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En la opinión de Elí González
@calacuayoMX @eligonzalezhz

Ahora que la oposición habla de violencia, sin quererlo hablan de los frutos de la semilla que sembraron. No se atreven a reconocer que la violencia que se da entre grupos criminales y no como en el sexenio de Felipe Calderón que el estado era una máquina de muerte como lo demuestran diversos estudios. La mayoría de los asesinatos fueron cometidos por el ejército y la policía federal.

Cuando la oposición exige balazos y no quiere abrazos, es por su sed de sangre, quiere seguir ensangrentando al país con la fuerza del estado.

Las estimaciones demuestran que las intervenciones de las fuerzas públi­cas de seguridad en el sexenio Calderonista, fragmentaron a las organizaciones criminales y como consecuencia, más violencia entre el estado y grupos criminales.

La violencia de hoy, no es entre el estado y las organizaciones criminales, tampoco el ejército ni la guardia nacional siguen siendo máquinas de muerte como lo eran con la oposición.

El origen de la inseguridad aunque lo nieguen, viene de gobiernos como el de Felipe Calderón, un narcogobierno que alentaba la violencia, que la alimentaba con más violencia y ejecutaba desde su propio cartel con García Luna, los ataques a los carteles enemigos.

Jesús Murillo Karam, hoy preso, dijo al recibir la PGR en 2012 que la estrategia de seguridad de Felipe Calderón, creó y fortaleció entre 60 y 80 nuevos cárteles. Aclaró también que la palabra cártel, se aplica a organizaciones de gran tamaño. Por eso es que al hablar de cárteles, estamos hablando de organizaciones criminales muy grandes y con mucho poder.

En el sexenio de Felipe Calderón, las “autoridades” dirigidas por un narcotraficante (García Luna), se centraron en descabezar a los cárteles enemigos, dejando el mando de dichos carteles, a los segundos en la jerarquía, es decir, a los ejecutores materiales, a los más violentos, quienes al ver debilitados sus carteles, formaran sus propios grupos y apostaran también por otro mercado, como el secuestro y la extorsión.

En la administración de Felipe Calderón, el mismo que ahora exige paz y seguridad, los grupos del narcotráfico crecieron más de un 900% y con ellos los niveles de violencia aumentaron exponencialmente pues por show mediático, los atacaba el estado con extrema violencia.

En ese mismo sexenio se disparó por arriba del 2000% la tasa de civiles muertos en enfrentamientos entre autoridades y presuntos delincuentes. El aumento de la violencia derivada de la estrategia para combatir al narcotráfico deterioró las condiciones de seguridad en el país, mismas que hoy seguimos padeciendo.

Por eso cuando la oposición habla de violencia, están hablando de lo que ellos mismos crearon, están hablando de los carteles creados en sus sexenios y del porcentaje de grupos criminales que surgieron en sus gobiernos. Se necesita estar más politizados para poder rebatir los argumentos infantiles y hasta estúpidos cuando exigen seguridad al gobierno actual.

Las organizaciones de derechos humanos calcularon que cada enfrentamiento adicional protagonizado por la Secretaría de la Defensa Nacional representó un incremento del 8% en los homicidios en cada trimestre del sexenio. Es decir, por los miles de ataques del ejército en ese sexenio, se sumaban homicidios cometidos por el estado hasta un 192%

La hipótesis de “descabezamiento de cárteles” o de desequilibrio del status quo entre grupos también fue corroborada por los datos. Tanto MATAR como detener a miembros de la delincuencia organizada en enfrentamientos con la fuerza pública provocaba un incremento de la violencia en 3% por cada enfrentamiento. Sumémosle los miles de ataques, ya imaginarán el porcentaje.

Tan solo entre 2007 y 2011, los estudios muestran que se registraron en total 3,327 combates entre las fuerzas armadas y federales con células de grupos delictivos. Más del 84% de dichos incidentes fueron propiciados por los propios soldados o policías federales y el resto fue en respuesta a una agresión directa. Definitivamente el estado era una máquina de muerte en el sexenio de Calderón.

Las fuerzas armadas se convirtieron en una máquina de muerte, pues en el desarrollo de la llamada “guerra contra el narcotráfico” se incrementó de forma exponencial, la letalidad de las fuerzas armadas en los enfrentamientos, es decir, el porcentaje de civiles que murieron en cada enfrentamiento fue de niveles catastróficos, civiles asesinados por el estado.

La polémica guerra contra el narcotráfico que inició Felipe Calderón durante su sexenio no solo dejó miles de muertos a manos de las fuerzas del estado, sino muchos personajes del crimen organizado que han sido capturados, encarcelados e interrogados por autoridades de México y Estados Unidos, han testificado que Felipe Calderón tenía nexos con cárteles de la droga en México, mismos que ahora lo protegen.

Por Columnas

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