Los jóvenes mexicanos; prioridad de la 4T

Las cifras sobre consumo de drogas en el país, son bastante alarmantes, de acuerdo con los datos que presentó el gobierno de la república, en la conferencia matutina de este día.

Del dos mil dos al dos mil diecisiete, el incremento en cuanto al número de personas consumidoras, se ha elevado significativamente.

Esto obliga a la nueva administración a dar una atención especial al problema.

No se trata aquí, en primera instancia, de despenalizar el consumo, o legalizar el producto, refiriéndonos al conocido problema de la marihuana.

La Estrategia Nacional para Prevención de Adicciones, tiene como objetivo central (de ahí su nombre), atender las causas que originan la adicción.

La carga fuerte en este proyecto, se da acertadamente, en programas y acciones que eviten que niños y adolescentes, sean futuros consumidores de sustancias adictivas.

En este programa quedan incluidos el tabaco y el alcohol. Dos sustancias socialmente aceptadas, aunque tan dañinas como cualquier otro narcótico.

López Obrador fue muy claro al señalar que los derechos humanos de todo consumidor, están garantizados y serán respetados por el gobierno en turno.

Sin embargo, la parte que tiene que ver con la despenalización de la marihuana para fines recreativos, o la legalización en la producción de la misma, son políticas públicas que se atenderán convenientemente, una vez que la estrategia de prevención esté funcionando adecuadamente.

Es un proceso que se trabaja por etapas, señaló el presidente.

Saber, por los datos presentados este día, que hay niños de diez años que son víctimas de las adicciones en nuestro país, es algo verdaderamente alarmante.

Conocer que el número de mujeres consumidoras se elevó en un ciento veintiocho por ciento de dos mil dos al dos mil diecisiete, preocupa.

Estos números rojos, son reflejo de la guerra declarada a la delincuencia organizada, por los gobiernos neoliberales. Principalmente por el que encabezó el entonces panista Felipe Calderón. A partir de su fallida guerra contra el narcotráfico y la delincuencia organizada, los niveles de consumo interno se dispararon fuera de todo rango lógico.

No hubo un diseño acertado en la estrategia, para impedir que las drogas que no podían comercializarse con facilidad en la Unión Americana, fueran consumidas dentro de nuestro país.

Pasamos de ser una nación de tráfico de sustancias adictivas, a una nación de consumidores habituales. Anteriormente el consumo era mínimo.

Lo importante en este momento para el gobierno de la Cuarta Transformación, es evitar que los niveles adictivos en menores de edad, sigan incrementándose.

Debemos entender que, para quienes controlan y manejan el comercio de sustancias prohibidas, el mercado potencial que incrementa sus ganancias, es precisamente el sector joven de la sociedad.

Niños que salen de la primaria y que, al ingresar al ciclo escolar siguiente, encuentran su primer contacto con la droga. No es un secreto que, en las mismas escuelas, o a la salida de estos centros educativos, existen enlaces que ofrecen y distribuyen diferentes tipos de droga a los estudiantes.

Factores sociales, como la pobreza, la desintegración familiar que viven cientos de miles de familias que, durante el periodo neoliberal, no tuvieron acceso a oportunidades reales, agudizan el problema.

Este ambicioso proyecto, está enlazado a los programas de bienestar que puso en marcha el gobierno de la Cuarta Transformación. No puede haber recuperación social, si las causas de la pobreza y el abandono de los más humildes no se atienden satisfactoriamente, antes de emprender cualquier otra política pública.

La Estrategia Nacional para Prevención de Adicciones es la vía sana para impedir que las futuras generaciones, se integren a muy temprana edad, al grupo social que se aficiona a las sustancias adictivas.

Si es verdad que todo ciudadano, debe ejercer sus derechos humanos, para definir y dirigir su vida y destino, de acuerdo a sus personales preferencias, lo es también, que un menor de edad no puede ser responsable de sus decisiones y tanto familia, como el Estado, están obligados a velar por la integridad física y mental de niños y adolescentes.

Probablemente a muchos de nosotros no ha tocado ver a niños con los que convivimos en nuestro entorno, convertidos en consumidores permanentes de sustancias que afectan sus organismos, apenas salidos del núcleo familiar.

O grupos de menores de edad, consumiendo cualquier tipo de droga en las esquinas o espacios públicos.

La petición para despenalizar el uso de la marihuana y legalizar su producción, son situaciones propuestas por quienes, alcanzada la mayoría de edad, consideran que pueden hacerse cargo de un uso razonado de estos productos. En la mayoría de los casos, con fines lúdicos.

Esa parte va a ser atendida en su momento, según puntualizó el titular del ejecutivo.

Lo que sí es un hecho cierto, es la conclusión que da el presidente a la exposición sobre este asunto.

La felicidad, no se consigue con el uso de estupefacientes.

La felicidad es un estado que se alcanza, cuando la potencialidad del ser humano se desarrolla plenamente. No requiere de apoyos externos, ni de sustancias mágicas. Necesita únicamente oportunidades reales, para alcanzar las metas que cada persona se fija en la vida.

La Cuarta Transformación, por el rumbo que lleva hasta ahora, sigue esta ruta de puertas abiertas para todos. Escuela, cultura, trabajo, salario digno, atención médica generalizados.

Eso distingue a esta nueva forma de gobernar. Ojalá que los resultados obtenidos, sean acordes al esfuerzo desarrollado por el actual gobierno.

La meta hoy, en esta nueva campaña, está dirigida especialmente a la niñez y juventud mexicanas.

 

Malthus Gamba