La evidente corrupción en el Poder Judicial

En la conferencia mañanera del día de ayer, un periodista señaló al presidente López Obrador, que el disgusto social sobre las constantes muestras de corrupción en quienes forman parte del Poder Judicial de la Federación, es grande.

De manera permanente, los ciudadanos reciben información sobre litigios que terminan con un fallo favorable para quienes han estado involucrados en actos violatorios de la ley y que reciben una sentencia absolutoria que no se justifica por la evidencia de la falta cometida.
Los amparos otorgados de manera discrecional a quienes usan este recurso legal como arma para detener acciones que impiden actos de justicia social, despiertan en el pueblo un malestar justificado por el modo en que actúa un buen número de jueces.
Se trata de beneficiar, tal y como ha sucedido desde hace muchas décadas, a la clase pudiente del país. A los conservadores acostumbrados a pagar por la justicia puesta a precio, en perjuicio de quienes, aún teniendo la razón, no cuentan con los recursos para cubrir el monto que solicitan los juzgadores.

Ahora mismo, toda acción de gobierno que impide a los dueños del dinero en México, mantener los privilegios a que están acostumbrados, da pie a que se presenten amparos, con la finalidad de impedir los cambios democráticos.
Incluso instancias públicas, han solicitado amparos para no ver reducidos sus ingresos, en tiempos en que la austeridad es norma en todas las áreas de administración pública.

El reportero solicitó al presidente un posicionamiento personal sobre estos hechos, así como también sobre el plan del ejecutivo, para revertir este tipo de conductas, a todas luces carentes de ética, e incluso delictivas.
La respuesta de López Obrador, fue la misma que ha manifestado en ocasiones anteriores.
Hoy vivimos verdaderos tiempos de democracia.

A diferencia de lo que sucedía desde la época porfirista, donde el único criterio válido era el del presidente, la división de poderes es en estos momentos una realidad.

Hay autonomía verdadera entre los poderes ejecutivo, legislativo y judicial.
Esto es un avance democrático poco apreciado por los ciudadanos. Pero es un paso enorme que tiene un profundo valor social.
Las consignas al Congreso y a la Suprema Corte de Justicia, ya no salen de Los Pinos (hoy desaparecido), ni de Palacio Nacional.
Existe comunicación respetuosa, pero cada Poder ejerce su autonomía en la vida cotidiana.

López Obrador señala que al presidente de la república, basándose en el respeto que debe a los otros dos poderes del Estado, le corresponde únicamente invitar a quienes forman parte del Poder Judicial, a actuar conforme a los valores éticos, que son obligatorios para todo servidor público.

Quienes tienen el encargo de presidir la Suprema Corte de Justicia y el Consejo de la Judicatura Federal, deben instrumentar las acciones necesarias para erradicar los actos de corrupción que se presenten al interior de juzgados y tribunales.

La independencia constitucional entre los tres poderes de gobierno, así lo establece.
Para muchos, esta posición del presidente, permite que la corrupción siga anidada al interior del Poder Judicial. Hablan de que será imposible que los mismos corruptos que hoy delinquen en las áreas de impartición de justicia, cambien su comportamiento por decisión propia, o por regulaciones diseñadas por ellos mismos.

Probablemente tengan razón y resulte difícil un cambio de esta naturaleza.
Tal vez la razón esté en este caso con quienes así opinan.
Pero hay que tener en cuenta que los argumentos del presidente también son válidos, en cuanto a que resulta imposible para el poder ejecutivo, al menos en este momento, tomar cartas en el asunto.
Una invasión de su parte en la vida interna del Poder Judicial, sería manejada por los grupos conservadores como la señal más clara del autoritarismo que viene anunciando la derecha mentirosa, desde hace un buen rato, con respecto a López Obrador.

De dictador, con hambre de poder total, no lo bajarían en sus campañas de guerra sucia.
Aquí mi pregunta a quienes leen esta columna de opinión es una:
¿Por qué delegar todo en el presidente de la república?
Buena parte de la sociedad, está esperando pasivamente, que las soluciones a todos los problemas que enfrenta el país, salgan de las manos de Andrés Manuel.

Vamos a explicar un poco esto.
¿Cómo cambiamos LOS CIUDADANOS el primero de julio pasado a los otros dos poderes del Estado?
Lo hicimos en unidad. Votamos en mayoría por un cambio definitivo en el país.
Sacamos al PRIAN nosotros mismos tanto de la presidencia, como del Congreso.
Apoyamos el proyecto de López Obrador y a una fuerza política recién creada: Morena.
Hoy, estamos viendo el fruto de esa decisión ciudadana. Los programas sociales en apoyo a quienes menos tienen son una realidad y la erradicación de la corrupción en buena parte de la administración pública, es evidente.
Estamos en el inicio del sexenio, pero ya son notorios los avances.

Entonces ¿por qué no seguir la misma receta con el poder judicial?

Aquí no se trata de asistir a votar en favor de una fuerza política. Se trata de mostrar la inconformidad de los ciudadanos, por todos los canales y vías posibles.
Este fin de semana, por ejemplo, está convocada una marcha en la Ciudad de México, que llegará hasta las puertas de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.
La intención es mostrar el repudio generalizado a los actos de corrupción evidente, por parte de jueces y magistrados. La idea es que el evento sea masivo. Es importante apoyar, ya sea asistiendo o haciendo visible el evento en redes sociales.

Es importante también repetir el ejercicio, tantas veces como sea posible o necesario.
No todos los males que padece el país pueden ser resueltos por el gobierno de la Cuarta Transformación.
Hace falta el apoyo popular y la manifestación pública, para cambiar el rumbo del país en forma favorable.
Lo que en este momento no puede ser ajustado o corregido por el gobierno directamente, lo podemos hacer nosotros, como sociedad unida.

Ya sacamos a buena parte de los corruptos en los otros dos poderes del Estado.
Vamos ahora por los que están enquistados en Poder Judicial.
Esta transformación es total y nadie la para.
Participando activamente, lograremos el cambio verdadero en el último baluarte de la corrupción pública.

Malthus Gamba