En México a partir de la entrada del gobierno actual, los medios convencionales o medios de propaganda, no cambiaron su discurso en contra de la corriente progresista representada por el Presidente López Obrador, simplemente ampliaron su oferta para llenar los espacios y utilizar marionetas, que antes le rentaban a los funcionarios corruptos, a fin de difundir las mentiras que nos decían y de callar aquello de lo que no querían que son enteráramos.

Todos los espacios y merolicos que ocupaban para hacerle caravanas a las tropelías que hacían los gobiernos anteriores, ahora los destinan a denostar cualquier cosa que haga o diga el gobierno federal, muy probablemente cobrando cantidades parecidas a las que les pagábamos antes con nuestros impuestos para que nos engañaran y que les sirvió para convencer a muchos volviéndolos esclavos satisfechos corriendo dentro de una rueda de hámster, con la idea de que si corrían lo suficiente lograrían ser parte de la clase dorada.

Estos oligarcas traficantes de influencias se han caracterizado siempre por su desprecio hacia lo nacional y su profundo servilismo hacia lo extranjero, con énfasis en lo anglosajón, ante quienes se sienten pequeñitos, se ponen de rodillas colocándose como tapetes aterciopelados y desafortunadamente, han inculcado esa misma conducta sumisa en millones de clasemedieros aspiracionistas extranjerizados, que creen cualquier cosa publicada en los medios de propaganda gringos, ingleses y hasta españoles por absurda que resulte.

De tal suerte que su propaganda de mentiras se difunde profusamente a través de los medios mexicanos, para posicionar relatos convenientes a los intereses oligárquicos públicos o privados. Sin embargo, el adoctrinamiento extranjerizado de los simpatizantes de derecha, los hace asumir cualquier discurso pronunciado fuera de nuestro país como verdadero, sin siquiera ser cuestionado. Así esos relatos sobre realidades imaginarias publicados en México, son redirigidos hacia medios extranjeros.

Es un hecho que esa desinformación es una de las funciones primordiales de esos medios extranjeros, como ha ocurrido con su papel de justificadoras de las agresiones neocolonialistas contra Irak, Afganistán o Libia, con la desestabilización de gobiernos latinoamericanos democráticamente electos y la creación de ambientes propicios a los golpes de Estado dirigidos o apoyados por Washington, lo cual vemos hoy con la constante tergiversación de la cadena de acontecimientos que llevó a Rusia a invadir Ucrania.

En el caso mexicano, se presenta una suerte de constelación, donde tales medios convergen con intereses particulares que pueden ser gubernamentales, como la agenda de la ultraderecha cubano-estadunidense contra cualquier indicio de progresismo en el hemisferio, o corporativos, como las trasnacionales que buscan continuar perpetrando el saqueo de los recursos naturales y fiscales del país. El tercer elemento de esta asociación, lo conforma un conjunto de opositores mexicanos que se ha dedicado a envenenar la imagen del gobierno federal en el extranjero y a tratar de inducir conflictos en las relaciones de México con Occidente, agitando banderas que le son históricamente ajenas a la derecha, como el feminismo, el ambientalismo y los derechos humanos, pero a las cuales recurre con fines de golpeteo.

Se puede hablar de una operación circular: la comentocracia aprovecha los espacios que le abren los grandes medios, para incitar a que ellos mismos y figuras públicas interfieran en los asuntos internos de México, para después utilizar dicha interferencia como si fuera una validación “objetiva” de sus campañas sucias dentro del país, sin tener ninguna otra prueba que no sea una publicación extranjera sin fundamentos. Así con tal de promover el regreso del amasiato entre el poder político y el mediático, los opositores se ofrecen como instrumentos del injerencismo, lo que históricamente ha sido una constante de la derecha, caracterizada por tener neuronas metalizadas y entendimiento corto.

Como dijo el escritor ruso Fiodor Dostoievski: “Tu peor pecado es que te has destruido y te has traicionado por nada”.

Por Erika