La economía en manos de todos

Pensar en un modelo de desarrollo donde la iniciativa privada no participe, o lo haga de manera marginal, es un despropósito económico. Baste darnos cuenta de que en un modelo como el de China, autocalificado como socialista, el 90% de las empresas existentes en su territorio son privadas y generan el 80% del producto interno bruto del país.

Esto nos da una idea de la importancia que tiene promover y apoyar la creación, así como la operación de empresas privadas en cualquier parte, a fin de que su empuje impulse en forma decidida la actividad económica de los países.

El problema fundamental que acarreó el neoliberalismo en este sentido, no radica en la proliferación de empresas privadas, sino en la cesión que hicieron los gobiernos a la iniciativa privada de las actividades de sectores estratégicos, que requieren la participación gubernamental para asegurar el bien común por encima de los intereses de grupos económicos.

Mientras el gobierno mantenga una rectoría firme de las actividades estratégicas orientándose a conseguir el bienestar de la mayoría, ya sea regulando o bien operando directamente estas actividades, las empresas privadas deben estar en libertad de desarrollarse sin obstáculos en los demás sectores de la economía.

De hecho, lo ideal sería que la mayoría pudiera participar con su propia iniciativa privada en la actividad económica directamente como empresarios y no solamente como empleados de empresas que reciben el reparto de una proporción menor de las utilidades que generan dentro de las empresas donde trabajan.

En este orden de ideas existe un modelo de participación que es lo más cercano a que los trabajadores se conviertan en empresarios y que es bastante popular en el mundo: Las cooperativas. En una cooperativa los trabajadores son los socios de la empresa, toman las decisiones del negocio, corren el riesgo y también reciben los beneficios que este genera con su trabajo.

Existen 3 millones de cooperativas en el planeta de las que son cooperativistas más de mil millones de personas. Sus activos suman 20 billones de dólares y generan una producción anual de 3 billones de dólares, equivalentes al 6% del producto interno bruto del planeta.

Es el modelo de iniciativa privada desde la economía social, que permite a más personas convertirse en empresarios, sufrir las presiones que implican ser responsables del manejo de una compañía y disfrutar de los beneficios económicos que esto implica.

En Nueva Zelanda por ejemplo, que es el país con más sociedades cooperativas en el mundo, la quinta parte del producto interno bruto es generado por ellas. En México existen alrededor de 200 sociedades cooperativas, la mayoría de ellas son de ahorro y préstamo, aunque la más grande es Cementos Cruz Azul que fue secuestrada y saqueada durante décadas por una familia de delincuentes encabezados por El Billy Álvarez, quien hoy se encuentra prófugo con más de 9 denuncias en su contra.

El nuevo entorno mexicano en el que se combate la corrupción y se establece un piso parejo para la competencia libre entre las empresas, favorece ya la creación de este tipo de estructuras de economía social desde la iniciativa privada, que se está impulsando con firmeza en la Ciudad de México por medio de financiamientos dirigidos específicamente a empresas formadas en este esquema.

Aún hace falta que se destinen más recursos a nivel nacional, para que la formación y desarrollo de las cooperativas pueda impulsar vigorosamente la economía del país en el futuro, dentro de un modelo de empresas que permita a los que trabajan en ellas, ser beneficiarios directos de la cosecha que generan con su trabajo, pero seguramente para allá vamos.

Como dijo el escritor británico Robert Louis Stevenson: “No juzgues cada día por la cosecha que recoges, sino por las semillas que siembras”.