.
Rodear la vida de cosas, es para muchos la forma correcta de escamotear la presencia de la muerte en nuestra vida diaria.
¿Qué pasa cuando esa presencia se hace visible para todos?
Hay momentos en los que la amenaza de morir en el corto plazo, resulta demasiado evidente. Ya no se trata del temor a un hecho que deseamos suceda en un futuro lejano. La posibilidad de morir tiene fecha ahora y el pánico generalizado hace presa de sociedades enteras que pierden todo equilibrio emocional, ante un peligro que se torna real y que está a la vuelta de la esquina.
En el caso de la variante de coronavirus que vive el planeta, desde que fue declarada la pandemia ¿existe en verdad esa amenaza real de peligro?
De acuerdo a lo que han declarado los organismos internacionales que estudian y monitorean la nueva enfermedad, el grado de letalidad de esta epidemia es muy bajo.
El nuevo coronavirus se alivia sin atención médica especializada en la mayoría de los casos y solo el pequeño sector social, que tiene que ver con las personas de edad avanzada, corre un riesgo mayor al del resto de la población.
No hay cura para esta enfermedad, como sucede con muchas otras que afectan las vías respiratorias. El sistema inmunológico de cada paciente, se encarga de eliminar el virus y los síntomas en aproximadamente quince días. No es necesario mayor tratamiento al enfermo, que el que le brindamos cuando es afectado por una gripe común. En muy raras ocasiones se requiere atención hospitalaria.
¿De dónde llega entonces esta epidemia de miedo que afecta a todos los países del mundo en este momento?
De los medios de comunicación, que en número considerable, llevan una agenda que tienen como principal propósito, desinformar a las audiencias que los siguen sobre la verdadera dimensión del problema.
Ellos son los que están manejando y posicionando el miedo social. Impulsan escenarios donde los muertos generados por la actual epidemia, se cuentan por miles. Hablan de un número de casos mayor al que reportan los conteos oficiales.
Generan tal nivel de miedo, que los ciudadanos incurren en compras de pánico y en un acopio desproporcionado de materiales inútiles para sobrevivir a un colapso de salud que dista mucho de ser realista.
Los medios de comunicación conservadores están jugando con la idea de la muerte inminente.
En México, el presidente López Obrador ha señalado que este tipo de comportamiento falto de ética y profesionalismo, ha sido adoptado por las televisoras más prestigiosas del país, así como por emisoras de radio y periódicos impresos, con el fin de golpear políticamente al gobierno de la Cuarta Transformación.
Usar el natural miedo a la muerte, que es parte sensible de la existencia humana, es la estrategia de los grupos conservadores en este momento.
Hablar de miles de muertos en nuestro país, cuando la evidencia científica señala que solo unos pocos casos de contagio tienen un desenlace fatal, es la mentira que intenta colocar la prensa conservadora en el ánimo popular.
Crear la idea de que la muerte está a la vuelta de cada esquina, es una de las mentiras que difunden los comunicadores conservadores para restarle respaldo social al presidente.
La verdad es que existe una pandemia que es inevitable, pero que tiene como ventaja el no ser altamente mortal.
En China, primer país en haber experimentado la nueva enfermedad, están bajando los niveles de contagio en forma apreciable. Y los muertos en ese país fueron pocos, si tomamos en cuenta su número de habitantes.
El miedo a la muerte es natural a todo ser humano. Pero el crear la idea de que una muerte masiva amenaza al país, es un engaño cien por ciento conservador.
Creer que morirán muchos mexicanos a consecuencia de la epidemia, es seguir el juego de los grupos de la derecha nacional.
La evidencia científica lo desmiente y los datos correctos sobre el ritmo de la enfermedad, los está dando el gobierno diariamente.
México no se va a convertir en un enorme panteón a consecuencia de la pandemia. China, que no tenía los mecanismos de prevención necesarios al momento de presentarse la enfermedad, está saliendo con bien de este episodio.
Lo mismo sucederá en los demás países, que ya tienen implementados mecanismos de prevención y control.
Lo peor que podemos hacer, como individuos conscientes en este momento, es dar crédito al alarmismo y la nula veracidad de lo que publica y difunde la prensa reaccionaria.
Tomemos los datos científicos de los especialistas y no de los políticos y comunicadores conservadores.
Recordemos que ellos “mienten como respiran”

Malthus Gamba