Del brazo ejecutor a la Secretaría de los derechos humanos

Por: Laura Cevallos
@cevalloslaura

Por décadas, los mexicanos estuvimos acostumbrados al sometimiento de los designios presidenciales y a la ejecución de éstos vía su brazo armado: la secretaría de política interior, o sea, la de Gobernación. Los últimos ocho sexenios tuvimos una muestra de los peores del ser humano ocupando el cargo de presidente y, por ende, los peores ejemplares fueron parte de sus gabinetes. Y hay que mencionar que, al ser enlace entre el titular del ejecutivo y los órdenes de gobierno como la entonces Procuraduría, los hacía al mismo tiempo encubridores y cómplices de las masacres acaecidas al amparo del presidente en turno.

Sexenio Díaz Ordaz. 1964-1970

En esa secretaría tuvimos titulares de lo más irrefutable, como, por ejemplo a Luis Echeverría, ejecutor del deleznable ataque a los estudiantes de Tlatelolco, en octubre de 1968, quien además de haber obedecido ciegamente las órdenes genocidas y represivas del presidente Díaz Ordaz, no las objetó ni se opuso, pero sí fue capaz de decir las obedeció porque “él no era el presidente”. Estos actos, lejos de haber merecido una reprimenda, fueron méritos que le concedieron a Echeverría, diversas distinciones: como Caballero de Gran Cruz con Collar de la Orden al Mérito de la República Italiana; la Orden de Jamaica; la Orden del Baño (1973); la Grand Star of the Decoration for Services to the Republic of Austria (1974) y la Orden Mexicana del Águila Azteca (1976). El procurador de ese nefasto sexenio, fue Pedro Ojeda Paullada, y su agente del Ministerio Público Federal Salvador del Toro Rosales, encargado directo de los interrogatorios posteriores a los detenidos de ese 2 de octubre; además contaron con la ayuda del jefe del Estado Mayor Presidencial, el teniente Salcedo, encargados todos de llevar a cabo las tareas genocidas asignadas.

Sexenio Luis Echeverría, 1970-1976
Después de haber sido presidente, Echeverría también fue premiado y nos “representó” como embajador en Austria y en Nueva Zelanda, entre 1978 y 1979, además de ser embajador de México ante la UNESCO entre 1977 y 1978.

Con esos “usos y costumbres” adquiridos, cuando él mismo fue presidente, fue el responsable del asesinato, desaparición y tortura de varios líderes campesinos en Guerrero, como Genaro Vázquez o Lucio Cabañas. Incluso, su secretario de gobernación, Luis Moya, fue quien ejecutó la represión contra los estudiantes, otra vez, en el tristemente célebre Jueves de Corpus, el 10 de junio de 1971. También causó un quebrantamiento en la libertad de expresión ya que ejecutó los sabotajes al periódico Excélsior, entonces liderado por Julio Scherer, quien fue obligado a abandonar el rotativo, junto con su gente. Este sujeto también fue premiado con la representación de México ante la ONU, de 1985 a 1989; y las embajadas de México en Japón, de 1989 a 1990; de México en Cuba, de 1990 a 1993 y de México en Italia, de 1994 a 2001. Dentro de la Procuraduría, el “abogado del pueblo”, que en realidad encubrió los crímenes de 1971 y los demás de los primeros años del sexenio, fue Julio Sánchez Vargas, quien, al responder sobre los delitos de genocidio, tortura y desaparición forzada, negó todas las acusaciones en su contra ante la Fiscalía Especial para Movimientos Sociales y Políticos del Pasado establecida en el sexenio de Fox.

Sexenio López Portillo 1976-1982

El sexenio de José López Portillo también tuvo sus propios monstruos en la Secretaría de Gobernación, que, aunque tenían métodos muy refinados y apegados al derecho y las leyes, fueron conminados a ser encubridores de alrededor de 100 desapariciones forzadas, ejecutadas por la policía política, muy particularmente contra miembros de la Liga 23 de Septiembre, en relación con el secuestro de Garza Sada. Los titulares fueron Jesús Reyes Heroles y Enrique Olivares Santana. El cómplice de “mano dura” en la Procuraduría, fue Óscar Flores Sánchez quien en su sexenio como gobernador de Chihuahua tuvo sus propios exabruptos y excesos contra estudiantes y siendo procurador continuó gustoso con la represión estudiantil y a desactivar cualquier movimiento opositor. Personalmente fue acusado de complicidades con el narcotráfico, pero como no fue posible probarlo, terminó su vida política, incólume.

Sexenio De la Madrid 1982-1988

La política de dominar vía la secretaría de gobernación continuó al siguiente sexenio, el de Miguel de la Madrid Hurtado, donde Manuel Bartlett fue el rostro de varios hechos que están aún en vía de aclararse (aún no sabemos si como chivo expiatorio, o rostro que absorbería la responsabilidad de otros), por ejemplo, la caída del sistema en la elección de 1988 y la muerte del agente de la DEA, Enrique Kiki Camarena; pero fue un sexenio severamente gris, con las primeras detenciones espectaculares de miembros del propio gabinete. En el caso, la de El Negro Durazo, amigo personal de López Portillo; de Jorge Díaz Serrano, director de Pemex y algunos funcionarios de la industria azucarera, entre los que estaba el propio sobrino del expresidente López Portillo. En este periodo, la Procuraduría estuvo a cargo de uno de los juristas más respetados y bien queridos en México y el mundo, ya que ha sido consejero electoral, así como juez de la Corte interamericana de Derechos Humanos de la Organización de los Estados Americanos, OEA, Sergio García Ramírez.

Sexenio Salinas de Gortari 1988-1994

Para el sexenio de Carlos Salinas de Gortari, el ejecutor de gobernación tuvo tres cabezas: Fernando Gutiérrez Barrios, Patrocinio González Garrido y Jorge Carpizo MacGregor. El primero, quien fuera responsable de la detención de Fidel Castro, en 1956, con el fin de desmantelar el Movimiento 26 de julio, y director de la policía secreta en el sexenio de Díaz Ordaz, también estuvo a cargo de la dirección del Batallón Olimpia, en el operativo del 2 de octubre. Patrocinio fue secretario solo por poco tiempo, ya que ante el alzamiento del ejercito zapatista, renunció al cargo, siendo remplazado por Jorge Carpizo. Este último condujo las elecciones de 1994, donde el candidato original, Luis Donaldo Colosio, fue sorprendentemente asesinado, supuestamente, por un joven que tenía una fijación con él; sin embargo, a 27 años del suceso, no hay sino una versión oficial que sólo ha satisfecho la “verdad jurídica”. También acaeció la muerte del cuñado del presidente, José Francisco Ruiz Massieu, quien murió en circunstancias poco claras. Situaciones que, obviamente, no permitieron que cambiara el “modus encubrendi” de esta secretaría. A él, tocó elaborar la increíble verdad histórica sobre el asesinato por confusión del Cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo, por pistoleros de los hermanos Arellano Felix que iban a ejecutar al Chapo, quien tenía un grand marquís negro, idéntico al del sacerdote. En el caso de Carpizo, su brillante carrera jurídica lo llevó a ser Rector de la UNAM, el primer presidente de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, Ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación y procurador general de la República, y a recibir 96 premios y reconocimientos de todo el mundo, por su aporte a la ciencia jurídica, curiosamente, enfocada al derecho constitucional y los derechos humanos. El propio secretario de gobernación, Carpizo, también cubrió el puesto de procurador, que compartió con Enrique Álvarez del Castillo, Ignacio Morales Lechuga, Diego Valadez Ríos y Humberto Benítez Treviño. Este sexenio estuvo marcado por persecuciones políticas con el fin de quitar de en medio a los que podrían resultar opuestos a las políticas tecnocráticas salinistas, entonces se apresó a Joaquín Hernández Galicia “La Quina” y se combatió, hasta donde se pudo, la mala imagen que se tenía sobre la represión de Chiapas, contra el EZLN.

Sexenio Zedillo 1994-2000

Con Zedillo, la secretaría tuvo 4 titulares: Esteban Moctezuma Barragán, Emilio Chuayfett, Francisco Labastida y Diódoro Carrasco Altamirano. En este periodo, hubo una masacre en Aguas Blancas, Guerrero y otra en Acteal, Chiapas, a manos de paramilitares y, por el manejo inadecuado del secretario Chuayfett, Zedillo decidió que renunciara para hacerse cargo de la situación con el secretario sucesor, Francisco Labastida. Por lo que toca a la procuraduría del zedillismo, fueron Antonio Lozano Gracia y Jorge Madrazo quienes fungieron como titulares. Al primero le tocó sacar lustre a una institución que no tenía nada bueno que contar, ya que heredaba los casos de Posadas Ocampo, Colosio y Ruiz Massieu; añadiéndose el procedimiento contra Raúl Salinas de Gortari, por la presunta autoría intelectual de su cuñado, Francisco Ruiz Massieu; por su parte, uno de los colaboradores de Lozano, Chapa Bezanilla, para poder esclarecer el caso del asesinato del diputado Muñoz Rocha, hizo uso de los servicios de una bruja vidente (La Paca, ¿se acuerdan?), lo que hizo que ambos funcionarios salieran de la PGR. El relevo fue Jorge Madrazo, a quien le tocó atender los hechos de Acteal, por los que murieron 45 personas (menores y mujeres embarazadas, principalmente) y en los que se apresó a 79 indígenas, del los que 51 que fueron liberados en distintos procesos, y que, de acuerdo a las resoluciones de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, fueron sentenciados con pruebas y testimonios fabricados en la Procuraduría General de la República, aunque dicho titular, Madrazo, siempre negó haber sido presionado por Zedillo u otra autoridad. ¿será que ésa, como otras fabricaciones, fueron iniciativa de los procuradores para poder ir sumando méritos a su carrera personal?

Sexenio Fox 2000-2006

Con Vicente Fox, el gabinete tuvo a Santiago Creel y a Carlos Abascal, en la Secretaría de Gobernación y a Rafael Macedo de la Concha en PGR, siendo sustituido por Daniel Francisco Cabeza de Vaca. ¿Cuáles fueron los hechos por los que dichos personajes son nefastos? A Macedo de la Concha le tocó renunciar por el caso ilegal del desafuero del entonces Jefe de Gobierno del Distrito Federal, Andrés Manuel López Obrador. Este sexenio vio el inicio de la descomposición por la narcoviolencia, inaugurándose con la “fuga” del Chapo Guzmán, de uno de los penales de máxima seguridad, el de Puente Grande, Jalisco. Los dos hechos que marcaron el sexenio: Pasta de Conchos, un accidente al que no se respondió con la celeridad y el respeto a los 65 mineros que quedaron atrapados tras el derrumbe del tiro de la mina de Coahuila; y la represión en San Salvador Atenco en que violaron a 60 mujeres y detuvieron a 290 personas por el simple hecho de defender sus tierras del arrebato que intentaron para iniciar la construcción del malogrado aeropuerto en el lago de Texcoco.

Sexenio Calderón 2006-2012

Si bien hemos hecho un repaso por lo peor de la historia moderna de México, enseguida escucharemos sobre el monstruoso sexenio en que el usurpador de Michoacán es responsable por el mayor número de muertes y desapariciones de los que el país tenga memoria. Los secuaces de Felipe Calderón en la secretaría de gobernación fueron cinco: Francisco Javier Ramírez Acuña; Juan Camilo Mouriño; Fernando Gómez-Mont; Francisco Blake Mora y Alejandro Poiré. En la procuraduría tuvo a Eduardo Tomás Medina-Mora Icaza; Arturo Chávez Chávez y a Maricela Morales Ibañez. Calderón, ilegítimo en su triunfo, intentó demostrar su poder iniciando una guerra infausta con el auspicio de una de las organizaciones delictivas más “exitosas” en exterminar a sus enemigos. Lo que pasó es que estos “coadyuvantes” se salieron de los límites de la lógica y la decencia porque, como buenos delincuentes, se tomaron el país como su escenario de peleas. Los números, aún sin ser definitivos, sobrepasan los 80mil muertos y los 20mil desaparecidos. Sucesos que marcaron el periodo, la muerte de dos secretarios de gobernación: Blake Mora y Mouriño, en extrañísimas circunstancias, encubiertas hábilmente por los procuradores; represión en Nochixtlán, Oaxaca; desaparición de Luz y Fuerza del Centro, la extinción de Mexicana de Aviación y el nefasto suceso de los pequeñitos de la Guardería ABC, donde 49 murieron y 106 quedaron con lesiones terribles, de por vida. De los secretarios de gobernación que no murieron en sospechosos accidentes aéreos, Medina Mora fue premiado con sendas embajadurías en Reino Unido y en Estados Unidos, y luego, con un puesto en la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Aquí hay que hablar del monstruo llamado Genaro García Luna, quien es creación y herencia desde Zedillo, crecido con Fox y elevado a rango de omnipotencia por Calderón, y que es el nodo que conectó directamente al presidente con el mayo zambada. O sea, el contacto entre ambos jefes de sicarios.

Sexenio Peña Nieto 2012-2018

Por último, el sexenio previo, el de Peña Nieto, donde los secretarios de gobernación y procuradores fueron igual de nefastos que sus antecesores: Miguel ángel Osorio Chong y Alfonso Navarrete Prida, en conjunto con Jesús Murillo Karam, Arely Gómez, Raúl Cervantes Andrade y Alberto Elías Beltrán. Para dar legitimidad a su mandato, inició con un encarcelamiento de pose: el de la maestra Elba Esther Gordillo, a quien al final de su sexenio dejaron salir, devolviéndole los bienes por los que la investigaron con un “usté disculpe”; detuvo al Chapo, a quien también dejó ir para detenerlo nuevamente en una persecución digna de “neiflis”; la narcoviolencia continuó y las calles eran escenarios de muerte y cualquier día, las personas eran levantadas por grupos que nadie sabía si eran de la delincuencia organizada o del poder al servicio de los delincuentes y acaeció la noche de Iguala, donde desaparecieron 43 normalistas de Ayotzinapa y murieron jóvenes futbolistas y personas que pasaban por el lugar. A los números del sexenio anterior, se sumaron al menos, 37mil desaparecidos; casos de ejecuciones extrajudiciales cometidas por fuerzas de seguridad; práctica generalizada de tortura física, sexual o de cualquier tipo; más de dos mil homicidios dolosos por año y un creciente número de feminicidios. La respuesta del Secretario de Gobernación ante los hechos de Ayotzinapa fue: ya me cansé.
Sexenio López Obrador 2018-2024

Este gobierno recibió un país en llamas, literalmente. Con un cambio en el formato de procuraduría a fiscalía, sin titular durante meses y altas dosis de corrupción e impunidad. Al presidente López Obrador le ha tocado enderezar entuertos para poder empezar a avanzar. Ha debido luchar contra un sistema acostumbrado a brindar justicia contra el pobre; a gobernar a favor de los que tienen y a usar el poder contra el pueblo. Nombró a Olga Sánchez Cordero, la primera mujer en una secretaría de esta envergadura, quien tuvo como encargo dar humanismo a un ministerio que careció, SIEMPRE, de tal valor. Si bien los tres años en que fue titular, no se tuvieron los logros espectaculares que habrían deseado los más optimistas, hay que conceder que la licenciada no fue, en ningún momento, comparsa de hechos deleznables como los de sus antecesores. Tampoco se ha atisbado complicidad y contubernio por parte del titular de la hoy fiscalía y, siendo justos, tenemos que decir que el cúmulo de delitos de digestión “común”, y los de alto impacto por los personajes involucrados, han sido tratados con el pulso de un relojero que no puede cometer un error para lograr los éxitos judiciales que México merece a tantos años de abusos sin nombre y por los que todos esperamos justicia.